El Correo Gallego

Tendencias » El Correo 2

espacio de ARTE

Xurxo Oro claro:El dolor del mundo

Por Fátima Otero

02.10.2016 
A- A+

La respuesta del mundo del arte a determinados problemas sociales y políticos ha sido la de implicarse y comprometerse a base de plantear trabajos artísticos que tocan en la llaga de la herida, intentando no sólo ser reflejo de la sociedad del momento sino de cuestionar con sentido crítico asuntos tan importantes como las políticas territoriales llevadas a cabo en Europa, e incidir, vía posible resolución, sobre la evolución de esos problemas que directa o indirectamente nos afectan a todos.

Al artista de Allariz Xurxo Oro Claro le duele el mundo, tanto que por ello aborda temas tan candentes como la inmigración, privación de derechos, injusticia social o el mal que hoy tanto nos atemoriza, el cáncer. Los traumas del tejido social oprimen su corazón, junto a sus propios fantasmas internos; por eso los esculpe, para exteriorizarlos a la iluminación de la razón. Demuestra así que uno de los grandes cometidos del arte consiste en recordar el mundo que nos rodea y proveer de estímulos para cambiar mentalidades.

Oro Claro mira alerta el mundo que le rodea y nos recuerda con sus obras qué es importante y qué no. Para ello idea escenografías con cajas, jaulas o vallas a las que encarama miembros corporales, fragmentos de cuerpos mutilados, vencidos y caídos. Piezas que a veces se muestran de cuerpo entero, vistiendo corazas de patchwork metálico para seguir exhibiendo cuerpos hirientes, convulsos, atados, sumisos o varados en la orilla.

Son cuerpos heridos que denuncian maltrato infantil, discriminación o violencia de género. Piezas duras, de potente carga emocional que nos recuerdan el trabajo de Robert Gober. Pero, a diferencia del norteamericano, el trabajo de Oro Claro es más esperanzador como se ve en la producción de estos últimos cuatros años plasmado en nuevas y grandes planchas de acero inoxidable sobre pared, retomando su inicial práctica pictórica.

En ellas atisbamos sucintos dibujos de huellas de transeúntes. Inevitablemente, a pesar de su levedad, vuelven a tratar el tema de la inmigración. Son pisadas reiteradas e insistentes que avanzan por territorio incierto y vacío. Huellas silenciosas pero firmes, fraguadas en un material resistente como el acero inoxidable, para fijar y activar varios interrogantes en la mente y el corazón del que ve la potente muestra que se exhibe a la entrada del claustro y sala de exposiciones temporales del Museo do Pobo Galego.

Esas planchas que tapizan las paredes de la sala están dispuestas a modo de ruta y camino vital, pero también adoptan forma horizontal a modo de lápidas que conmemoran el sacrificio heroico de toda vida: la de miles de inmigrantes obligados a abandonar su hogar en busca de un destino incierto y en la mayoría de los casos aciago.

Son muros alegóricos como puede sugerir el relieve de una mano tirando de un cordel que cierra una verja. Es decir, que apaga una vida. Son estructuras lapidarias sembrados de muerte pero también de vida. Altares que recuerdan a Boltanski, que funcionan como espejos alertadores para que los visitantes despierten de su letargia y reaccionen, pero sobre todo para que no miren a otro lado y dejen de preocuparse por la situación de esas personas que han tenido que abandonar sus casas y patrias, que sufren y se desesperan clamando ayuda, comprensión y cobijo.

Son piezas de madurez que denotan, además de habilidad, más calma y reposo a la hora de afrontar argumentos que antes le hubieran sacado de quicio.

A pesar del contenido triste y malestar que determinadas piezas generan, el vacío y el silencio que la comisaria (Monse Cea) deja con intención al fondo de la sala, las obras ponen su acento en la preservación de la vida. Por ello, como en las antiguas civilizaciones, se protege a la obra encintándola a modo de momificación. Por otro lado, las marcas de la pared sugieren huellas perdidas pero también las que se hacen al andar, como escribió Machado, evocando siempre movimiento continuo y vital por la repetición de los pasos, por la cadencia de unas marcas dinámicas.

La prensa y la televisión nos bombardean con imágenes de las durísimas condiciones anímicas de las personas, sobre todo en ese éxodo maldito de millones de refugiados. Xurxo Oro Claro saca a la luz las zonas oscuras de la vida y la mente y las traspasa a la tercera dimensión, exteriorizando cualquier problema difícil de resolver porque su conciencia activa busca denunciar cuestiones sociales en un intento claro de atajarlas desde su núcleo. Que lo consiga es más dificil, pero al menos, y eso es lo importante, lo intenta.

(*) La autora es

crítica de Arte