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La soledad era esto (y aquello)

El camino del perro, Sam Savage, Traducción del inglés por Ramón Buenaventura, Seix Barral, Biblioteca Furtiva, 150 páginas, 2016, 16,50 €
El camino del perro, Sam Savage, Traducción del inglés por Ramón Buenaventura, Seix Barral, Biblioteca Furtiva, 150 páginas, 2016, 16,50 €

J.M. GIRÁLDEZ   | 02.10.2016 
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A estas alturas, Sam Savage es un tipo más que conocido. Pero llegó de la nada, a través de pequeñas editoriales norteamericanas, con más de sesenta años. Fue profesor y acabó por dedicarse a la carpintería y a arreglar bicicletas. Nadie duda, después de Firmin o Cristal, que estamos ante un escritor peculiar, independiente, hondamente poético. El camino del perro es un peldaño más en su descripción de la derrota y la soledad, pero también en las posibilidades de la vejez. Este largo monólogo que Savage nos ofrece ahora nos acerca a sus grandes preocupaciones existenciales. El narrador, Nivenson, aparece ante nosotros como un pintor fracasado que reflexiona sobre el arte y sobre la utilidad o la inutilidad del éxito. Savage lanza todo tipo de sentencias, párrafos, mensajes, análisis, reflejo de sus miles de fichas sobre arte y estética. Se pregunta: “¿para qué sirve un artista menor? ¿Qué justificación, qué excusa tiene?” Habla sobre la locura y sobre los suicidios del artista, porque el suicidio aletea aquí y allá en el texto, pistola incluida. Para concluir: “nunca me acerco al arte verdadero”. Lo que le llevó a adoptar a pintores como Meininger, al que alojó durante años. Y añade: “no hay tiempo para hallar la suma de nuestra locura”. Pero en la ruina y la derrota, para salvarnos in extremis, puede brotar la palabra amor. / J.M. Giráldez