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Tribuna libre

Teléfonos violados

BEGOÑA PEÑAMARÍA  | 15.01.2017 
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El Congo es uno de los países más ricos de la tierra en recursos naturales. Poseedor de la segunda selva más importante del planeta, este pedazo de África es también un lugar donde su población civil es diariamente exterminada sin piedad. Se trata de un genocidio en toda regla, que nada tiene que envidiar al tristemente protagonizado en su día por los judíos y por los nazis; cuando Europa en general miraba hacia otro lado porque aquello no le incumbía... Los que más hicieron y a toro pasado, fue rasgarse las vestiduras en general... Lamentablemente, auguro que con respecto a la masacre que nos atañe, acabará sucediendo lo mismo... No hemos aprendido nada y continuaremos sin aprender... Es más cómodo posicionarse en el pelotón de los mediocres, que trabajar para ser el más listo de la clase.

En esta sangrienta ocasión, la culpa del genocidio congoleño la tiene la ambición humana (aunque más bien parece animal), por controlar las minas de un preciado mineral muy cotizado en microelectrónica, llamado coltán (además de la sinrazón, la incultura y la barbarie, por supuesto...). Las luchas y revueltas para erigirse reyes de la selva y, por tanto, jefes de los yacimientos, han dado lugar a infinidad de muertes ante una comunidad internacional que procura mirar hacia otro lado con el fin de seguir recibiendo su parte del botín, aunque este esté manchado de sangre... Las bestias que, disfrazadas de militares, se han hecho los amos de las canteras, no tienen pudor a la hora de ejercer sobre sus convecinos una supremacía que ellos mismos se han otorgado..., mientras, los civiles se adentran en las entrañas de las selvas del país para tratar de salvar el pellejo, que es lo único que les queda... Los soldados continúan llevando a cabo y sin pudor la guerra que más víctimas ha dejado desde la segunda guerra mundial... La veda está abierta para torturadores, violadores, masoquistas y asesinos que, en muchos casos, son ayudados por mercenarios extranjeros que tienen a bien regalarles armas a cambio del mencionado metal del que todos llevamos una parte encima..., porque su uso final no es otro que el de crear baterías de larga duración en nuestros teléfonos, tabletas y ordenadores portátiles.

Las aberraciones son un entretenimiento para los controladores del coltán y sus secuaces, quienes se divierten practicando torturas como la de obligar a un padre a cometer canibalismo con su propio hijo, practicando violaciones masivas y sometiendo después a sus víctimas a penetraciones con toda índole de objetos y armas, para acabar destrozándoles sus genitales... Lo importante para ellos es asustar a sus débiles y trasquilados compatriotas para que abandonen las zonas de "riqueza" y les permitan campar a sus anchas por donde les venga en gana. Sin explicaciones ni contemplaciones..., que para eso son los amos...De si alguno, además, disfruta practicando esta clase de torturas, hablaremos otro día. Me avergüenza pensar en un grado de maldad tan elevado por parte de mis congéneres...

En la otra cara de la moneda, se encuentra el doctor Denis Mukwege, quien comenzó a descubrir los primeros actos de violencia sexual en 1999, durante la segunda guerra del Congo. Al año siguiente vio cómo el número de víctimas se multiplicaba hasta alcanzar la centena. Esta clase de aberraciones a las que unos seres humanos transformados en depredadores someten a las mujeres en general, ocurren muchas veces en presencia de sus maridos e hijos, a la luz del día y en plena aldea... El poder es lo que tiene: en el mundo civilizado, corrompe, y en el que no lo está tanto, mata o destroza a quien se interpone en el camino de los que mandan.

En el hospital Panzi, el anteriormente mencionado médico, luce bata blanca y mirada de profunda incomprensión ante tanta barbarie, mientras se dedica casi en exclusiva a tratar de reconstruir los cuerpos malheridos de las decenas de mujeres que cada día acuden en busca de su ayuda para tratar de sanar el dolor de sus cuerpos... Porque el que reside en sus memorias quedará allí para siempre grabado a fuego, al igual que lo hará en las de unos familiares cuya incultura les obligará a repudiarlas tras las violaciones...

El mundo condena la esclavitud o el nazismo, el machismo y la violencia de género..., sin embargo, casi nadie se escandaliza por este otro exterminio oculto que es igual de aterrador y espeluznante que los anteriormente mencionados... Las autoridades pertinentes deberían buscar alternativas al uso del coltán... Y nosotros, los ciudadanos de a pie, cuando tengamos en nuestras manos un teléfono móvil o un ordenador portátil, no deberíamos olvidar las matanzas y barbaries que han tenido que llevarse a cabo para que podamos disfrutar de esa tecnología ensangrentada; como tampoco deberían nuestros dirigentes dejar de otorgar al doctor Denis Mukwege el premio Nobel de la paz, por ayudar contra viento y marea a mujeres ultrajadas por unos "seres" de tercera, y por hacerlo, además, con unos medios de cuarta y un valor de primera... , pero sobre todo, por haberse convertido en el principal experto del mundo en la forma de reparar el daño físico interno causado por las violaciones en grupo.

(*) La autora es diseñadora