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ARTE

Teresa Moro : la pervivencia del mobiliario a través del tiempo

FÁTIMA OTERO (*)   | 11.06.2017 
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Han sido muchos los artistas que se han servido de los objetos, que los han manipulado o que los han querido redefinir. Es una de tantas maneras de actuación que caracterizan al arte de nuestro siglo a partir muchas veces del ready-made de Duchamp por la propia descontextualización de un objeto. Precisamente de muebles descontextualizados y privados de sus funciones es en lo que se basa la propuesta de la madrileña Teresa Moro, para la sala inferior de la compostelana galería Trinta.

Teresa Moro convierte una silla, una mesa o un sofá en objeto artistificado. Al reproducirlo en una superficie pictórica, pasa a ser obra de arte porque lo desprovee de toda funcionalidad. Esta descontextualización lleva implícito el cambio de significado y contenido. En muchas ocasiones, esos muebles se dotan de cualidades antropomorfas descubiertas a través de la propia singularidad de la curvatura de una cama, la silueta de un sillón o los botones de una silla o sofá, detonantes de pasiones y fisonomía humanos.

Además de coleccionar muchos muebles vía fotográfica o descubrimiento casual como en su serie Homless, que alude a aquellos que tira la gente, a los abandonados a su suerte, esta pintora convierte en singulares por la magia de su arte. También surgen los hallados vía detectivesca, porque detrás de las series en las que Teresa Moro formaliza sus creaciones hay mucho de investigación histórica, rastreando los orígenes de una silla, desde los inicios de su creación hasta la actualidad.

Es una labor de historiadora que insiste en registrar y rastrear, vía instalación pictórica o vía obra exenta, el origen del mobiliario y su evolución a través del tiempo. Así lo delata su Línea italiana presentada como instalación en la que, a través de diagramas, traza un inventario de todos los vínculos que unen a la artista con piezas de diseño de reconocidas firmas italianas o Intento de apropiación de una silla de París, en esta ocasión relacionada con el autor francés Jean Prouvé cuyos diseños sencillos son preciadas piezas de colección.

El estilo de Teresa Moro recoge algo del espíritu de bodegón a lo Morandi, pero también se enriquece de las aportaciones dadaístas y no menos del arte conceptual y del minimalismo. La autora lo presenta en sus líneas esenciales, seriado y destacado en fondos siempre neutros para resaltar la magnificencia, singularidad e importancia de un mueble, ese objeto que, como señala el título de la muestra, El mueble permanece, se queda aquí en el mundo mientras los demás pasamos.

Todos tenemos amigos o compañeros de trabajo, Teresa Moro se implica tanto con el mobiliario que llama Compañeros a otra de su series que versa precisamente sobre las sillas. También se ha fijado en las cadenas de separación de los aeropuertos u otros lugares de tránsito en esa intención de dotarlas de dimensión artística.

Habitualmente, los espectadores de grandes ferias de arte nos centramos en las piezas expuestas, Teresa Moro repara en los diseños de mobiliario de los respectivos estands. Conviene no olvidar que uno de los grandes consumidores de diseño en este país son los espacios galerísticos. Pero, además, aborda alcobas, plasma las que pertenecen a su ámbito íntimo y las dedicadas a nombres míticos de la historia del arte y en ellas encuentra estilos tan marcados como la cama de dosel de Frida Kahlo o una de suelo, que identifica plenamente el estilo minimalista de Donald Judd. Todas equivalen a retratos de las personas a las que pertenecen.

Hace años, la galerista Asunta Rodríguez daba un giro a su espacio y lo dotaba de calor vistiéndolo con un cómodo sofá y sus respectivas mesitas. Semeja que, sin pretenderlo, Teresa Moro haya recogido aquel espíritu vistiendo las paredes con un mobiliario no para usar sino destinado a la vista para hacernos pensar en los muebles como detonantes de sensaciones, recuerdos, vivencias, y sobre todo, caracterizadores de la persona que los posee.

Los muebles, como el vestir, son como pieles que elegimos para reconocernos y ser reconocidos, son parte de nuestra identidad porque a través de ellos podemos hablar de la dimensión social de lo relacional al condensar relaciones sociales e históricas a través del tiempo.

Hacía más de veinte años que esta artista no exponía en la galería Trinta, hoy vuelve e insistir en el mueble pero dejando cualquier rasgo de desorden para centrarse en la línea pura, pulcra y madura de unos diseños que nos hacen valorar y respetar el gran legado del mobiliario del siglo XX.

(*) La autora es crítica de arte