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Al Pueblo lLano (y Abrupto)(I)

RAMÓN CACABELOS  | 11.12.2016 
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En tu nombre y en el de Dios se han cometido todo tipo de tropelías. Algunos dicen quererte tanto que por amor a sí mismos te matan; y, a pesar de todo, sobrevives; sigues siendo fuente de inspiración para poetas, moneda de cambio para políticos ruines y objetivo de podrida salvación para dictadores.

"El Pueblo", "mi pueblo"...¡qué bonita es la física de la palabra y qué compleja es la semántica! Eres tan viejo como la especie y nunca envejeces del todo. Eres tan parte de todo que nada ni nadie puede obviarte. Quizá la familia y tú seáis las dos cosas más importantes por las que casi todos vamos dando un poco de vida. Pero sufres vaivenes; pasas por épocas de abandono y decadencia. No te cuidas demasiado. En el fondo, eres tan humilde, tan común, que sólo te prestan atención en periodos electorales. Y tú, confiado unas veces, desinformado otras, otorgas poder, y la rueda del olvido sigue dando vueltas hasta el próximo plebiscito. Pero hay cosas que te afean; cuando te deslizas desde la moral a la ruindad, cuando sustituyes la razón por la fuerza, cuando te tiembla la balanza de la justicia...

Este es un siglo interesante en el que van cayendo muchos muros, en el que se desentierran reliquias fetichistas, en el que se viaja a cualquier parte sin moverte del sitio, en el que la gran aldea sufre crisis de gastroenteritis económica tóxica, en el que los grandes líderes escasean (porque casi todos están vendidos a algún interés), en el que el cibercrimen se pone de moda, en el que emergen los populismos descerebrados y caprichosos, en el que parece que nada es perenne...y merece la pena que te detengas a reflexionar sobre ti mismo. Un poco de introspección nunca viene mal. Cambiar de ropa es higiénico. Afeitarse (o depilarse) de vez en cuando oxigena la piel y te pone más suave al roce. Lavar los cacharros ayuda a que los bichos no invadan tu cocina. Un poco de lejía desinfecta y aromatiza el ambiente, aunque te provoque estornudos. Hay que quitar los viejos trastos de en medio para hacer espacio. Necesitamos espacio para un nuevo tiempo.

¿Por qué no empiezas a preguntarte por tu identidad? Las tres cosas que nunca puede descuidar un pueblo son su educación, el trabajo y la correcta elección de quien le debe servir desde el gobierno. Cualquier error en estos tres pilares conduce al desastre, a la degradación, a la miseria, a la corrupción y a la autodestrucción.

De ti se han dicho muchas cosas, buenas y malas (como ocurre con todo lo importante). Tienes cierta fama de indomable. Ya Focílides (IV a.C.) decía que "el pueblo es siempre inconstante; no te fíes de él. El pueblo, el fuego y el agua no pueden ser domados nunca". Puede que sea verdad; pero tampoco puedes comportarte como una cabra loca. Para Alphonse de Lamartine (1790-1869) un pueblo sin alma era solamente una multitud. Lo cierto es que cuando formas manada pierdes la cabeza y eres un poco peligroso. Por eso Francesco Petrarca (1304-1373) decía "seguid a los menos, y no al vulgo". Tienes que admitir que una multitud sin cabeza es como una estampida de búfalos en el cañón del Colorado; y que necesitas cierta orientación para conducirte con mesura en la dirección que más te conviene. Tu gran ventaja es que eres tan rico que, ocultos en tu grandeza, hay unos pocos que realmente se preocupan por ti. Ya lo decía Joseph E. Renan (1823-1892): "Las grandes cosas de un pueblo las realizan ordinariamente las minorías". Alexis Carrel (1873-1944) sostenía que "la minoría selecta es la única que hace progresar a la masa". También ocultas a gilipollas de todos los colores. Si quieres recordar a uno que iba de redentor, te invito a que parafrasees al bestia de Robespierre (1758-1794): "Hay algunos hombres útiles, pero ninguno es imprescindible. Solo el pueblo es inmortal". Pero él iba cortando las cabezas del pueblo que no comulgaban con su credo. Otros, como Simón Bolívar (1783-1830), en sus días de gloria populista, decía que "el pueblo debe ser obedecido hasta cuando yerra". Has encumbrado a caudillos que no te han traído más que desgracias e incluso te has auto-inmolado por salvare el culo a alguno de ellos; pero, como dice Salvador Espriu (1913-1985), "en ocasiones es preciso que un hombre muera para que viva todo un pueblo, pero nunca que un pueblo muera para que sobreviva un solo hombre".

Eres tan complejo como el cerebro que, siendo la máquina más perfecta de la creación, puede dar lugar a conductas tan contradictorias como el amor y el odio, como la ternura y la agresividad, como la sensatez y la locura. No tienes que extrañarte de que desconfíen de ti. La culpa es tuya. No te comportas igual en Ankara, Washington, Moscú, Tokio o Londres. Ni eres el mismo en Sevilla, Madrid, Barcelona, Bilbao o Vigo. No eres ecuánime ni comedido en tus opiniones. Enarbolas la moral de unos y desprecias la de otros. Justificas crímenes de un color y eres tolerante y permisivo con los crímenes del otro lado. A unos les insuflas aliento y a otros les cortas la respiración. Eres contradictorio y confuso; a veces, eres perverso. Matas y culpas a Dios de las desgracias que hay en el mundo; y, en el otro extremo, recurres a Dios para redimirte y auto-justificarte (incluso perdonarte). A unos les cebas como cerdos y a otros les matas de hambre. A unos les permites ser élite, con derecho a todo, y a otros los condenas al analfabetismo y a la marginación. Indiferente a la historia, unas veces te comportas como dueño y otras ejerces de esclavo. En unos sitios persigues y en otros eres perseguido. Y ya sabes lo que decía Friedrich Engels (1820-1895): "Un pueblo que persigue a otro pueblo no puede ser libre". Cuando vas en manada, ruges y destruyes; en privado, calumnias, difamas, hablas de lo que no sabes, y discutes con vehemencia estúpida sobre banalidades. Cuando tienes que hacer frente a tus mentiras y a los conflictos que tú mismo creas, te acobardas y huyes como una gallina acojonada. Y para reconstruir a la desesperada sobre las ruinas que has generado pides ayuda a los que has perjudicado.

Como puedes comprender, este panorama de desrealización contradictoria no te da credibilidad; y, a pesar de todo, sigues mandando y otorgando poder a estúpidos e insensatos, que te usan en favor de intereses espurios, y a algún que otro verso libre que todavía glosa tus virtudes y defiende tus valores. Decía Jaime Balmes (1810-1848) que "el pueblo comprende antes el lenguaje de las pasiones que el de la razón". Vigila tu sistema límbico, porque si la víscera domina a la lógica corres el riesgo de bajar algún peldaño en la escala evolutiva, donde te has colocado como prodigio de la creación (y nunca olvides que Adán y Eva empezaron mal por culpa de una manzana, echándole la culpa a la serpiente; fueron los primeros incapaces de hacer autocrítica).

Necesitas pararte a pensar en el por qué te ocurren todas estas cosas, que te debilitan, te devalúan, te convierten en manipulable, seducible, comprable, irresponsable, conflictivo...dispensable. Todo lo contrario de lo que debe ser un ente soberano. Cervantes (1547-1616) nos da una pista al señalar que "todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en el número de vulgo". Si es así, te está fallando lo más fundamental: la educación. Los genes nos hacen pueblo, pero la educación nos hace personas; nos ayuda a convivir, a compartir, a socializar, a dar y recibir, a dialogar, a entendernos, a buscar soluciones ante el conflicto, a ayudar a nuestros semejantes, a sentirnos felices con el bien ajeno, a reconocer que la enfermedad y la muerte nos hacen a todos iguales, aun habiendo sido todos distintos.

Decía Immanuel Kant (1724-1804) que "tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre". Cuida de la familia, ayúdales a vivir en armonía para que el entorno familiar sea el primer ejemplo de coherencia educativa. Presta atención y respeta a tus maestros. No dejes la escuela en manos de mercenarios o proletarios sindicados. Necesitas maestros que enseñen a pensar, que eduquen para la libertad, la creatividad y el espíritu de progreso. Sobran diletantes y reinterpretadores de la historia y faltan maestros comprometidos que estimulen a sus alumnos a superarles. Decía Leonardo da Vinci (1452-1512): "¡Pobre discípulo el que no deja atrás a su maestro!". Y Johann W. Goethe (1749-1832): "Sigue la mente de un maestro; caminar con él es avanzar". Conduce a tus niños y a tus jóvenes por el sendero de la cordura, la solidaridad y el conocimiento. Según Montesquieu (1689-1755): "Es menester haber estudiado mucho para llegar a saber un poco". No permitas que tus hijos crean que sin esfuerzo hay futuro. Muéstrales el camino de la rectitud y la justicia, y no les dejes embadurnarse de mierda en el basurero de internet. "Abrid escuelas para cerrar prisiones", decía Victor Hugo (1802-1885). "Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres durante una jornada; si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida", decía Lao-Tsé (565 a.C.). Si quieres evitar desigualdad, educa. Ya lo decía Confucio (551-479 a.C.): "Donde hay educación, no hay distinción de clases".

Personaliza la educación. No todos somos iguales. Recuerda aquel proverbio ruso: "Nunca trates de enseñar a un cerdo a cantar. Perderás tu tiempo y fastidiarás al cerdo". Y lo más importante: educa para el autogobierno y la iniciativa personal. Para Herbert Spencer (1820-1903): "Educar es formar personas aptas para gobernarse a sí mismas, y no para ser gobernadas por otros". Educa para que todos conozcan los límites de la libertad y el respeto. Así lo anticipó Oswald Spengler (1880-1936): "Cuanto más elevado es un pueblo, más limitado está en su libertad; y cuanto más educado es un hombre menos libertades se toma".

CATEDRÁTICO DE MEDICINA GENÓMICA