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La política conquista el entretenimiento televisivo

Las series triunfan como el gran género televisivo del momento, pero hay algo más

Las tertulias políticas se han convertido en un éxito híbrido: actualidad y entretenimiento asegurado. ‘La Sexta Noche’ es uno de los más populares
Las tertulias políticas se han convertido en un éxito híbrido: actualidad y entretenimiento asegurado. ‘La Sexta Noche’ es uno de los más populares

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ   | 04.09.2016 
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La televisión ha ocupado el centro del hogar en las últimas décadas: la lucha por el mando a distancia ha sido objeto de no pocos análisis, entre bromas y veras, pero las conclusiones sobre las preferencias de la audiencia son de gran valor para las empresas de comunicación audiovisual. El comienzo del nuevo siglo ha traído grandes cambios tecnológicos en este terreno, y, de paso, nuevos usos y costumbres a la hora de gestionar el ocio. Una cosa ha llevado a la otra, pues, en buena parte, el ocio se ha transformado al calor de la evolución de la tecnología. Si, prácticamente desde que fue inventada, la televisión se concibió como un instrumento de consumo familiar, irremplazable en los salones, en torno al cual giraba la propia construcción de los horarios domésticos, en la actualidad las cosas han cambiado drásticamente.

La televisión ya no es un aparato inamovible del ara familiar, diosa omnipresente de los salones, sino un concepto complejo. Al tiempo que evolucionaban las costumbres y las estructuras familiares, la televisión se ha convertido en un elemento portátil, tan icónico como antes, sin duda, pero identificado con los gustos individuales, mucho más que con los gustos grupales. La tiranía del mando a distancia probablemente ha terminado. Para que todo eso haya ocurrido ha sido necesario el avance de la tecnología y la evolución en el consumo de contenidos audiovisuales. Hoy tenemos a nuestra disposición pantallas diversas. Y a esas pantallas uno puede asomarse desde muchos lugares, y, prácticamente, a cualquier hora. Los que tienen menos años se han desprendido también de la tiranía de los horarios. Salvo en los directos de las competiciones deportivas, por ejemplo, adolescentes y jóvenes ya no se ajustan al viejo modelo de la parrilla, sino que construyen su propio menú televisivo y lo consumen a su antojo. Parte de ese consumo ni siquiera aparece, para estas generaciones jóvenes, asociado a ningún canal en particular, sino a un producto concreto, emítase por donde se emita.

Es el caso de las series de ficción: el género más visualizado en pantallas alternativas a la televisión convencional. Es también, junto con el cine, el producto más relevante de la plataformas de pago, que han encontrado en las nuevas tecnologías un terreno perfecto para desarrollar imaginativos modelos de negocio, asociados al consumo audiovisual. La llegada de la distribuidora de streaming, Netflix, es un buen ejemplo. Y Movistar TV, que en el último año se hizo con la plataforma mejor desarrollada en este país, Canal Plus, ha puesto en marcha también todo tipo de estrategias para potenciar el consumo de televisión en dispositivos diversos, o bajo demanda. Por otro lado, la proliferación de páginas web de empresas de comunicación, que ofrecen la posibilidad de consumo a la carta, ha contribuido de manera decisiva a la creación de estos nuevos hábitos. Frente al consumo de cine o de ficción, claramente alternativo, los canales en abierto han optado por fidelizar audiencias, en lo posible, a la vieja usanza. Producen o emiten series, algunas de notable calidad, pero para construir su personalidad como canal y fijar audiencia han optado por el directo: largas horas de las parrillas se ocupan ahora con debates, tertulias y otros formatos de infoentretenimiento. El directo de plató, más barato desde el punto de vista de la producción, se ha convertido en uno de los formatos de moda.

Como puede verse, la oferta televisiva no sólo es múltiple, sino gigantesca, internacional y, por supuesto, en varios idiomas. Quizás no tanto en abierto (y, por tanto, gratis), pero también ésta es muy considerable. Los gurús de la comunicación aseguran que todo lo que tiene que ver con televisión es entretenimiento. Y no otra cosa. Incluso, la información. Como señala Neil Postman, en su relevante ensayo Divertirse hasta morir, "no es que la televisión sea entretenimiento, sino que ha hecho del entretenimiento en sí el formato natural de la representación de toda experiencia (...) El problema no es que la televisión nos dé material y temas de entretenimiento, sino que nos presenta todos los asuntos como entretenimiento". Este concepto ha hecho evolucionar el relato de las noticias. Los informativos, que gran parte de la población identifica aún con la cadena pública, no se parecen en nada a los de hace tan sólo unos años. Los deportes, por ejemplo, han crecido hasta separarse del relato general de la información. También el discurso de los comunicadores deportivos ha variado drásticamente (véase, El Chiringuito, en La Sexta-Mega; o el formato de más éxito, gracias a los Manolos: los deportes de Cuatro). E incluso la información meteorológica presenta ahora mismo unas características de producción e interactividad, que, a veces, en lugar del pronóstico del tiempo, uno tiene la sensación de estar contemplando un microprograma futurista. Pero, al tiempo, el concepto de Meteo, se ha humanizado (se publican las fotografías enviadas por los espectadores, se alude a elementos curiosos muy locales, o se tira de gracejo, a la manera de Roberto Brasero).

En los últimos años, los expertos hablan del gran auge del infoentretenimiento. No se refiere tanto a una utilización de los hechos reales para entretener (aunque también), y que ha derivado en una cierta simplificación de los contenidos informativos, sino en la aplicación de técnicas propias de los programas de entretenimiento a noticias de gran calado o de gran atractivo mediático. En pocas palabras: la frontera entre la opinión y la información se ha difuminado en el contexto catódico, con el resultado de que la audiencia parece identificarse con el análisis informativo basado en opiniones no siempre documentadas, sino, por ejemplo, fuertemente ideologizadas. En terminología televisiva anglosajona opinionated and political biased news shows: un formato defendido por muchos gurús de la comunicación por su alto dinamismo, su indiscutible morbo y capacidad de atracción, aunque censurado por otros cuando no mantiene un adecuado equilibrio ideológico. Hay ejemplos de todo, pero este tipo de programas, llamados popularmente tertulias políticas, no deja de multiplicarse, con ligeras variantes.

No faltan quienes afirman que ha sido la evolución de los telediarios la que ha llevado al éxito a las tertulias políticas. El carácter breve y sintético de un informativo, y la progresiva acumulación de sucesos truculentos de todo pelaje entre las principales noticias del día (hay informativos en los que este tipo de noticias supera a todo lo demás, y con creces), no permite esa cercanía y espontaneidad que, real o impostada, sí permiten las tertulias. Y, aunque no todas son iguales, los cierto es que muchas se parecen como dos gotas de agua, hasta el punto de que los invitados a debatir suelen ser casi los mismos, independientemente del canal (aunque algunos tienen sus favoritos, o su equipo de cabecera). Y ejemplos hay de tertulianos que intervenían simultáneamente (en uno de los casos con una intervención grabada, claro está) en dos cadenas diferentes. Esta es la esencia del nuevo infoentretenimiento, una fusión de géneros, que triunfa ahora mismo en las televisiones, aunque haya ejemplos de algún que otro fracaso. La Noche de 24 horas (TVE), que acaba de cambiar de conductor esta misma semana, o, sobre todo, La Sexta Noche, son sólo dos ejemplos, aunque existen otros muchos, también en canales minoritarios. Según S. Berrocal Gonzalo, M. Redondo García, V. Martín Jiménez y E. Campos Domínguez, en un artículo publicado en 2014 en la Revista Latina de Comunicación Social (69), titulado "La presencia del infoentretenimiento en los canales generalistas de la TDT española", La Sexta es el canal que ofrece de largo más emisiones de este tipo, hasta un 34,91 por ciento de su programación.

Aunque con modificaciones, pero con muchas similitudes en el estilo y en la naturaleza del lenguaje empleado, la gestación del infoentretenimiento de carácter político está quizás en los talk shows del mundo rosa, identificados con el cotilleo sobre famosos, o sobre concursantes anónimos, en torno a los años 90. El antecedente más reconocido de las tertulias actuales es Moros y Cristianos, pero Tómbola inspiró muchos de los formatos de debate rosa que se mantienen hoy. Hay también una gran influencia de la política mezclada con el divertimento en la televisión norteamericana. Por lo que respecta a España, la gran competencia audiovisual de los 90 alentó estos formatos. Y, desde luego, la progresiva trivialización mediática y el avance progresivo de las llamadas soft news, noticias blandas, que cada vez más copan la información convencional. Las tertulias o debates del corazón siguen mereciendo atención por parte de la audiencia, pero tal vez, por su excesiva reiteración, están perdiendo terreno. Telecinco, que viene liderando el share nacional en no pocas ocasiones, ha emitido (y emite) muchos de ellos, apartándose del debate político, que no ha cuajado suficientemente en su parrilla. Y ello a pesar de varios intentos. Los debates más reglados (como el que conduce Somoano en la madrugada de TVE) pretenden quizás mantener las esencias supuestamente más tradicionales del género, evitando en lo posible el solapamiento y las interrupciones, aunque con serias dificultades. Y es que el dinámico modelo del infoentretenimiento, en tiempos de inestabilidad política y crecimiento de partidos alternativos, parece imparable. La aceptación por parte de la audiencia resulta innegable, aunque se ignora su influencia en la decisión final, por ejemplo, de los votantes. A fin de cuentas, el objetivo no parece político, aunque pueda resultar factible identificar qué color se defiende más, al menos en algunos casos. Como ha señalado Del Rey Morató, se trata, simplemente, de "la reducción de todos los contenidos al mínimo común denominador del entretenimiento". Y aunque en algunos lugares YouTube se ha convertido en una plataforma muy utilizada para este tipo de análisis, es la televisión tradicional la que más insiste en él, convirtiéndolo, además, en uno de sus formatos bandera. El morbo de la política parece cada vez más irresistible para las televisiones.

Una variante del infoentretenimiento es la parodia política, también muy en alza. La famosa frase fetiche de El Gran Wyoming, "ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad" puede resumir, aunque sea en tono de mofa, el grado de provocación que pretenden estos formatos. Pero también habla de su aportación decidida a la información del día desde un punto de vista crítico. Hay expertos que creen que estas parodias están sustituyendo a los noticiarios verdaderos, o, al menos, que se utilizan como una segunda lectura de la actualidad, pero mucho más fresca y reveladora. De hecho, El Intermedio ha incorporado, en su última temporada, entrevistas en directo que ni siquiera caben en los informativos al uso. Actúan como el envés de la información. Como el lado satírico o neurasténico. La sátira política está en alza, igual que la tertulia política. Los modelos en este caso están sobre todo en el extranjero, particularmente en los formatos del night show, o late night show de las televisiones norteamericanas. Allí son grandes clásicos venerados, y lo han sido durante décadas, hasta el punto de entrevistar, siempre con gran carga cómica, a varios presidentes del gobierno y a personalidades relevantes. Los nombres, más famosos aún que los anchormen de los informativos, son bien conocidos: Carson, Jay Leno, Conan O'Brian, Letterman, y, ahora mismo, el gran Jimmy Fallon... Aquí el late show tuvo sus momentos de éxito (Pepe Navarro, Xavier Sardá), pero decayó por una evolución hacia lo que algunos críticos llamaron trash entertainment (entretenimiento basura), aunque no pocos encontraron en esos shows un fuerte discurso provocador y desestabilizador, retador del inamovible discurso tradicional. En los últimos meses, Andreu Buenafuente ha completado la primera temporada de Late Motiv, en el canal de pago Cero (Movistar). La sátira política tampoco es su único elemento humorístico, pero está muy presente, sobre todo a través de una de las técnicas que con más éxito ha pasado de las salas de espectáculos a la televisión: la stand-up comedy. Es decir, los monólogos. Sin duda, vivimos en la edad de oro de los monólogos. El humor televisivo, en general, vive una edad de oro.

Otros formatos de infoentretenimiento han florecido en los últimos tiempos. Espacios com Salvados (Jordi Évole) han inaugurado una nueva forma de entrevistar y analizar la realidad, muy penetrante y crítica, próxima al espectador, con un lenguaje también nuevo. Los magacines políticos, conducidos por comunicadores como Antonio G. Ferreras o Javier Ruiz, ilustran a la perfección las nuevas técnicas de aproximación a actualidad, y retan las convenciones de los telediarios. El fenómeno del fact-checking, también en la línea del analisis político como infoentretenimiento, aún es relativamente innovador en nuestro país, pero se abre camino en programas como El Objetivo (Ana Pastor). Todo está cambiando a gran velocidad en la comunicación audiovisual, incluyendo la elaboración de reportajes en los que el periodista se convierte en protagonista directo, en el que vive la experiencia que va a contar (Samanta Villar), o en los que se impone una narración integrada en los propios hechos (Comando actualidad, Policías en acción, Callejeros), en lugar de una narración externa, indirecta y más fría. Mientras las pantallas se multiplican y el consumo de televisión se aparta de lo conocido hasta ahora, el entretenimiento basado en la actualidad y sobre todo en el debate político con formato de show vive, sin duda, su gran momento.