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APUNTES

La ocurrencia acertada

JOSÉ LUIS G. GOROSTIZU   | 04.06.2017 
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La delicia de una mesa en reunión de amigos y amigas la compone no sólo la conversación y la comida, sino también la vajilla usada -loza y porcelana- y otros elementos sueltos, y este lucimiento conduce a la empatía: la sintonía de los afectos y el agradable estar acompañados los comensales, y una botella del licor Singeverga.

 


La ventaja de la loza y la porcelana reside en que suele tener marcas, registros de fabricación con sus épocas; y la cerámica popular casi nunca, como si el placer de la ejecución lograda fuera suficiente o el autor se olvidara de la propia firma. La cerámica popular, su magia absoluta, su atracción, reside en que es una entrega a lo general para su uso y provecho; más directamente: es una producción útil y necesaria a la comunidad rural o no, y que la usa con atención y fruición porque le agrada el diseño: el tema que contiene entre sus manos; y psicológicamente la comida sabe mejor dentro de un recipiente decorado con acierto. La cerámica popular queda muy bien en una biblioteca, en una lareira antigua, o en el recibidor de una casa: acompaña y da color. Pero este tipo de cerámica -la anónima o la no conocida- no es divulgada, por tanto conocida, por una publicidad adecuada. Al no ser firmada queda en el anonimato, y al ser una ejecución artesanal con técnica acertada serán los estudiosos y la Antropología cultural quienes la divulguen. Sucede un poco, o un mucho, como la contemplación de un capitel románico: que nos pasma por su perfección y plasticidad, su logro, y la vista y la mirada lo separan de los otros.

 


¿Cuál es el secreto de la fascinación de la cerámica? La ocurrencia acertada y las líneas, trazos y colores, sobre todo, que la componen. Al lado de lo útil e industrial, tan cotidiano, en nuestras cocinas, mucha gente también posee piezas de cerámica, loza, o porcelana en su casa, la usen o no. Cada una de estas tres maneras materiales trasmite una suscitación: la cerámica nos trae el alimento como elemento cotidiano, y creatividad, potencia y originalidad, y un cromatismo vital. La loza emisión en serie, repetición, uso casero familiar y social, temas que se repiten de una manera indefinida. La porcelana: refinamiento, delicadeza, emisión pintada de cada pieza, transparencia. Cada una de ellas exigen un mueble y una habitación correspondiente: cocina rural y con atmósfera y gusto; un comedor bien armado y ocupado de muebles de estilo y época, y una sala con vitrina adecuada que conserve estas exquisitas delicadezas como cáscara de huevo. Los nombres propios celebran celebridades. Por la porcelana Vista Alegre, Sevres, Limoges... Por la loza: Sargadelos, Sacavém, Massarelos, La Cartuja... Por la cerámica Darque, Vilar de Mouros, Coimbra, Viana do Castelo... Disponemos del clásico y magnífico libro de José Queirós Cerámica Portuguesa, 1ª ed. 1907. reedición Editorial Presença, 4ª ed .2002. Cada emisión posee su encanto particular, y la complacencia y la mirada son aspectos del deleite y del uso. Sargadelos es un emblema de la cultura gallega del siglo XlX, y hoy constituye un icono fundamental. Los Museos de Pontevedra y Lugo les dedican salas exclusivas

 


La cerámica, la loza y la porcelana expresan iconos que cada uno de ellos remiten a una clase social, a un ambiente, a una mentalidad, a una escena social o a un rito. Así, el acto de tomar el té en Inglaterra y en ciertos hogares. Acto social, degustación de bollería y pastas y la animación que emerge en esta ocasión. La loza se nos antoja extendida en una mesa grande con su mantel; y la cerámica en actos particulares o familiares, como el chocolate casero. Las tres pro­ducciones exponen su delicia, utilidad y encanto, y la belleza y el poder que desprenden anima al paladar e incita a la palabra ocurrente y cordial. Desde el fondo y desde la forma late y vibra la creatividad, la deliciosa y clara inventiva. Y la referencia al uso muchas veces queda señalada por el motivo pintado. Cada pro­ducción posee las calidades y cualidades que le corresponden y les caracterizan, y cada cual podrá escoger. Los paisajes abundan como motivos en la loza, las flores suelen constituir un lucido aspecto de visión en la porcelana, acompañada del oro reluciente.

 


Después de una meditación y una observación gana para mí la cerámica. Posee una fundamental variación y en ella se adivinan la creatividad, los motivos libres, el resultado de una talento natural para pintar, los atrevidos colores empleados, la técnica introducida, la dureza mezclada con la fragilidad, la suavidad compacta, la resistencia al golpe, el brillo. Existen piezas que ostentan decoración grabada por cuero o suelas recortadas -en la cerámica portuguesa esto es notable- en serie igual, y con una geometría muy cuidada. Las piezas de cerámica poseen su historia y su aventura desde su procedencia, el deterioro o el desgaste, el uso. Tuvo que ser supremo e interesante su traslado a un mercado o a un pueblo en carros tirados por bueyes o en animales de carga y en coches de línea, aquellos con vaca y mercancías variadas. Entre el bullicio de las ferias de Galicia y Portugal la cerámica fue exhibida y siempre vendida, como la marca sagrada de la identidad de un pueblo. Como que desde hace décadas ostenta un espacio amplio e ilustrado la cerámica gallega en el magnífico y entrañable Museo do Pobo Galego.

(*) El autor es profesor