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"La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos" (Cicerón)

El canónigo de la Catedral, Jesús Precedo Lafuente, como cicerone del Papa Juan Pablo II durante la primera visita que el Pontífce realizó a Compostela en noviembre de 1982.  - FOTO: ECG
El canónigo de la Catedral, Jesús Precedo Lafuente, como cicerone del Papa Juan Pablo II durante la primera visita que el Pontífce realizó a Compostela en noviembre de 1982. - FOTO: ECG

RAFAEL SILVA COSTOYAS   | 18.02.2018 
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A Don Jesús Precedo Lafuente (n. Cambre-Sigrás, 1925) y al Padre José Isorna (n.Cordeiro-Valga, 1921).

Es cierto lo que dice el Sabio latino; y aún más, para los creyentes y sacerdotes, como en nuestro caso (Precedo e Isorna): viven en la "otra vida": una vida verdadera y no en "un valle de lágrimas", como esta. Ellos (como sacerdotes) han pronunciado muchas veces las palabras del ofertorio de la misa de Difuntos:... vita mutatur, non tollitur... no se les priva de la vida; se les cambia por otra mucho mejor. Pero resulta que en el mundo actual -en el que nos toca vivir- es un mundo tan desorbitado, deshonesto (Greif), indignado (Baltasar Garzón), que estos pensamientos tan bellos y estas frases tan hermosas, quedan diluidas, sin fuerza, apenas suenan.

En realidad suenan - igual que antes- pero ante tanta indignación, ante tanta deshonestidad, ante tanto ruido apenas se perciben. Por eso me parece oportuno, volver la mirada, recordar a estos hombres buenos, desinteresados, que lo dieron todo al pueblo santiagués. Ellos no tuvieron una empresa, ni un comercio al que dedicarse. Todo el tiempo, "su tiempo" (que es lo más preciado del hombre) lo pusieron al servicio del pueblo, nos lo dieron.

Uno de ellos, D. Jesús Precedo Lafuente, después de una buena preparación en Roma y en Jerusalén, etc. dio clases de Sagrada Escritura en el Inst. Teológico de Santiago; escribió artículos, libros. Merece la pena destacar un libro que forma parte de nuestra colección "El camino de Santiago". Follas Novas Edicións. El libro se titula "Santiago Apóstol: Vida, peregrinaciones y catedral". Es un resumen admirable de la vida del Apóstol, de las peregrinaciones y de la catedral. El valor de este libro estriba en que la vida del Apóstol (que está en los Evangelios y en las Cartas Apostólicas) lo escribe un especialista en Sagrada Escritura; las peregrinaciones lo mismo; Precedo fue un hombre que durante todo el ministerio del Cardenal Quiroga Palacios y aun después, estuvo dedicado al tema jacobeo. De ahí el gran valor del libro. De hecho es el que más se vende de toda la colección. Se vende más en las tiendas que están entorno a la catedral, pero también en las librerías.

Nosotros - los que nos movemos en estos tiempos convulsos- debemos mirar a estos personajes (D. Jesús Precedo y P. Isorna) como faros potentes que nos alumbran para poder caminar sin tropiezos, sin nostalgias, convencidos de que estamos en el buen camino.

A algún lector le puede extrañar, parecer raro que un hombre así (como Precedo) no le hayan hecho obispo o arzobispo. Esta pregunta ya se la hicieron a él y veamos lo que respondió: "en aquel tiempo en el que yo podía ser nombrado obispo: había un grupo grande de sacerdotes que escribían a Roma, (1975-1985). Había tensiones (normales) entre el clero joven y el que no era tan joven. El estado vaticano (tanto antes como ahora) es el mejor informado de todos los estados actuales. De ahí que una carta, un informe, que se recibía, se le prestaba mucha atención. Y en este sentido podía hacer cierto daño. Tanto don Jesús Precedo como el Padre Isorna, estaban por encima de los nombramientos. En su tiempo (como en mío) -tal vez a consecuencia del Vaticano II- se veía claro que los títulos (obispos, arzobispos, monseñores) había que ponerlos al servicio del pueblo. El Papa es "servus, servorum Dei", es el siervo por excelencia.

Pero no todo el clero tenía esta concepción de los títulos en la iglesia; no todo el clero tenía esa nobleza de corazón de (Precedo e Isorna) para poder prescindir de los títulos. Todos conocemos a algún sacerdote -incluso canónigo- que vivía casi amargado por no hacer "carrera eclesiástica". Don Antonio Rodríguez Villasante (puede verse en el libro Santiago a través de mis gafas de Santiago Nogueira págs. 117-118) que incluso habla del escándalo Villasante. Parece ser que durante la Republica, Villasante estuvo de asesor en la Embajada Española del Vaticano; y es posible que le hayan prometido que al volver a España lo harían obispo. Al no conseguirlo se indignó un poco. De hecho a un amigo mío y a mí nos dijo que el Concilio Vaticano II fue una "memez" de Juan XXIII. Pero esto fue un gran error de A. Villasante. Pues el gran historiador A. Elorza dice en el País del 3 de febrero de 2018, aludiendo a un libro de publicación inmediata, que el Vaticano II fue la mejor y más grande decisión de Juan XXIII, pues hizo que la Iglesia saliese de un estancamiento secular. El libro se va a titular Utopías del 68.

Por eso tanto D. Jesús Precedo como el P. Isorna estaban en la masa, en el corazón del pueblo de Santiago.

En los últimos años de D. Jesús (empezaron a llamarle cariñosamente) "Jesús el del gran Poder". Este título viene de otro Jesús que se apellidaba García Villar o Tiraboleiro (en la catedral era el jefe de los Tilaboleiros); también le llamaban Jesús o Carpinteiro (lo arreglaba todo: el taller estaba en los bajos de la catedral, plaza de las platerías). Este hombre era orgullo de los compostelanos y el asombro de los visitantes. Era espectacular como paraba el botafumeiro. Era un hombre alto, de complexión fuerte y creo que consciente de su prestancia y fuerza. Cuando aún el botafumeiro no había agotado, ni con mucho el movimiento pendular, D. Jesús o Tiraboleiro pasaba a la zona del presbiterio y lo detenía espectacularmente dando dos vueltas sobre sí mismo por la fuerza del sagrado aparato. (Cfr. Santiago Nogueira iam cit págs. 59-60).

Ahora bien, esta fuerza física de Jesús Villar, este poder artístico del Tiraboleiro maior, fue aplicado a D. Jesús Precedo, pero en sentido cariñoso; Precedo tenía poder porque se llevaba muy bien con todos los santiagueses. Era difícil que pidiera un favor (nunca para sí, sino para otros) y que no lo obtuviese. De una manera parecida pasaba con los empleados de la imprenta del seminario y con el cardenal Quiroga. Quiroga había construido el seminario menor de Belvís. Y antes de poner la primera piedra ya había hablado con un sacerdote, D. Arturo Longa de Muros. Este sacerdote en la reconstrucción de su casa parroquial había dado muestras de albañil, carpintero, cristalero etc. al ver el cardenal la gran obra que hizo en su casa, lo llevó como hombre de confianza a Belvís, durante la realización de las obras.

Al terminar la obra o un poco después el Cardenal lo hizo canónigo. Los trabajadores de la imprenta decían "¡que poder el de nuestro cardenal!, de un albañil hizo un canónigo.

Yo personalmente le debo a D. Jesús Precedo entre otras cosas el haberme invitado a dar una explicación científica y coherente del Pórtico de la Gloria a unos ilustres visitantes: el General de Gaulle y su señora. Recuerdo que era el mes de Junio del año 1970. Aquel día estaba pesado, gris, "calabobos" cuando llegaron los nobles visitantes. Antes me había llamado Precedo para indicarme la brevedad, "lo bueno, si breve dos veces bueno", Rafael. ¡Tienen prisa! Cuando le indique de hacerlo en francés respondió al instante: no, no, en español: ellos vienen de Francia de donde proviene la tradición de los pórticos. Una vez escuchada mi explicación se dirigieron al Altar Mayor.

Pasado algún tiempo supe que se impresionó con el gran Botafumeiro.

Este mismo año de la visita (1970) en el mes de "noviembre" murió el ilustre y notable General. Las crónicas decían: "Francia queda viuda". Mejor yo diría: Francia queda huérfana y desamparada. El General les sacó a los franceses -muchas veces- las castañas del fuego.

Respecto a D. Jesús Precedo, dijo D. Marcelino Couso que siguiera dando clase a un grupo reducido casi hasta el último día de su vida.

RAFAEL SiLVA COSTOYAS 
Fundador de la Libreria Follas Novas