El Correo Gallego

Tendencias » El Correo 2

PSICÓLOGO Y ESCRITOR

Rafael Santadreu: “hay que vivir como indios del amazonas”

Santandreu, esta semana en Compostela - FOTO: ecg
Santandreu, esta semana en Compostela - FOTO: ecg

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ  | 09.04.2017 
A- A+

La primera impresión que transmite Rafael Santandreu no es la del éxito, a pesar de que lo tiene, y mucho, sino la de la felicidad. En el hall del Hotel NH, en Compostela, Santandreu, bajo esta luz filtrada y harinosa, habla torrencialmente. Con entusiasmo. Se interesa por ti. Por tu vida. Como si fueras su paciente. A los cinco minutos descubres que has hablado más de ti que de él, y más de tus cosas que de las suyas. Estás en el territorio de la calma, de la relajación. Todo transcurre con naturalidad y cierto desparpajo.

Es un limpiador de neuras, como él dice. Está convencido de que con apenas tres reglas se puede revertir una incorrecta programación mental: orientarse hacia el interior, aprender a andar ligeros por la vida y apreciar lo que nos rodea. Se diría que la técnica fundamental para ser feliz consiste en conformarse. En aprender a renunciar. Pero más bien, consiste en hacer una aventura de cada día. Una aventura que no tiene por qué basarse en cosas extraordinarias. Santandreu reivindica el placer de no hacer nada, como describe en ese curioso episodio de la ‘no-conferencia’: cuando no tienes nada que decir ni juzgas que sea necesario. Y, sobre todo, explica, “hay que saber que nada es importante. Tampoco la muerte. Vivir consiste en dejarse ir con la naturaleza, sin más”. Y subraya. “Yo hago lo que considero que está bien, y si a los demás les gusta, perfecto, y, si no les gusta, pues también”. Esta es la actitud.

Santandreu dice que no hace libros de autoayuda, que esa etiqueta le sienta muy mal a los libros. “Bueno, a veces con razón”, bromea. Lo suyo es psicología explicada desde su propia vida, desde sus propios pacientes. Reconoce, eso sí, que hay en España buenos libros sobre cómo adquirir fortaleza emocional, sobre cómo negociar las emociones. Es lo suyo. Le digo que Ser feliz en Alaska (Grijalbo) me ha servido de verdad. Que es un libro sencillo, que va a aspectos concretos, que induce a la relajación, a la renuncia, a dejar de tomarnos las cosas a la tremenda. Lo hacemos cada día y es completamente absurdo. “La abundancia es un bien, pero sobre todo es una maldición”, dice. “Hay que desprenderse de cosas. La psicología cognitiva no te pide que la renuncia sea total, es suficiente con que sea mental. Hay que vivir como los indios del Amazonas, aunque vestidos de gente del siglo XXI’.

“Todas las corrientes de pensamiento que se han puesto a pensar con seriedad en el tema de la felicidad han llegado a conclusiones parecidas”, explica Santandreu. “Coincidimos mucho con el cristianismo, claro, con el budismo, con el zen. También con el islamismo, con la kábala del judaísmo, con la no violencia de Gandhi, con epicúreos y estoicos... y seguro que hay más, y algunas que yo no conoceré. Hay ahora un cierto desprecio por la herencia cultural de filosofías o religiones que tenemos a nuestro alcance. Yo no soy católico, lo digo en el libro, pero creo que a veces miramos demasiado a las experiencias espirituales de oriente, y las nuestras son quizás mucho más ricas. Ahora, personalmente creo que se llega mucho más lejos cuando se abandona el lado mágico o irracional. Y no por eso dejaremos de ser más espirituales”.

Para Santandreu todo está en la mente, y lo peor que podemos hacer es comparar. “Valoramos siempre las cosas en relación con otras... Todo es relativo, está claro. Pero si salimos perdiendo en las comparaciones, sufrimos. El Tao te enseña que lo vacío acaba siendo lo lleno, y lo lleno, lo vacío. Hay que tener una mirada existencialista, pero positiva. La vida dura muy poco, no da tiempo a hacer grandes planes. Pero el hecho de no saber por qué estamos aquí, el hecho de no comprender la existencia del universo, ni siquiera la nuestra, es algo muy bueno. Es mejor pertenecer a algo que no puedes comprender. Si yo perteneciese a algo que puedo comprender fácilmente, me decepcionaría un poco. Eso sí, tenemos algo que nos guía: lo natural. La mirada ecológica. Todos los seres sintonizamos con lo natural. Esto es lo que nunca hay que cambiar. Es la verdadera guía: si negamos la naturaleza, todo se desencaja. Estoy seguro de que acabaremos con el planeta: como colectivo no podemos salvarnos, pero individualmente creo que sí”.