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De Poschiavo a Santiago de Compostela...

... pasando por Bilbao, Madrid, Burgos, Santander, Zaragoza, Pamplona, etc... Los Matossi, los Fanconi, los Mengotti... con sus familiares y compatriotas del clan fueron sembrando la península Ibérica y las capitales de Europa de moda con los refinados Café Suizos y Hoteles Suizos para disfrute y regocijo de la flor y nata que daba esplendor a la época... pero antes conviene retroceder al origen de estas familias.

MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ COELLO   | 22.04.2018 
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Poschiavo es la capital del cantón de los Grisones en el sureste de Suiza haciendo frontera con Liechtenstein, Austria e Italia, en plena montaña a la orilla de un lago desde donde se puede divisar la cima del monte Cervino en el que los más osados alpinistas miden habitualmente sus fuerzas... es como un pueblo italiano pero de suizos que hablan italiano.

A Principios de 1800, la pobreza, la hambruna y las guerras hicieron salir a muchos de sus habitantes en busca de un futuro mejor. Algunos se dirigieron hacia el Imperio Austro-Húngaro, Francia "...en el París revolucionario y convulso de la Revolución Francesa" o Inglaterra. Así nacieron los Cafés Suizos en la Europa de la segunda mitad del siglo XIX...

Los Matossi y los Fanconi. Otros se dirigieron a España y al igual que los gallegos y muchos otros pueblos, emigraron. Los Matossi y los Fanconi, también lo hicieron dejando atrás los "paraísos" en que vinieron al mundo. Ellos desde su cantón de los Grisones en Suiza y los gallegos su "Galicia". Cuenta la leyenda urbana que en 1813, llegaron a Bilbao después de recorrer a pie los 1.500 kilómetros que les separaba de su pueblo natal contando solo con una cabra que les proveía de leche fresca todos los días y que se alimentaba de los pastos del camino. Los datos más fiables dicen que salieron de Génova hasta Barcelona y de ahí hasta Bilbao. Quizás a la búsqueda de un paisaje acorde al que habían dejado atrás. Gozaban de un reconocido prestigio de hosteleros, cafeteros y chocolateros, llevando consigo su honradez, trabajo y buen oficio, como pasaporte.

Cuando los Matossi y Fanconi llegaron a Bilbao ya contaban con vecinos de Poschiavo establecidos allí con negocios de pastelería y hostelería como los hermanos Rodolfo y Andrés Pozzi, y Francisco Pozzi pariente de los anteriores o los Ragazzi, que sin duda sirvieron de ayuda en el inicio de su vertiginosa carrera comercial.

Bernardo Fanconi era un excelente pastelero que se dedicó desde su llegada a Bilbao a la repostería Suiza que le haría famoso. En sus modestos comienzos acudía a todas las romerías populares de Bilbao y alrededores, con una cesta para vender sus pasteles. A ellos debemos el famoso 'Bollo suizo' o bollería de leche que con glotonería pedíamos de pequeños a nuestros padres como preciada golosina, el panecillo de Viena con una chocolatina en el medio o la media tostada o tostada entera con manteca o sin ella. El Café Suizo y su pastelería obtuvieron un éxito inmediato que se extendió rápidamente por toda la franja cantábrica y posteriormente por el resto de España llegando a gestionar 53 "cafés suizos" en el territorio. En Galicia fueron famosos los de Santiago, Pontevedra, Vigo, Sada y el de Ferrol que todavía funciona. De los Fanconi se dice que eran altos, de tez clara y trato caballeroso. Los Matossi, eran de una educación más esmerada, de trato correcto y atrayente, lo que les hizo granjearse las simpatías de foráneos y naturales del país.

Los Mengotti en Galicia. Los Mengotti eran una de las familias suizas que llegaron a España con la idea de implantar una política distinta en el negocio del salón-café tanto como reposteros como innovadores en el ramo de la hostelería, en la restauración y por la forma de atender a su clientela. La familia Mengotti fueron los promotores que impulsaron el Cafe Suizo, Hotel Suizo y Fonda Suiza en Santiago de Compostela.

Para el ciudadano español, la tierra de procedencia de los Mengotti era tenida por maravillosa y mágica ya que evocaba al romántico Guillermo Tell, a las odas, a Hoffman o por las fotografías que lucían aquellos bellos paisajes y sus vigorosos habitantes.

Antonio Mengotti y compañía inauguró en el número 24 de la Rúa de Huérfanas un restaurante de gran elegancia y exclusividad que era tan necesario y ansiado por las fuerzas vivas de Santiago. Allí se podían invitar, con plena confianza, a los visitantes ilustres porque el ambiente era muy diferente al de las lúgubres casas de comidas que describía Larra.

Posteriormente, se abrió el Café Suizo en los bajos de la Sociedad El Recreo en la Rúa Nueva, 18, a finales del S XIX, que años más tarde desaparecería con la Guerra Civil. En aquello tiempos la estructura de la sociedad compostelana respondía al modelo de sociedad tradicional o preindustrial.

La clase alta acomodada vivía de rentas y estaba formada por los nobles rentistas y la burguesía de los negocios. El tipo de vida de estos era ostentoso se exhibían en el Casino, el Teatro y los paseos. Los paseos se consideraban un acto social, destacando entre todos ellos el de la Alameda y los de la Rúa del Villar. Por el pasillo central de la Alameda circulaba la clase alta, por los laterales, la clase artesana y el pueblo en general, y por el superior, el clero, personas mayores y viudas.

Era costumbre que las clases altas permanecieran en la ciudad hasta las fiestas del Apóstol, pasadas estas, marchaban a sus lugares de veraneo, normalmente al campo. El hecho de no hacerlo les desprestigiaba.

La función principal del Café Suizo de Santiago de Compostela, aparte de ofrecer el mejor producto de repostería, licores y café de calidad, fue la de punto de r­eunión y tertulias de escritores, pintores, o personajes públicos que dirimían sobre lo divino, lo humano, el pasado o el futuro de los acontecimientos mundanos e incluso donde se podían poner al corriente de los últimos acontecimientos políticos de aquellos tiempos. Todas las fuerzas vivas, sobre todo en el ámbito cultural disfrutaron de sus salones en los que se proclamaron arengas, recitaron poemas, o se deleitaron con sesiones musicales al calor de un buen café o un delicioso tostado del Ribeiro. Se puede afirmar con meridiana precisión que para todos los personajes de la época en que existió el Café Suizo fue esta su segunda casa, porque todas las relaciones culturales, económicas, o de ocio fueron disfrutadas en torno a una mesa del elegante establecimiento. Todo en el Café Suizo era de lo mejor. Los Mengotti se preocupaban en traer a Santiago de Compostela lo mejor de Europa, las últimas novedades de París, de Londres o simplemente lo que sus socios los Matossi o los Falconi desde Madrid o Bilbao les sugerían, a la par de proporcionarse los mejores clientes entre ellos.

En Vigo había otro Café Suizo en la calle Príncipe. En El Ferrol el Café Suizo estaba en la calle Real 114, hoy Dolores nº 67, y todavía existe en la actualidad en el mismo Hotel Suizo en el que se puede sentir la elegancia, distinción y categoría de sus instalaciones, que en un principio se llamó La Fonda Suiza, es obra de Rodolfo Ucha Piñeiro y está datada entre 1909 y 1910. Los Mengotti en Santiago regentaron la "Fonda Suiza" de la calle de las Huérfanas, otra en la calle de la Conga y la de la calle Cardenal Payá que se convertiría en el Hotel Suizo. La remodelación de la cafetería del Hotel Suizo de la calle Cardenal Payá que hace esquina con la plaza de Mazarelos en Santiago es de corte moderno por lo que ha perdido toda su esencia y hace difícil imaginarse un pasado tan fantástico.

Como muestra de lujo y presencia de lo más exclusivo de Europa, los Mengo­tti equiparon sus instalaciones con los elementos más sobresalientes de la época. No había Hotel, Café, Casino de importancia que no dispusiese de sifones con los que ofrecer al cliente su deliciosa agua de Seltz para calmar la sed, aliviar los ardores de una copiosa digestión o para acompañar a una amena conversación. Los sifones "perlé", eran y siguen siendo joyas artesanas en cuanto al cristal y el acabado del maestro que lograba introducir en el vidrio de Bohemia, las pequeñas burbujas "perlés" en el interior del cristal obedeciendo a una secuencia espiral que recubre toda la superficie del sifón. Otra característica era la del color del cristal, en este caso al Uranio o Uranio vaselina, un tipo particular de cristal silíceo que contiene en su estructura pequeñas concentraciones, sobre un 2 %, de óxido de diuranato UO²?, con el que se consigue un color amarillo que en presencia de una luz negra se hace brillante.

La adición de estos óxidos, generalmente antes de la fundición del vidrio, fue una práctica habitual desde la segunda mitad del siglo XIX hasta las primeras décadas del XX para conseguir tonalidades amarillo-verdosas traslúcidas. Los objetos así elaborados poseen ciertos niveles de radiación normalmente inofensivos para la salud humana.

En 1905 José Muñoz del Castillo descubre la radiactividad de los minerales de la mina de cobre "antigua Pilar" de Colmenarejo y en 1906 describe lo que él denomina "las cinco manchas radiactivas" en la península, que se corresponden con las principales zonas en las que encuentran minerales y rocas radiactivos, así como la descripción de 24 manantiales cuyas aguas muestran una radiactividad más o menos elevada, entre ellas las del manantial de Vichy Catalan en Gerona y Mondariz en Pontevedra.

El sifón que presentamos es un sifón elaborado con vidrio de uranio, con casi la total seguridad, procedente del Café Suizo de Burgos que estaba situado en el Paseo del Espolón y en el que se fundó El Círculo de la Unión el 1 de Mayo de 1881. Este café fue el que inauguraron los Matossi y Fanconi después del éxito obtenido con el Café Suizo de Madrid a mediados de 1800. El magnífico decorado al ácido, fue realizado en París por Chounard Pantin y en el cabezal metálico del sifón tiene grabado: ed. Houanard Pantin (Seine) 10 rue Auger 10 conforme a la loi - garanti sans plomb.

Por otra parte el otro sifón "perlé", corresponde al Café Suizo de Santiago, fue creado con vidrio "al Selenio" porque el componente agregado en la fabricación es el Selenio con el que se obtienen colores rojos-rosados, con la técnica "perlé" de los maestros de la Bohemia en el cristal. El decorado también "al ácido" en Paris por Chounard Pantin con la grabación: Fábrica de bebidas gaseosas del Café Suizo -rúa nova- Santiago.

Dos joyas recuperadas que constituyen un libro abierto de nuestra historia, de la belleza y del arte.