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La segunda transición Española pendiente

MARÍA OFIR ABOY GARCÍA  | 25.06.2017 
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El pasado 15 de junio se han cumplido 40 años de las primeras elecciones democráticas que tuvieron lugar en España desde el estallido de la Guerra Civil española, en 1936. Este acontecimiento, de extraordinaria importancia, fue el resultado de un arduo trabajo realizado por personas concienciadas, que tenían como único horizonte conseguir la instauración de un Estado Social y Democrático de Derecho en un país que había vivido durante "unha longa noite de pedra" en la oscuridad de un régimen dictatorial.

La historia llamó Transición Española al proceso que culminó con la voz del pueblo en las urnas y con la posterior promulgación de una ley fundamental que garantizó derechos y libertades y reguló los poderes de ese nuevo Estado: la constitución de 1978.

Entre los llamados, por muchos, héroes de la transición, que consiguieron desde el consenso, milagrosamente, sin rupturas, engendrar lo que hoy conocemos como estado de las autonomías, se encontraban hombres y mujeres justos. A pesar de divergencias ideológicas muy distantes, entendieron que para hacer de España un lugar democrático, igualitario, pacífico y libre tenían que caminar juntos para conseguirlo. Entre ellos se encontraba Torcuato Fernández Miranda, jurista ejemplar, que desde el primer momento supo conducir el proceso, De la ley a la ley a través de la ley, para conseguirlo.

40 años después nos encontramos con una España de nuevo fragmentada, alejada de los ciudadanos, con instituciones poco transparentes, partidos políticos enfrascados en guerras internas de poder y con una sociedad decidida y hecha para sobrevivir a frágiles desmanes, sumida ya no en una crisis de identidad, sino de valores.

Esta situación se ha visto incrementada por la mayoría silente, aquellos que contemplan, con su capacidad de asombro superada, como en el fragor de la reciente moción de censura al gobierno de Rajoy, la inmensa mayoría de los congresistas empleaban su atención en leer un libro, enviar mensajes de móvil, chatear en las redes sociales, visionar jueguecitos o, incluso, responder con un "sí" cuando lo que se quiere decir es "no". ¿Es esto lo que los ciudadanos quieren que ocurra en el hemiciclo? ¿Es esta la conciencia moral y crítica que impera en nuestro país?

Demasiados políticos se burlan de la democracia, y las consecuencias no tardan en llegar. Los que estamos al otro lado hemos dejado de creer en pantomimas. Todos nosotros, ciudadanos del siglo XXI, asistimos, es cierto, a una parodia sin protestar, pero somos, por fin, conocedores de la necesidad imperiosa de un cambio en la esfera pública, social y política.

Estamos al comienzo de una segunda transición. Estoy convencida que nos espera un nuevo horizonte en donde los partidos políticos tradicionales perecerán por su ineptitud y darán paso a nuevos actores de lo público. Ese momento llegará cuando, por fin, volvamos a tener en la cúspide de la toma de decisiones importantes a hombres y mujeres como Torcuato Fernández Miranda. Personas con sentido Estado y altura de miras, que cambien la sociedad individualista que nos rodea por otra más justa, que aglutine y no separe, en la que quepamos todos. En la que no temamos cambiar De la ley a la ley a través de la ley para mejorar.

Acabemos con el odio, con el sectarismo, con el "y tú más". Hagamos historia con mayúsculas. Ojalá encontremos la fórmula que nos permita el cambio; ojalá seamos testigos de una nueva transición; ojalá se produzca una regeneración democrática firme y sin fisuras. Ojalá.

(*) La autora es licenciada en Derecho