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En la carretera

LA PRIMERA SAGA DE TAXISTAS LLEGA A SU FIN

Manolo Moure (2º dcha.) y José Moure (1º izda.).
Manolo Moure (2º dcha.) y José Moure (1º izda.).

DULCE CALVO   | 23.10.2016 
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Cuando pocos sabían conducir y tener un vehículo era un lujo reservado a unos pocos, un emprendedor, Manolo Moure, decide embarcarse en la aventura del transporte de pasajeros comprando lo que popularmente se conocía como una Rubia, un furgoneta biscúter, de la marca española "Eurocort" de siete plazas carrozada en madera, con la que se ganaría la vida viajando con aquellas familias numerosas con más recursos de Compostela en los años 30 y 40. Sin saberlo, daba así comienzo a una larga saga familiar de taxistas santiagueses.

En el año 39,su sobrino Jesus Moure, recién llegado de la Batalla del Ebro, donde había conducido carros de combate, tras haber sobrevivido al horror de la guerra, decide emprender una nueva vida y solicita al ayuntamiento el permiso para conducir vehículos de pasajeros y le es otorgado por D Juan Gil Armada, Marqués de Figueroa, Alcalde- Presidente del Excmo. Ayuntamiento de Santiago, que tiene a bien concedérselo por ser "de 24 años, soltero, Chauffer (...) persona de buena conducta y antecedentes.

Seria al final del año 40 cuando el Ayuntamiento le concede el permiso municipal para conducir coches, en servicio de alquiler en este término municipal, "lo que en el sector se conocía como licencia de Gran Turismo".

Vista la posibilidad de labrarse un porvenir, su hermano José Moure, en la década de los 50, después de haber ayudado al tío Manolo en el garaje, lavando la rubia y secándola a mano y haciendo distintos servicios de chófer, con otro coche pequeño del que disponía decide solicitar la licencia dela Ayuntamiento que también les es concedida.

Estos chóferes iniciales tenían establecida la parada en un lateral del Hotel Compostela, donde disponían de una pequeña caseta, con teléfono "El Cordobés" , donde vendían periódicos y revistas. Posteriormente la parada se trasladaría a delante del Restaurante Fornos en la misma Plaza de Galicia y se conocería como El Punto.

Aquellas carreteras enmarañadas de la Galicia de la época, aquellos coches con asientos de madera desmontables que había que ir a recoger a Barcelona, aquellos pasajeros de los más ilustres a los más peculiares dieron lugar a anécdotas miles, como cuando Jesús en los años 50, sin ayuda de los navegadores actuales y siguiendo las escasas señales de tráfico, consiguió llegar al cementerio de Montparnasse de Paris trasportando sobre el coche el féretro de un peregrino que había fallecido al llegar a Compostela. O cuando José transportó un cadáver sentado en su asiento trasero desde Santiago a Orense, y a la altura de Lalín, la guardia civil lo para y le pregunta: ¿Todo bien? ¿y su cliente?, a lo que respondió irónicamente "descansando".

Pero no solo Los Moures prestaban labores funerarias, fueron los chóferes por excelencia, haciendo de embajadores de Galicia ya que a los clientes que venían a conocerla les enseñaban sus lugares más emblemáticos siempre acompañados de unas explicaciones e historias que les hacía inolvidable su estancia.

Pero han sido también los choferes de Compostela, transportando a vecinos y conocidos en sus salidas al médico, hospitales, juzgados..., muchas veces incluso sin cobrar, si la familia no disponía de recursos, pero en la sociedad de la época todo era distinto, y no había casa, restaurante y hotel donde los Moures y sus clientes no tuviesen un sitio.

Más adelante en el tiempo se pasó al taxi a la modalidad de taxímetro que ahora hay y conocemos, y solicitan la licencia Pedro y Antonio Moure, siendo en este momento 4 hermanos taxistas en activo, dedicándose al oficio hasta su jubilación.

Y fueron tres lo Jesús que continuaron la saga familiar, el primogénito de Jesús, recientemente fallecido. Y al que sucede su hijo, así como Suso, uno de los hijos de José, quien tras años detrás del mostrador de Calzados París, decide probar suerte en la profesión y en que estos días se jubila extinguiéndose así toda una saga de Moures, no panaderos, sino taxistas de Compostela.