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"Esta novela nos Enseña cómo nos zarandea la vida"

Carla Montero publica 'El invierno en tu rostro' (Plaza & Janés), historia de amor basada en la biografía de su abuelo y que recorre los conflictos del siglo XX

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ   | 07.08.2016 
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Con Carla Montero siempre tienes esa maravillosa sensación de que empieza algo nuevo. Y así, esta mañana de sol, aquí, en el Hotel Virxe da Cerca de Santiago de Compostela, es radicalmente nueva. Ahí está, como la última vez, siempre a caballo del lado del lector y del lado del escritor. Fueron los lectores los que un día la auparon al mundo de la literatura, cuando ella ni siquiera soñaba con ser escritora profesional. Y después, con el reconocimiento constante, no ha podido parar. 'La Tabla esmeralda' se convirtió, quizás, en su mayor éxito. Y ahora, en esta mañana luminosa, Carla Montero presenta una novela enorme, una novela que tiene la voluntad de recorrer toda la piel herida de Europa durante gran parte del siglo XX, y que se titula como un verso de John Keats. 'El invierno en tu rostro' (Plaza & Janés), con sus 765 páginas, es una de unas novelas-historia, mucho más que una novela histórica. Pretende dibujar cómo resisten las costuras del amor en medio de los conflictos, cómo la distancia y el tiempo no son necesariamente el olvido, cómo la llama de los días de infancia vuelve a avivarse incluso en los peores inviernos de nuestra vida. Esta novela tiene mucho de las grandes novelas de formación, un bildungsroman en toda regla, un texto en el que los personajes van modelando sus biografías, azarosas como las de todos los humanos, ante nuestros ojos. Y es, como decimos, una obra que discurre en medio de los momentos más terribles del siglo pasado, que no fueron pocos, tanto en España como en Francia, como en otros países de Europa. El despliegue es total.

Esto, Carla, es casi la novela total.

Bueno, la trama arranca en el año 27, con los brotes que preceden al estallido de la Guerra civil. Y luego, claro está, toda la segunda parte del siglo XX está ahí, con todos sus conflictos. La Segunda Guerra Mundial y los últimos coletazos de la lucha clandestina contra la dictadura en España.

Sí, hay mucha Historia. Vemos pasar el horror de un siglo, vemos avanzar el despropósito del género humano. Y, sin embargo, hay algo hermoso que resiste. Porque esta es una historia de amor, la historia de Lena y de Guillén, de principio a fin. Y ese amor parece resistirlo casi todo, lo mismo que el texto, que no decae por muchas páginas que tenga.

Mucha gente me dice... de nuevo la Guerra Civil y la Guerra Mundial. No. Esta es una novela de personajes. De seres humanos. Lo que ocurre es que su peripecia vital se ve sacudida por los vaivenes, tremendos, de los acontecimientos históricos. Desde el principio, Lena y Guillén son personas normales y sencillas, como tú y como yo, y yo quería mostrar cómo los conflictos y las grandes guerras influyen decisivamente en las vidas de las personas y a veces las cambian para siempre. Se trata de descender a la microhistoria, a los personajes concretos que se desenvuelven en escenarios complicados.

Bueno, ese es uno de los grandes temas de la historia de la literatura. Las vidas en medio de los conflictos. El trauma. Hablas y no puedo dejar de pensar en Dostoievski, por ejemplo. O en Primo Levi. Vamos, que no te has cortado nada (risas). Te sentiste cómoda, estoy seguro.

Bueno, sí. Yo sabía que tenía que ser una novela muy extensa, aunque sólo fuera porque abarca muchos acontecimientos históricos. Yo nunca me hago planteamientos previos sobre la extensión. Las novelas son como son, salen como salen. El entorno condiciona no sólo a los personajes, sino al escritor. Lo que sí haces es cortar mucho texto, aunque setecientas páginas parezcan muchas.

Uno tiene la sensación de que, a pesar de que la Historia está poblada de infamias y horrores, el nivel de crueldad del siglo XX es muy difícil de alcanzar. Y lo tenemos ahí, al lado. Hemos vivido en él. Todo esto endurece sensiblemente 'El invierno en tu rostro'.

No sé si ha sido (hasta ahora) el período más terrible. Lo que nos aterra es que está muy próximo a nosotros. Piensas cómo en el corazón de Europa, con tanta filosofía y tanto conocimiento detrás, se pudo dar tanta barbarie, cómo se pudo llegar a esos extremos de... canibalismo humano. Y no encuentras explicación.

Y también nos sirve ese mismo razonamiento para nuestra Guerra Civil. Y para todas las guerras civiles que, incuso en Europa, han sucedido desde entonces.

Claro. Desde luego. Las guerras civiles son las que tienen una cura más difícil. Todo el mundo lo sabe. Sanar eso es complicado, y por eso hay heridas abiertas, y sé que tardarán más en sanar que las heridas de la Guerra Mundial.

¡Cómo me gusta que hayas titulado tu libro con un verso de Keats, y que abras la novela con ese poema magnífico y tremendo de Yeats, 'Un aviador irlandés prevé su muerte', que es uno de mis poemas favoritos. ¡También uno de los míos! Creo que refleja muy bien el espíritu del libro, que consiste en mostrar que, al final, uno es víctima de las circunstancias.

Los pilotos son muy importantes en esta novela. Y los aviones. Comienza precisamente con ese hidroavión francés que se estrella en las montañas de Asturias una noche de tormenta, y que va a ser la chispa que pone en marcha todo la maquinaria de la historia.

Bueno, sí, es el comienzo. Hay que empezar siempre con una escena fuerte. Y es verdad que ese accidente va a ser la chispa que incendia las biografías de Lena y Guillén, los protagonistas. Está basado en un hecho real y documentado en la prensa, en 1948: ocurrió en Burgos, en la Sierra de la Demanda, y me lo contaron los sobrinos del protagonista.

Esta historia podría haber sido una de esas que se vendían por capítulos. Nunca sabes qué va a pasar a continuación, hay muchos detalles y hay que estar pendiente de muchas cosas. En ese sentido, es muy 'dickensiana'.

Tiene ese punto de Dickens, tal vez. Hay, en efecto, muchos asuntos que hay que tener en cuenta. Estamos hablando de vidas de personas que dan giros inesperados [como en Dickens], y eso, claro, da para mucho.

Y se nota que la historia te toca de cerca. Que sabes muy bien de lo que hablas, porque incluso hay referencias personales aquí, ¿no?

Es una historia familiar la que da origen a la trama, sí. La idea que de forma mágica se convierte en novela. Es la historia de mi abuelo materno. Trece hermanos, en las montañas de Asturias... Y, de ellos, tres hermanos estuvieron en los tres frentes diferentes de la Segunda Guerra Mundial. Mi abuelo fue voluntario en la División Azul y estuvo en el frente ruso. Un hermano suyo se afilió de joven al Partido Comunista, se ve obligado a exiliarse a Francia al acabar la Guerra civil, allí se une a la resistencia y acaba internado en el campo de concentración de Mauthausen. Esto cubre el frente del oeste. Y el tercero, el del Pacífico, un misionero dominico que estuvo en Formosa, la actual Taiwán, que vivió la invasión japonesa de la isla y la entrada de Japón en la guerra mundial. Todo esto me sirvió muy bien como punto de arranque para diseñar el comienzo del libro.

Aquí, las personas que se aman están siempre en el bando contrario en los conflictos. Ahí empieza el gran drama.

Sí, yo quería ser imparcial. Cuento las cosas y ya está. Me gusta la idea de que cada uno pueda defender sus argumentos. Vemos lo que pasa desde sus ojos, y es indudable que cada uno tiene sus posiciones ideológicas.

¿Tenías previsto desde el principio que la historia ocupara todo este tiempo y todo este espacio?

Sí, sí. Eso lo supe siempre. Piensa que la novela está basada fundamentalmente en la vida de mi tío abuelo, que arranca desde que es niño y termina en los años 50, regresa de Francia y se une a los maquis de las montañas de Asturias y es apresado por la Guardia Civil. Y yo quería que el libro terminase ahí también.