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Nuestras pensiones de Noruega

Con su trabajo contribuyeron a hacer de la marina mercante del país escandinavo una de las más competitivas a nivel mundial. Tributaron allí y, sin embargo, nunca tuvieron acceso al sistema de protección social. Hoy, lo denuncian, junto al abandono del Estado Español

Manuel Rama, izquierda, secretario de la Asociación Long Hope, y Alberto Paz, portavoz de la misma.
Manuel Rama, izquierda, secretario de la Asociación Long Hope, y Alberto Paz, portavoz de la misma.

LAURA NADAL   | 11.02.2018 
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Eran jóvenes, muchos no llegaban a los veinticinco, cuando, por la prensa o amistades, comenzaban a enterarse de que había trabajo en los buques noruegos.

A Manuel, un compañero le habló de la oportunidad estando en Rotterdam y no se lo pensó dos veces. Embarcaría en el puerto francés de Le Havre el 28 de junio de 1961 y, durante los siguientes veinticinco años, navegaría bajo la bandera del país escandinavo como carpintero, segundo marinero, marinero y contramaestre.

"Se ganaba un poco más, pero el trabajo era mucho más duro", recuerda. "En los barcos españoles, cuando hacía mal tiempo, nos limitábamos a hacer labores dentro. En los noruegos, he llegado a tener que atarme al palo mientras lo limpiaba. Imagínate, a temperaturas bajo cero y en pleno Mar del Norte. Eso sí, nada impedía que la tarea tuviese que estar cumplida al minuto".

Con todavía diecisiete años y recién terminado el bachillerato, Alberto consiguió convencer a su madre y su padre, que había estado en navíos ingleses toda la vida, para dejar los estudios y embarcarse. Para la misión, contó con el apoyo de su hermano, que ya era mayor de edad y tenía cierta experiencia en el mar. En pocas semanas pasó de estar en Noia a navegar por los Grandes Lagos a bordo de un barco de 14.000 toneladas, y de ahí al Mar del Norte. En 1986, al llegarle noticias de la situación en Noruega, se cambiaría a Dinamarca.

Fueron, en sus casos, más de veinte años trabajados en Noruega. En el de muchos otros, hasta cuarenta. Allí todos pagaron puntualmente sus impuestos pero, cuando se empezaron a jubilar, descubrieron que el país nórdico se negaba a hacer frente al abono de sus pensiones.

Desde el año 2008 se han organizado y, bajo el nombre de Asociación Long Hope, presidida por Juan Manuel Lores, reclaman sus derechos al país escandinavo. Manuel Rama, como secretario; Alberto Paz, como portavoz. "Eso sí, aquí todo el mundo cobra pensión", comenta Paz, "pero no de Noruega". El caso de Rama es especialmente significativo: "cobro, como muchos, de antes de Noruega, y también de después, de cuando volví definitivamente. Toda una vida para 627 euros mensuales, una miseria".

Calculan que son un total de doce mil los españoles, de los cuales ocho mil gallegos, que trabajaron entre 1948 y 1994 en la marina mercante de aquel país, donde tenían prohibido por ley cotizar a la seguridad social. La situación de ellos, se completaría con los más de veinte mil de otras nacionalidades. Algo que podría determinar el proceso judicial que tienen en marcha, ya que una posible victoria de los españoles ante el Estado Noruego abriría las puertas a más reclamaciones. Otro factor relevante es la avanzada edad de los marineros, con una media de 83 años, y casi una veintena de fallecidos durante esta andadura. "No obstante, aquí nadie se va a rendir. Eso que quede claro", puntualiza rápidamente Alberto. "Sabemos que la razón y la justicia nos acompaña. Si el Gobierno español no se enfrenta al Gobierno noruego y llevando el caso al Tribunal de Derechos Humanos con una demanda interestatal, nosotros sí lo haremos". Para ello, primero han de agotar la vía judicial en Noruega, donde los días 12 y 13 de febrero de 2019 contestarán en la Corte de Apelaciones, con sede en Oslo.

 

EL CONVENIO QUE NO LLEGÓ. Tal y como recoge la prensa de la época, una de las primeras dele-gaciones llegaba desde el país nórdico a España en 1959 y, con ellos, se llevarían a unos 800 marineros, bajo la promesa de firmar un convenio bilateral entre ambos países. En la segunda ocasión, ya en 1962, serían cuatro mil más. Así hasta los 12.000.

El acuerdo nunca llegó, a pesar de los cuatro conatos en 1959, 1962, 1967 y 1970. Y los diplomáticos noruegos en nuestro país siempre mantuvieron que los trabajadores españoles lo hacían en las mismas condiciones que los nacionales. Algo que ha contravenido la Comisión Europea, que ve "un claro trato discriminatorio por razón de nacionalidad respecto a los noruegos empleados en los mismos barcos".

Lo que sí llegaría, en 1963, sería un tratado para evitar la doble imposición, que determinó que los españoles pagaran sus impuestos en Noruega. Allí, a los casados se les descontaba el 10% del salario y a los solteros un 15%. El modelo funcionó durante los cuatro primeros años. A partir de ese momento, se comenzó aplicar un sistema de impuestos progresivos, que oscilaba entre el 20 y el 30% del sueldo. Eso sí, siempre tuvieron prohibido pagar la Seguridad Social. Si bien un barco se considera territorio del país, no fue a efectos de pensión, ya que para poder hacerlo se exigía empadronamiento en un municipio.