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¿Ponemos al zorro a cuidar de las gallinas?

Plagios con premio // Fernando Suárez Bilbao publicó en el 'Anuario del Derecho Español' un artículo que reproducía casi literalmente la obra de otro jurista. Diez años después, es rector de una universidad pública, la Rey Juan Carlos de Madrid, y dirige la prestigiosa revista que recogió su 'copia'

SALETA MALLO  | 16.10.2016 
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David Ríos Ínsua es catedrático de Estadística en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Encabezó la candidatura a rector que se enfrentó primero a Pedro González-Trevijano y después a su sucesor, Fernando Suárez Bilbao. Ínsua abrió en 2010 un blog (www.davidriosinsua.org) como "espacio de intercambio de opinión cuyo único fin es mejorar la Universidad Rey Juan Carlos". En él se pueden colgar comentarios. El pasado lunes, en el apartado referido a Personal Docente e Investigador, se dio cuenta de la desaparición en el catálogo de la biblioteca de la URJC del libro de Miguel Ángel Aparicio El status del poder judicial en el constitucionalismo español. Ya es casualidad que el viernes hubiésemos intentado ponernos en contacto con el rector para que explicara por qué su artículo 'Revolución y Restauración en la Administración de Justicia (1874-1936)', publicado en 2006 en el Anuario de Historia del Derecho Español, reproduce, sin citar en ningún momento la fuente, párrafos e incluso páginas completas de la obra de Aparicio, editada en 1995 por la Universidad de Barcelona. O, por decirlo de otra manera tal y como se refleja también en los comentarios vertidos en el blog de Ínsua, qué piensa el rector de la URJC acerca de que "en resumidas cuentas, de 38 páginas que tiene el artículo de Suárez, 35 están copiadas del libro de Miguel Ángel Aparicio Pérez". Para completar el cuadro, convendría añadir que entonces Fernando Suárez era vicerrector de Ordenación académica y profesorado, titulaciones, coordinación y campus de la URJC. Hoy, además de ser rector de esta universidad, pública, es también director de la publicación en la que vio la luz su trabajo: el Anuario de Historia del Derecho Español, fundado en 1924 por jóvenes juristas entre los que se encontraba Claudio Sánchez Albornoz y que pasa por ser el principal escaparate científico de los historiadores del Derecho. Entre muchos otros cargos, Bilbao es así mismo consejero del Instituto Atlántico del Gobierno, al igual que el expresidente José María Aznar o el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.

Aunque la polémica ha tomado bríos en los últimos días, el plagio de la obra de Miguel Ángel Aparicio por parte del rector de la Universidad Rey Juan Carlos viene de diez años atrás. Pero que sepamos nadie lo ha denunciado en los tribunales y la universidad española no acostumbra a tomar medidas contra los autores de las copias. Así lo dejó en evidencia en junio de 2011 el Frankfurter Allgemeine Zeitung, FAZ, el principal diario alemán, que se hacía eco de un caso de plagio en la Universidad de Vigo preguntándose si había servido para algo que el ministro germano Karl-Tehodor Zu Guttenber se hubiese visto obligado a dimitir después de ser desposeído del título de doctor al probarse que había copiado partes de su tesis.

El FAZ desvelaba que seis científicos del Departamento de Química Física (en el campus de Ourense) habían publicado en 2010 dos artículos en una revista científica estadounidense y esta los había retirado después al constatar que su contenido coincidía con el de sendos trabajos anteriores de dos investigadores chinos de la Universidad de Hunan.

La presión originada por la denuncia del rotativo alemán, que reflejaron medios españoles, condujo a la creación de una comisión de investigación en la UVigo. Esta concluyó que se habían producido "malas prácticas" pero que no existía plagio y no hubo consecuencias. La prensa que siguió el caso puso el acento en que los artículos se habían realizado bajo la dirección de Juan Carlos Mejuto, decano desde 2003 hasta 2009 de la Facultad de Ciencias, quien obtuvo la cátedra justo después y recibió tras el escándalo un premio de la Xunta de 112.000 euros para su equipo de investigación. También incidió en que su discípulo Pedro Araújo Nespereira se hizo con el título de doctor pasados los 50 años pero sólo seis meses después era profesor titular y heredaba el decanato de Mejuto. Y que otro de los articulistas, Juan Francisco Gálvez, había sido vicerrector y uno más, Gonzalo Astray Dopazo, había sido propuesto en 2011 como premio extraordinario de doctorado... aunque no llegó a recibir el reconocimiento pues el rector, Salustiano Mato, le retiró la distinción.

Ya en el apartado de casos que llegaron a los tribunales de Justicia, nos encontramos principalmente con miembros de tribunales de tesis que se apropiaron de las mismas para trabajos propios. La guinda la pone el respaldo de la universidad al copiador. Así, nos encontramos con una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Aragón, fechada en octubre de 2015, en la que se recuerda a la Universidad de Zaragoza, y en concreto a su rector, una serie de deberes incumplidos, entre ellos que "las Administraciones Públicas corregirán disciplinariamente las infracciones de su personal de servicio", que "cuando de la instrucción de un procedimiento disciplinario resulte la existencia de indicios fundados de criminalidad, se suspenderá su tramitación poniéndolo en conocimiento del Ministerio Fiscal" o que "es falta muy grave la publicación o utilización indebida de la documentación o información a que tengan o hayan tenido acceso por razón de su cargo o función". Esta serie de amonestaciones responde a una denuncia del profesor José Solís, quien había puesto en conocimiento del rector que Juan Francisco Baltar, profesor titular de Historia del Derecho, reproducía en su libro Protonotario de Aragón 1472-1707, publicado en 2001, parte de su propia tesis doctoral, inédita y de 1999, y que conocía por haber sido miembro suplente de la comisión que la había evaluado. El rector consideró que los indicios de plagio no eran suficientes y se negó a abrir un expediente. Llevada la institución académica ante la justicia, falló en su contra el Juzgado de lo Contencioso administrativo número 5 de Zaragoza y, tras apelar, nuevamente el Supremo de Aragón. El delito, no obstante, de considerarse como tal, habría prescrito.

Mejor suerte corrió la denuncia de María Isabel Grimaldo. "Ha sido una década de lucha y batallar, pero ahora estoy contentísima, se ha hecho justicia", le contaba al diario ABC en 2013. También profesora interina como Solís, vio como Francisco Alonso, catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Murcia y director de su tesis, la plagiaba hasta en dos ocasiones, primero en una publicación coral y luego en una individual. Grimaldos, que sí fue apoyada por el rector, manifestaba su satisfacción una vez que el Tribunal Supremo confirmaba la condena por plagio impuesta por la Audiencia Provincial de Valencia. Alonso fue condenado a pagar cinco mil euros, publicar la sentencia en un diario de tirada nacional y hacerse cargo de los costes del proceso.

Consultados en estos días varios profesores universitarios, que han solicitado mantener el anonimato, enmarcan las prácticas deshonestas en los trabajos de investigación en un escenario global caracterizado por un sistema universitario endogámico y clientelar que se encuentra dominado por camarillas de poder. Al respecto, y volviendo a la Universidad Rey Juan Carlos y a su rector, Fernando Suárez Bilbao, cabe señalar que éste fue imputado por un delito de amenazas cuando, siendo vicerrector, le exigió al encargado del departamento de Estadística evitar que David Ríos Ínsua presentase su candidatura al rectorado como alternativa a Pedro González-Trevijano, bien convenciéndolo o haciéndolo pasar por "enloquecido". En la conversación, grabada, y que recogió El Mundo en marzo de 2014, Suárez señala que, en caso contrario, "pasarán cosas muy, muy desagradables" y, ante la petición de garantías de que no se tomarán represalias, responde: "Lo único que vamos a negociar es el modo de enterraros". La causa, sin embargo, fue sobreseída en 2014 por considerarse que los hechos no eran constitutivos de delito. Pero no fueron sólo los tribunales quienes le dieron la razón sino también las urnas. Tras heredar el cargo de rector de González-Trevijano, nombrado en junio de 2013 magistrado del Tribunal Constitucional, las elecciones al rectorado refrendaron a Suárez con un 67,53% de los votos.

Jaume Sureda-Negre (izquierda) y Rubén Comas llevan años estudiando el plagio en las universidades

 

"La universidad trata el fraude de forma limitada y poco ajustada al hoy"

El catedrático Jaume Sureda-Negre y el doctor Rubén Comas, del departamento de Pedagogía Aplicada y Psicología de la Educación de la Universitat de les Illes Balears, llevan varios años estudiando el plagio académico en el marco del grupo de investigación Educación y Ciudanía. Su objeto de estudio hasta el momento han sido única y exclusivamente los alumnos. "Sin duda también entre el profesorado hay plagiadores pero no podemos proporcionarle datos", señalan. Pero sí tienen constancia de que casi la mitad de los alumnos copian y un 60% ha caído en el plagio en sus trabajos. -¿Cómo se lucha contra el plagio en las universidades? ¿Tienen protocolos de actuación?

Las universidades pueden poner en marcha tres tipos de dispositivos: los formativos e informativos, que se traducen en guías o tutoriales sobre cómo prevenir el plagio; los de detección; y los normativos o reguladores. En cuanto a los formativos, en 2012 Domínguez-Aroca identificó diez universidades que seguían esta estrategia y algunas, pocas, han incorporado a sus planes de estudio asignaturas en las que se trata la elaboración de trabajos académicos. En la detección, por su parte, algunos centros han implementado sistemas de inhibición de frecuencia para imposibilitar que el alumnado use medios tecnológicos para copiar en las pruebas escritas y otros facilitan el acceso a programas de detección de textos plagiados, pero tampoco son prácticas generalizadas. Por último, recientemente hemos publicado un artículo en el que analizamos 72 normas universitarias y constatamos que el tratamiento que se hace del fraude es muy limitado y poco ajustado a los tiempos actuales. -¿Copiar es práctica generalizada? Según de desprende de trabajos empíricos que realizamos en 2009 y 2011, casi la mitad (un 45%) de los universitarios admiten haber copiado en pruebas escritas y más del 60% que ha incurrido en alguna forma de plagio a la hora de elaborar trabajos de curso.

-Son porcentajes muy elevados, ¿cómo se explican?

Estos comportamientos, sobre todo los relativos a los trabajos, han cobrado auge ante el aumento de asignaturas, los cambios en la evaluación primando los trabajos de cursos y el desarrollo y el impacto de las tecnologías de la información.

- Precisamente Internet facilita las copias pero también ofrece programas para identificarlas. ¿Qué utilidad real tienen?

Lo cierto es que una buena estrategia no puede limitarse a la utilización de programas de detección. También tiene que considerar los dispositivos formativos y los normativos. De hecho, numerosos trabajos de investigación advierten de la ineficacia y las limitaciones de la mayor parte de este tipo de programas.

- Me llama mucho la atención que a la vista de todos estén también numerosas webs que ofrecen realizar hasta tesis.

Comprar y vender trabajos académicos no es algo nuevo. En un estudio que hicimos en 2007 distinguimos tres etapas: una artesanal; una segunda propiciada por la aparición de internet dominada por el intercambio de trabajos ya realizados (como el Rincón del Vago); y una tercera etapa en la que surgen portales, verdaderas fábricas de trabajos, que comercializan con ellos a demanda. Las tarifas dependen del encargo -no se cobra lo mismo por una tesis doctoral que por un trabajo de primer curso-, la calidad -no vale igual un aprobado que un sobresaliente- y el plazo de tiempo en que ha de realizarse, pues la premura también tiene su precio.

- Lo que cuentan implica que tener un título puede ser sólo cuestión de dinero para quien puede permitírselo. ¿Está muy extendido el uso de este tipo de portales?

Los datos indican que la compra de trabajos académicos a través de internet se sitúa en torno al 5%. En una encuesta que realizamos en 2007 entre el alumando de la Universitat de les Illes Balears, el 3,8 % de los estudiantes afirmaron que habían comprado un trabajo entre una y dos veces; un 0,8 %, entre tres y cinco; y un 0,1 %, en más de cinco ocasiones. Otra encuesta, realizada a universitarios de toda España a través del portal Universia, arrojó resultados prácticamente idénticos. En cuanto a la oferta, en nuestro estudio de 2007 localizamos y analizamos más de 500 portales que vendían trabajos a la carta. La mayoría ofrecía sus servicios desde otros países y estaban escasamente adaptados a la realidad española. Pero en los últimos meses la prensa ha informado sobre la aparición de portales ya españoles. Era cuestión de tiempo.

- ¿Consideran que, como se denuncia muchas veces desde ámbitos educativos, se ha perdido la cultura del esfuerzo?

La inmediatez y la multitarea son algunas de las características preponderantes de nuestra época y ello choca con la dedicación, la constancia, la búsqueda de resultados a medio y largo plazo... Con ello queremos decir que la cultura del esfuerzo difícilmente puede primar en nuestras aulas, igual que ocurre en los demás ámbitos sociales. Sin embargo, la cultura del esfuerzo sí está presente en muchos departamentos universitarios; buena muestra es la solvencia de jóvenes investigadores formados en nuestras aulas y que trabajan en instituciones de otros países.