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Tres siglos de sensibilidad y renovación en agua y piedra

Los más de 21.000 visitantes del recinto en el pasado año pudieron atestiguar la riqueza de una vivienda y jardines que se sobreponen a las distintas épocas del año, en uno de los grandes tesoros patrimoniales de Galicia que aún echa en falta una mayor puesta en valor.

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F. FRANJO   | 17.07.2016 
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Dicen sobre el pazo de Oca que es un jardín de contradicciones en el que huerta y jardín se dan la mano a través del encanto y la simbología de la arquitectura y del agua. Una superficie que es preciso descubrir poco a poco, paso a paso. La explicación de todo este inmenso recinto es lo que le aporta vida a una visita que comienza con la perspectiva del patio, en una especie de ventana abierta hacia el horizonte: la vista del laberinto, las fuentes o los estanques con hortensias desmayándose sobre el agua son algunos de los principales atractivos con los que se encuentra el visitante a los pocos minutos de adentrarse en un recinto paciego de más de 80.000 metros cuadrados.

Siempre jalonado por la historia, es cierto que la trayectoria del Pazo de Oca remonta sus primeros vestigios a una fortaleza construida a finales de la Edad Media. Posteriormente, los primeros señores de Oca se sitúan cronológicamente a mediados del siglo XV. Tras pasar por las manos del arzobispo Alonso de Fonseca, el recinto le fue traspasado a Felipe II y más tarde a María Neira, hija de un regidor de Santiago, Juan de Otero y viuda de otros, Gonzalo de Luaces.

No obstante, será en el siglo XVIII y, sobre todo, en su primera mitad cuando se intensifica la remodelación y ampliación del conjunto. En 1866, el jardinero del Palacio Real de Madrid François Vie realizó una reforma de los jardines de corte paisajista en la que se sustituyó la geometría dieciochesca, unos cambios que el XVI Marqués de Camarasa corrigió parcialmente en 1920. Pero sin duda el cambio esencial en el desarrollo del entorno paciego de llegó medio siglo después, en 1978, con la incorporación de este patrimonio a la dotación del patrimonio de la Casa de Medinaceli y la creación de la fundación que lleva este nombre, presidida por el Duque de Segorbe, Ignacio de Medina, actual propietario del Pazo de Oca, gestor del vasto patrimonio del ducado andaluz y pieza clave en su desarrollo.

El espectro histórico es especialmente significativo a la hora de conocer el criterio y la sensibilidad que se mantiene en el día a día de este pazo gallego. El jardinero y encargado del recinto, Manuel Conde apunta en este sentido a la extrema sensibilidad mostrada desde el ducado para la conservación del entorno paisajístico y arquitectónico.

Extraordinario aficionado a la jardinería y al conservacionismo, el duque de Segorbe se hizo cargo en los años ochenta de un jardín decadente y descuidado y "él ha sido el que lo impulsó hasta darle vida propia", pero aquellos que lo conocen afirman que Oca sigue siendo como una obra inacabada, que cada persona descubre paso a paso, en cada visita y en las distintas épocas del año.

Considerado el Versalles gallego o también el Generalife del norte, las cifras marcan que algo más de 21.000 personas visitaron el pasado año el el recinto de Oca, una cifra que sabe a poco si se calibra en su justa medida este tesoro natural y arquitectónico situado en el Concello de A Estrada y a poco más de veinte kilómetros de la capital gallega, un patrimonio sobre el que sus cuidadores reclaman algo más de difusión. Manuel Conde, que en los últimos veintidós años ha sido una especie de llave para abrir las puertas de uno de los entornos jardinísticos más importantes de nuestra comunidad, afirma que se le conoce como Versalles gallego y le busca explicación a la comparativa ¿Por qué? "Habitualmente si llegamos a un sitio como este y nos sorprende lo comparamos con algo superior, algo idílico que ya conocemos", afirma.

A ritmo de conversación, la visita a todo el entorno exterior del pazo se prolonga durante casi dos horas ininterrumpidas de sensaciones. Rodeado por el río Boo, si una característica define a Oca es el extraordinario tratamiento de la conducción del agua. En su historia destacan sus fuentes, como la de la Trucha, que a finales del siglo XVIII delimitaba la superficie ajardinada hasta la ampliación posterior y, por supuesto los estanques, una de las claves que marcan y simbolizan la visita. Ambas superficies pueden definirse como una zona refinada, el agua simbolizaría el bien y el mal, rodeada de un espacio salvaje, sin cultivar, por cierto, ideal para una buena sesión fotográfica. Nos vemos en otoño. Las flores esperan.

ffranjo@elcorreogallego.es

Diez paseos esenciales

La visita al pazo comienza ya en exterior con la plaza para luego pasar al patio, la plaza y la era. Los estanques y la fuentes discurren paralelos a la avenida de los Tilos, la majestuosa huerta, el bosquecillo y los lavaderos.

Visitas del interior

Relativamente recientes, las visitas son bajo cita previa y en grupos reducidos. La vivienda puede verse tal y como es: desde los salones a la cocina o las habitaciones. Tiene una duración de 40 minutos.

Teatralización

Unas visitas ambientadas al interior del pazo recrean a los distintos personajes que protagonizaron la trayectoria del conjunto paciego. Bajo demanda, están integradas entre 20 y 25 personas.

Más de 50 especies arbóreas

El entorno, de 800 hectáreas, cuenta con más de 50 especies arbóreas, cuyo aspecto varía en las distintas épocas del año. Destacan, entre otras, las 450 subespecies de camelia y un gran sequoia, original de California, con 4,6 metros de perímetro y 1,5 de diámetro.

Emplazamiento y horarios

Situado en el municipio de A Estrada, el pazo se encuentra a 23 kilómetros de Compostela por la N-52. Sus horarios son de lunes a domingo, de 9:00 a 20:30 horas en verano y de 9:00 a 18:30 horas en invierno. Hay líneas diarias de autobús.

Las distintas tarifas

Los precios de las entradas varían. La visita al jardín cuesta 6 euros; para grupos de más de 15 personas: 4 euros. Grupos de 15 personas o más, la visita completa (casa y jardín), 13 euros. Visita completa, entrada individual, 15 euros.

"Este pazo, en sí, es un gran desconocido"

"Se trata de poner en conocimiento lo que tenemos. Creo que necesitamos una puesta en valor". Así habla Manuel Conde, un hombre que vive por y para el Pazo de Oca, en el que reside y trabaja desde hace veintidós años.

¿Cree que el pazo es lo suficientemente conocido?

No. Lo cierto es que es un gran desconocido y creo que por parte de la administración tampoco hay una difusión adecuada. En general, en Galicia se promociona el turismo de sol y playa, aunque tenemos zonas en el interior que no se dan a conocer y se potencian más otras, bien sea por sus comunicaciones o porque cuentan con más medios para atender al visitante.

¿Detecta el empuje adecuado, por ejemplo, desde Compostela?

Una vez que se ponga en marcha el área de Santiago, bajo mi punto de vista funcionaría magníficamente su Compostela es capaz de irradiar a todos esos visitantes sus alrededores. Estamos a 23 kilómetros. Es casi inconfesable que muchos turistas no saben ni que existimos. Creo que nunca hubo un gran interés en la difusión de la cultura paciega.

¿Cuáles son los principales atractivos que encuentra el visitante?

A mi me comentan muchos de ellos que la imagen que se ofrece por internet no es la correcta. La sensación de naturaleza y tranquilidad no se aprecia hasta que llegas. En Oca no hay una perspectiva general, hay que descubrirlo poco a poco.