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De Urturi: "Contando historias, nadie supera a un guionista"

La escritora vitoriana publica 'El Silencio de la Ciudad Blanca' (Planeta), un homenaje a su ciudad, con una trama negra en la mejor tradición norteña

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ   | 31.07.2016 
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No es nueva Eva García Sáinz de Urturi en esto del territorio de los éxitos. Pero con su última novela, una trama negra que discurre en la ciudad de su memoria, Vitoria, gran escenario de crímenes envueltos en el sudario el tiempo, Sáinz de Urturi se reivindica como gran creadora de suspense, de emociones vertiginosas, sin perder, eso sí, su afinidad por describir la historia de los lugares. "Es un homenaje a mi ciudad", me dice, sonriente, con sus gestos suaves y exactos, propios quizás de una optometrista, porque ella es optometrista. Así que ha llegado a la literatura por el lado de las pasiones, con muchas ganas de contar, tras desarrollar parte de su carrera profesional en la Universidad de Alicante. Ahora, como el éxito ya es notable, Sáez de Urturi cree que la literatura ha ganado la batalla dentro de su vida, y ella se siente feliz de esa victoria. La escuchas, en esta mañana aquí, en Compostela, y sabes que ha econtrado su lugar. Y que vendrán muchas historias más.

-La llegada a la novela negra, yo diría que negrísima, ha sido espectacular con este libro, El silencio de la ciudad blanca (Planeta). Pero venías de la novela histórica, fundamentalmente.

-Bueno, me ha pasado a la cuarta novela. Está claro que Pasaje a Tahiti, o La saga de los longevos, se inscriben en el género de la novela histórica. Pero yo ya llevaba tres años documentándome sobre la historia de Vitoria, sobre la historia alavesa, porque quería escribir una novela con mi ciudad como escenario. Lo cierto es que durante este tiempo yo no he dejado de leer novela negra por las noches... Así que decidí que era una novela negra lo que tenía que hacer ahora. Pero, como habrás visto, aunque esta es sin duda una novela negra, también es verdad que mantengo en ella mi pasión por la Historia, eso no lo puedo evitar. Y ahí está la muralla medieval, las salinas de Añana, que eran una explotación de la época de los romanos, el dólmen de la Chabola de la Hechicera, etc.

-Llevamos un año increíble de novela negra. Lo digo mucho, pero es que ya no se trata solamente de la influencia de los nórdicos...

-Hubo una eclosión con Stieg Larsson. Él sacó del nicho a la novela negra. Muchos nos volvimos a acercar a ella gracias a Larsson. Los nórdicos nos educaron el paladar de nuevo. Y después ha venido un ejército de franceses con novelas negras, también excelentes, como Pierre Lemaitre, que es uno de mis autores favoritos. Aquí está habiendo ahora una eclosión de novela negra muy interesante, claro está. Hay que hablar de Dolores Redondo y la Trilogía del Baztan, sin duda alguna, pero también de Víctor del Árbol, al que habrás tenido por aquí, o Domingo Villar, con La playa de los ahogados, o María Oruña.

-En el norte parece que funciona muy bien la novela negra.

-Bueno, es que el norte... ya sabes. Es un escenario ideal. La climatología parece que influye en sociedades cerradas que sirven muy bien para guardar secretos. Sociedades silenciosas y oscuras. Piensas en Suecia... en Göteborg..., la parquedad en las palabras, el orden perfecto, parece cosa de otro planeta...

-Vitoria a veces se dibuja como una ciudad silenciosa y quieta. Los que la conocemos, siquiera superficialmente, admiramos un lugar así. Y de hecho, fue elegida alguna vez como la ciudad perfecta para vivir. Pero tú, en El silencio de la ciudad blanca, has ido a bucear en todas esas capas de cebolla de la Historia, te has puesto a desenterrar todo lo que se acumula bajo los cimientos de la ciudad.

- El primer escenario de los crímenes de la novela, que es la catedral vieja, está encima de la ciudad primigenia, que era Gasteiz, que significa La ciudad de la torre. Hay un montón de estratos en cebolla, efectivamente, en este yacimiento. Y sabes que encima está un cementerio, luego una ermita, después la catedral vieja... toda la historia está acumulada en apenas unos pocos metros cuadrados.

-La trama negra de esta novela, poblada de crímenes, está magníficamente trenzada. A veces muestras tus reticencias, y dibujas una sociedad cerrada, opresiva, irrespirable.

-Sin duda. Es todo aquello del qué dirán. Aquello de que la mujer del césar no sólo debe ser honesta, sino parecerlo. Un fondo machista que sufrimos mujeres como yo, de mi generación, una sociedad en la que no importaba tanto lo hicieras con tu vida como que se supiera. Lo grave estaba en que los vecinos dijeran que habías hecho algo concreto. Algo asfixiante, que se notaba mucho en las fiestas, etc.

-También en esta novela sale el tema de los malos tratos.

-Bueno, es una forma de posicionarme. Me parece importante que el lector lo contemple, no en un anuncio en la televisión, sino en la literatura. Hay que concienciar como sea.

-Te ríes un poco de eso del rancio abolengo familiar.

-Claro. Me pasó hace poco con la burguesía catalana... La importancia del nombre, los favores que se pueden deber... En mi familia se decía aquello de Por la paz, un avemaría. Que es algo así como decir 'mira para otro lado'. Nunca he soportado esa forma de educarnos.

-Esta novela se basa en una técnica forense que se denomina perfilación. Los perfiles criminales. Y al frente está ese gran personaje que has creado, Unai López de Ayala (alias Kraken), que es un nombre perfecto, para mi gusto.

-Cuando estuve documentándome, me acerqué a una academia de policía en Madrid y les pedí que me dejaran hacer los cursos de perfilación e inspección técnica ocular. Creo que aprendí mucho, porque quería que Kraken resultara un personaje muy creíble. No podía ser de otra manera. Vi muchas imágenes que no hubiera deseado ver, y eso me sirvió para ponerme ciertas líneas rojas. No quería que mis lectores se horrorizasen. Yo no quería hacer algo gore, lleno de vísceras. No quería que al lector nocturno el edredón se le llenase de sangre. Yo pongo en el tapete unos sospechosos y tú tienes que ir con Kraken. Acompañarlo. Y que conste que Kraken ha venido para quedarse. De hecho, me han pedido una segunda parte...

-Tiene un cierto aire hitchcockiano. Hay en tu novela mucho peso de las historias clásicas de whodunnit o el cluedo. Y mucho asesinato ritual, que te emparenta con otros autores.

-La policía sabe que un psicópata en estos casos está plasmando una fantasía, y por eso ritualiza la muerte. Pero tienen que lograr entender qué es lo que intenta transmitir, qué intenta comunicar. Por qué hay en el lugar del crimen tres eguzkilores (flores del sol), o por qué hay veneno de tejo, o por qué hay muerte por picadura de abejas...

-Y la misión del buen escritor de novela negra es saber engañar al lector, por su bien...

-Es que al final lo importante no es tanto quién lo hizo sino por qué lo hizo. Qué le llevó a eso. De ahí la importancia que tienen mis flashbacks hacia la infancia, etc... Quiero explicar cómo los eventos de esa época van haciendo que la mente de esa persona se construya así. Y eso es lo que provocará que los crímenes sean de parejas que no se conocen, que tengan una mano en la mejilla, que estén desnudos, que sigan un patrón cronológico, que se desarrollen en emplazamientos históricos concretos de la zona... Y Kraken va corroborando: esto es por esto, y por esto....

-Tu personaje Tasio Ortiz de Zárate, condenado por asesinatos antiguos y a punto de salir de prisión, es ahora un guionista de una serie que se parece un poco a HBO. Todo un guiño. Que tiene que ver con tu pasión por esos guiones y esas series.

-Bueno, claro. Me inspiran. Hablamos de las que quieras... hasta de Juego de Tronos (ríe). Y sí, no te puedo decir mucho, pero ya está habiendo cierto movimiento para hacer una serie con todo esto. Me gustan cosas como The Killing, Fargo, y tambien series nórdicas menos conocidas. Yo consumo todos los días ficción. Me trago maratones de series. Para mí, los que mejor saben contar historias son los guionistas, sobre todo los guionistas americanos. Saben medirlo todo. Lo clavan. A mí me interesa mucho la estructura de la novela, el andamiaje. No tanto las metáforas. Yo creo la escaleta de escenas, pienso como un guionista de cine o televisión. Yo no quiero que la gente diga que escribo bien. Quiero que digan: qué bien me lo he pasado.