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Tribuna libre

Los símbolos y lo humano

LUIS MIGUEL BUGALLO PAZ   | 09.10.2016 
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En mi ensayo "De los dioses al hombre" que publiqué en edición sumamente limitada, y de escaso éxito, señalo la importancia de los símbolos. Afirmo que el hombre es el significado de sus símbolos y el símbolo de sus significados. Veamos algo de lo que se quiso decir.

Muchas personas acaso piensan que el hombre está hecho "de una sola pieza", y que por ello es un ser coherente, dotado de precisa personalidad y muy exacta, cuando dice, por ejemplo, "soy yo: Así soy yo". Pero eso no es cierto totalmente. O puede no ser cierto totalmente. El hombre, y me refiero concretamente a su cerebro, está hecho, o roto, al menos en tres pedazos. Sin hablar de zonas remotas no accesibles a la ciencia actual. De ahí que los millones de seres humanos que pueblan este desdichado planeta no se entiendan todavía, pese a llevar siglos y siglos conviviendo. Y diremos más, la mayoría de las criaturas humanas no se entienden ni a sí mismas. Hablan sin saber en qué plano de su propio ser están instaladas. Habla una parte de ellas, mientras que otra parte, la mayor parte tal vez, puede permanecer perfectamente oculta. Y ese ocultamiento es grave o muy grave.

Pues ocurre que no tenemos, no uno, sino tres cerebros distintos, consecuencia de nuestro largo proceso evolutivo, y estos tres cerebros no se han todavía acoplado, o no suficientemente, y de ahí la conflictividad inherente a la condición humana. En cierta manera, somos un ser absurdo. Y hay que poner remedio.

Al primer cerebro lo vamos a llamar arcaico. El hombre primitivo (Paleolítico) vivía errante, bajo el imperio sin fisuras del "Padre de la Horda Primitiva", en feliz expresión de Sigmund Freud, el famoso psiquiatra de Viena. El inolvidable Félix Rodríguez de la Fuente comentó en su día que esa figura podía adoptar la tiranía de un único macho dominante, como entre los gorilas, o de una oligarquía de machos dominantes, como ocurre entre los papiones. Lo importante es considerar que, a cambio de la protección que otorgan en un ecosistema adverso, que custodian y protegen, se cobran un dominio casi absoluto sobre el grupo, devastador: Sólo se acepta la sumisión. Este poder de dominio es propio del cerebro arcaico y fue transferido míticamente, o usurpado también míticamente, por los dioses, por los emperadores, por los antiguos reyes y, aún recientemente, por dictadores bien conocidos. Esta forma de pensar y de ejercer el poder, poder totalitario, es contrario, y lo es totalmente, al Pensamiento Ilustrado europeo.

Después de los siglos que duró el nomadismo, las mujeres, (como ocurrió también con las hembras entre los animales) decidieron no emigrar más, y mantenerse con los hijos, y con otras mujeres, en una cueva o en una choza o cabaña. Es la época que llamamos Neolítico. Los machos siguieron, más o menos tiempo con las tareas de la caza y la recolección, pero las mujeres, cuando los hombres por ejemplo pulían las piedras, observaban las semillas y a los animales de condición más apacible, y de ahí surgió la revolución agraria y la domesticación. El trigo y la leche, (el dios Osiris y la diosa Isis en el antiguo Egipto), dan testimonio de la riqueza evolutiva que se había logrado. Con las madres y Diosas-Madre (que hubo en todas las culturas) cambia la estructura del poder, que ya no es de dominio sino de amparo o acogimiento.

Después, muy recientemente, nació, o está a punto de nacer todavía, el cerebro racional. Es algo así como si en la fotografía se pasase de las vistas panorámicas (ver todo) a ver fragmentos cada vez más pequeños de la realidad. Análisis es cortar repetidamente. Esto fue la evolución: Pasar de la visión panorámica (siempre más o menos poética) a otra visión, a otra forma de mirar, la visión analítica, que daba la exactitud de lo que es cada cosa, incluso las más pequeñas. El objeto de la Razón humana es, justo, el concepto, lo que cada cosa es. Sin añadir fantasías, poesías, irrealidades.

Pero el hombre racional conserva la estructura arcaica que le permite atender totalidades como en la función poética abarcadora de todo lo real, y conserva también, afortunadamente, el cerebro antiguo emocional que le confiere temor y temblor, pasión (pathos, patología). La pasión que se introduce en el pensar, el temblor del amor por ejemplo, puede ahora ser motivo de graves errores. Lo es todavía, incluso devastador.

Por eso cuando se habla tenemos que tomar clara conciencia desde qué cerebro hablamos. Si estamos aposentados en el dominio, si en el amparo, o si en lo ya estrictamente racional. Veamos un sencillo ejemplo: Una mujer puede adornar su cuerpo para verse hermosa, porque (Nietzshe dixit), "si quieres salvar a una mujer, hazla madre". Pero no puede aceptarse un adorno en la mujer cuando nazca de un mandato, de un dominio sobre ella, de un imperativo total, porque ese mandato dejó de existir con el amparo que nació con las madres y Diosas-Madre, hace ya muchos siglos. Desde entonces todo debe ser acogimiento. Entonces sí es posible gozar de una auténtica libertad, no imposición, no credos ni plegarias. Libertad para que la mujer sea mujer, sea ella misma, tal como quiere ser, sin violencia de género, cuidando de su cuerpo cuanto desee, porque es suyo, y de sus hijos, también suyos, gracias Dios. Otra cosa no tiene cabida en Europa. Porque esa mujer sería una muñeca, nada más que una muñeca de trapo, no una auténtica mujer: Mujer preparada para el futuro. Y tampoco es hombre quien no le ayude en su tarea.

El objeto de la Razón es el concepto, repitamos, pero su esencia es la libertad