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Resurrection fest: La corte carmesí de los dioses oscuros

El asombroso milagro de que un macroconcierto hecho en un pueblo del norte de Galicia como lo es Viveiro, se haya puesto al mismo nivel de Glastonbury, de Leeds, de Wight, y desde luego, del Azkena o del BBK...

Los amos de la fiesta son los eternos, clásicos e incombustibles Iron Maiden (sobre estas líneas). La forma física y musical de todos ellos, especialmente de Bruce Dickinson, es increíble
Los amos de la fiesta son los eternos, clásicos e incombustibles Iron Maiden (sobre estas líneas). La forma física y musical de todos ellos, especialmente de Bruce Dickinson, es increíble

XURXO FERNÁNDEZ   | 19.06.2016 
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el Hard ha hecho historia ya, y de múltiples maneras. Uno diría que todo comenzó como un endurecimiento del rock&roll más clásico. Guitarras potentes, baterías complejas que en algún caso añadían un nuevo bombo y donde se trucaban los chastons. Y, como no podía ser menos, se cuidaban mucho las guitarras, haciéndolas profunda y singularmente virtuosas. El bajo, al menos en principio, iba provisto de fuzz, y eso creaba un sonido envolvente, pesado y, ciertamente, hipnótico. Hoy podríamos analizar este efecto en el poderoso instrumento del desaparecido Lemmy (que casi se despedía de sus fans precisamente en la edición del Resurrection Fest del año pasado). Ahí, en esos discos de Motörhead, o en las ilustres colaboraciones con otros grupos (como en el caso de la canción Substitute, con los Ramones), parecía haber como una guitarra fantasma afinada muy bajo, que ofrecía como una suerte de orquestación electrónica harto curiosa. Ese, en esencia, fue el esquema instrumental de lo que luego derivaría hacia otros derroteros que se fueron diversificando en decenas de subestilos.

En todo caso, apenas hay duda, a estas alturas, de cuál fue el punto exacto de donde partió el invento. Unos dirán, siguiendo un viejo protocolo histórico, que fueron los chicos de Ozzy Osbourne, Black Sabbath, quienes bautizaron el Hard Rock con la canción Paranoid, contenida en su segundo álbum, editado el 18 de septiembre de 1970. Sin embargo, uno apostaría por la otra solución al problema: la de Cactus (1970). Los de Tim Bogert y Carmine Appice como ideólogos (antes habían formado Vanilla Fudge y, posteriormente, acompañaron a Jeff Beck en un trío glorioso que llegó a girar por Japón), secundados por Jim McCarty y Rusty Day (el primer cantante que se le ocurrió a Angus Young para sustituír a Bon Scott; lástima que, mientras se lo pensaba, al bueno de Rusty lo mató un dealer al que le debía pasta).


PARA TODOS LOS GUSTOS

A día de hoy, el mejor exponente europeo que abarque todas las manifestaciones posibles, o familias, del Hard, es, sin lugar a dudas, el Resurrection Fest de Viveiro. Del 7 al 9 de julio (de jueves a sábado), este festival celebrará su onceava edición con un cartel que quita el hipo.Y hay, como decimos, absolutamente de todo. Clásicos imprescindibles, como Iron Maiden, y grupos que fueron encabezando listas de éxitos y carteles de otrs festivales multitudinarios. Es el caso de los grandísimos Bad Religion, o el de esa bomba de relojería llamada Offspring, a quienes, por cierto, pudimos ver a gusto aquí mismo, en el Monte do Gozo, hace un tiempo. Y luego, uno tras otro, una colección de excelentes conjuntos que siempre han dado lo mejor que existe. Son todos buenísimos, pero habría que resaltar a unos cuantos por su especial relevancia. Estarán Dark Tranquility, por ejemplo, el grupo sueco que siempre consigue dejarnos sin respiración. Y Bullet For My Valentine, siempre arriesgados y potentes, siempre estimulantes. Y Gojira, por supuesto. Y Volbeat, los daneses que firmaron una de las obras maestras de estos últimos tiempos, Outlaw Gentlemen & Shady Ladies (2013). En fín: la lista es interminable. Aunque uno le tiene especial cariño a dos bandas patrias que resaltan por encima de todos: los veteranos Hamlet, los de Molly, Tárrega y demás, y los espectaculares Angelus Apatrida, el combo de los Izquierdo.

Un cartel, pues, digno del mejor festival de Europa...