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TRIBUNA LIBRE

El romanticismo como vivencia

ÁNGEL NÚÑEZ SOBRINO   | 26.02.2017 
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En estos tiempos es cada vez más necesario practicar o vivir el Romanticismo a causa de un excesivo pragmatismo, materialismo y egoísmo. ¿Cómo se vive el Romanticismo en estos tiempos? Practicando la osadía creadora o la fértil heterodoxia. O lo que es lo mismo: el coraje de vivir y del sentir, la audacia del sentimiento en todos los aspectos. También ejerciendo toda desviación fecunda, espléndida, original, no ocurrida antes en ningún otro ser, y que aporta novedad valiosa. La valentía también ingresa, magnífica, en este arrojado modo de vivir con conductas que añaden siempre "sabor" auténtico y decisivo a la vida. El desvío de normas mediocres y disecadas arroja vivencias nuevas desde la lucidez, el ímpetu del tiempo luminoso, el acierto fértil que trae consecuencias afortunadas. Por encima de las desnortaciones propias de nuestra época, de la caída de valores éticos, del manierismo esencial que padecemos, es cada vez más necesario "atreverse a vivir" y construir así una orientación objetiva y adecuada.

En ello cobra importancia suprema el descubrimiento y práctica de lo particular, de lo peculiar, exacto, y que los demás ignoran o no valoran, y que consiste en la caída hacia un modo de creatividad afortunada. Privilegio de pocos que otean, descubren, se atreven y practican esa inclinación interior y especial que les late dentro, y que pide resultado inmediato y pleno. Sucede así la incesante ocurrencia, la impagable idea nueva, la incansable actividad, las inagotables conexiones y relaciones humanas en intercambio recíproco. O, simplemente, la obra de arte o la obra filosófica creada y mostrada.

LA PRECIOSIDAD ÍNTIMA. He aquí el sentimiento como algo guardado -recatado- en la intimidad de una cómoda de época; y me refiero a un `Álbum´ de dibujo o un diario o cuaderno de poesías. En una hoja de uno que estudio aparece la melancolía como reflexión en la figura de una dama que, apoyada en la esquina de un mueble, medita con los ojos cerrados y la mano en la mejilla. Es un pleno y silencioso apartamiento frente a un mundo banal de agitaciones y de ruidos. Y el Diario: "que nadie me lo vea", pero queda escrito; la intimidad guardada, reservada. Todo Diario es un documento para el futuro, y le asiste una correcta interpretación de quien lo escribe. Por eso es valioso, y lo anhela leer tanto la curiosidad simple y directa, como el antropólogo, que indaga acerca de la génesis de una creación, y lo sabe expresar. El dibujo como expresión de una intimidad gana rápido el terreno del asombro y da brillo de veracidad ante lo plasmado con el grafito, y guardado en un baúl era elevado a la diligencia -la "Ferrocarrilana"- hacia Madrid. Todos estos cuadernos de una intimidad constituyen un registro y un retrato impregnado de "atmósfera" sociológica/antropológica acerca de una época, y aquí, naturalmente, también va metido el Romanticismo.

Y anotemos la importancia del paisaje: la anotación directa de la Naturaleza. El maravilloso estar existente junto a ella. Es desde el campo del sentir y de la sensibilidad como se describe la "tónica" de la realidad, y su dirección concreta hacia el acierto ante el elegido paisaje, o paraje con un especial encanto, lo que provoca la experiencia honda de una ilusión, la excepcionalidad de una visión y una revelación desde el silencio, acaso interrumpido sólo por el viento. Todo ello conlleva a una evasión de lo vulgar, el olvido de lo mezquino, y la elevación espiritual del paisaje, como en las obras de Caspar Friedrich.

LA AVENTURA DE LA PERCEPCIÓN. ¿Cuándo viene el Romanticismo como vivencia? Cuando sabemos inyectar emotividad a un lugar. De neutro, tranquilo y normal, ese lugar pasa a ser significativo, inquieto y pleno; y ello gracias al yo del sujeto que, poderoso, así lo logra y lo vive. Sucede así la vivencia creada, producida. Sobreviene una inquietud que registra vibraciones y entonces sucede una invasión psíquica particular ante la experiencia perceptiva de ese lugar concreto.

Nos ha ocurrido a todos. Son los lugares de la preferencia, de la referencia y de la querencia privada o comunicada. Ejercemos por ello un comportamiento y una acción. El yo como actividad propia se desenvuelve en realización particular. Como bien afirma J.G. Fichte (1762-1814) acción y hecho son una misma cosa. La primera afirmación es la de la acción, la actividad creadora del yo. He aquí la raíz de toda biografía como inicio y como actividad de hechos y cuyo instrumento es la percepción. Y con ello, el alimento óptimo: mirar alrededor con atención, descubrir y distinguir sin cesar, con plena acción del yo, en avance claro y con conocimientos nuevos.

Los románticos se fijaban en el paisaje natural y extenso, pero también cuidaban el paisaje como rincón íntimo. Nos referimos a los jardines urbanos. Todo jardín es la expresión de un cuidado. El jardín constituye una frecuencia en la literatura y en el arte del Romanticismo. En feliz expresión de Hugh Honour "estas parcelitas de naturaleza reservada para la contemplación sosegada, guardadas casi como reliquias". En Pontevedra existió este modelo de jardín entre la calle Don Gonzalo y la Plaza de la Verdura, con sus camelias y rododendros, y mesas y sillas de hierro fundido, de la familia Campo Sobrino. Una frondosa y verde parcela de intimidad y retiro.

ALIVIO A UNA CRISIS. Todos sufrimos sacudidas psíquicas, sísmicas y bélicas, así como económicas y políticas y cambios climáticos radicales, lo que nos eleva a una especie de preocupación cósmica. Flota en la sociedad una preocupación que busca refugio. El consumismo sensualote y el hedonismo vulgar queda disminuido por el ansia colectiva de conocer, de experimentar momentos únicos y mágicos, tanto desde lo individual o solitario como desde la compañía.

Se aprehende una insatisfacción colectiva. En Galicia abundan las visitas a los monasterios perdidos y los castillos abandonados o reconstruídos, viviendo así un legado de la Edad Media.

El turismo rural, esparcido y variado, es una acertada manera de refugio. La gente está harta del convencional y astuto discurso de los políticos. Quiere amplitudes, anhela amplitudes. El arte sigue siendo una solución al dolor de vivir (aquí A. Schopenhauer es por completo actual). El camino de Santiago, patrimonial y prestigioso, es en realidad camino de perfección: produce un cambio a más y a mejor en el latido de las venas, proporciona una óptima fisiología. La gente va tras experiencias absolutas, nada místicas, sino que conectan en directo con la vida terrena, y a la felicidad, en términos de Spinoza. La sociedad, en general, va tras plenitudes. ¿No es esto modo, muy siglo XXI, de Romanticismo? Si, que lo es.