El Correo Gallego

Tendencias » El Correo 2

tolo por ti

Preguntas sin respuesta

JOSÉ MARÍA MÁIZ TOGORES  | 10.07.2016 
A- A+

Un bloguero anónimo me cuenta su triste historia de amor. Su mensaje es desolador, lánguido y melancólico. No sé aconsejarle. Le digo, sin escribir, que las palabras a veces cortan como las navajas y que los consejos en casi todas las ocasiones gustan menos que un cuerpo herido cubierto de rosas marchitas. Me pide, ante su imposibilidad de contactar con la persona que en estos momentos envenena sus sueños, que yo haga pública una batería de preguntas y que, "tal vez, como es fiel seguidora de tu sección Tolo por ti, después de leerla, se le caiga la venda de los ojos y me encuentre alguna vez detrás del silencio". Dudo unos días en aceptar el papel de celestino virtual, pero es cierto que universalizar una experiencia puede lograr que la diminuta imagen de un sentimiento se torne en una multiplicidad de mensajes que glorifique en realidad lo que sólo era un sueño agazapado. Creo que la portavocía emocional no debe sucumbir nunca ante la falsa realidad, pero cuando proyecta una verdad que hiere a un incomunicado, una verdad que enlaza una dentellada psíquica con una mente enfermiza debe cerrar los ojos, torcer ligeramente el cuello y salir al mundo de los vivos.

Sin más dilación, ahí va la batería de preguntas de este desasosegado bloguero.

¿Quién es en la actualidad el dueño de tu mirada?¿Por qué, cada vez que hablaba contigo, tenía la sensación de que emprendías un nuevo de viaje, más largo si cabe?¿Me dejarás alguna vez entrar, aunque sólo sea un segundo, en tu espacio? ¿Te ponías nerviosa cuando te sentabas a mi lado y respirabas mi inquietud? ¿Cogerías, por mí, la más punzante de las espinas?¿A qué huele tu piel? ¿Por qué te irritaba que guardara tu mano en mi bolsillo, para así poder acariciarla en tu ausencia? ¿A quién dedicas esos minutos de gloria cuando la razón no controla tus sentimientos? ¿Sabes que sigo hablando contigo cuando camino solitario por las calles de Madrid? ¿Es cierto que el otro día, en un momento de sincera desnudez, estuviste a punto de llamarme por teléfono?¿Si no eres racional por qué te empeñas en aparentarlo?¿Por qué te desesperabas cuando, tras un acalorado debate, nuestras opiniones coincidían en un mismo tema?¿Cuándo fue la última vez que rompiste una promesa por alguien?¿Sueñas con entera libertad cuando estás sola?¿Por qué aún se me nubla el entendimiento cuando nos encontramos de manera imprevista y esporádica al doblar una esquina o al entrar en un café?¿Aborreces a quien intenta desnudar tu verdad?¿Quién te desvela ahora?¿Qué pensabas cuando tartamudeaba y me quedaba en blanco en tu presencia? ¿Por qué huyes, me cuentan, cuando alguien logra desnudar un centímetro de tu piel? ¿Quién pone ahora la mano en tu espalda cuando sufres un revés?

Lo único que puedo afirmar a día de hoy es que nunca sabré las respuestas, pues nunca tendré el valor de hacerte estas preguntas. ¿Recuerdas? Es mi innata cobardía.

Misión cumplida, amigo bloguero.

(Te pido perdón por la corrección de algunas erratas. ¡Era inevitable!).

 

(*) El autor es profesor