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TRIBUNA LIBRE

No quiero perder el tiempo

BEGOÑA PEÑAMARÍA // ESCRITORA Y DISEÑADORA  | 15.04.2018 
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No quiero perder el tiempo porque no sé cuánto tengo ni el que le queda a los míos. Esta idea me da miedo, pero más miedo me da el desperdiciar en grande algo que no está en mi mano, que se va y que nunca vuelve; y el hacerlo siendo presa de temores y de angustias que viven en mi memoria o en ejemplos malogrados.

Yo solo quiero vivir soportando temporales capaces de renovarme, y esperar que llegue aquello que aguardo secretamente...Y que lo haga despacito, con el fin de disfrutarlo, de abrazarlo y saborearlo; como el que llega a una meta tras una dura carrera más que repleta de trabas, aderezada con besos, quizás alguna palmada y con algunas personas con las que compartir penas y celebrar alegrías.

Alegrías contenidas en mi regocijo interno, al saber que todo es humo y la brasa es lo que queda... Brasas que son las semillas. La esencia de la materia. Las que apaciguan o prenden. Las que mantienen mi vida ante cualquier avatar. Las que componen mi puzle. Las que nunca me abandonan. Las que jamás se apagaron y, en lugar de resguardarse, volvieron a despertarse con la llegada del viento... Viento que me dio más fuerza para prender más hogueras, emprender otras empresas o jugar al escondite con la suerte escurridiza, a favor o a la deriva.

Y al final de esa carrera- o quizás en la mitad-, con el alma un poco herida, con el miedo siempre al lado y la suerte amiga mía; soy yo quien hace mi vida. Y no pienso desgastarla dominada por fantasmas, torturada por temores o perdiendo mucho tiempo que no puedo permitirme, pues no sé lo que me falta ni cuanto queda a los míos.

Viviré el hoy precavida y disfrutando cada instante. Pensando que hay mucha vida, pero teniendo presente que quizás no haya mañana para mí o para los míos... Y que por ello merezco- tanto como lo hacen estos-, días plagados de besos, de cariñosos abrazos y de pequeños recuerdos que, como notas musicales que por sí solas no valen, componen la melodía en la mejor compañía.

Porque la vida no es más que una canción exclusiva, no sin ciertos desentonos, hermosa por quien la canta y bella por quien la escucha; o un entramado de hilos- limpios o con mil zurcidos-, que el tiempo tejió con mimo para componer la manta con la que tapar lo nuestro y dar cobijo al amigo.

Solo valen las personas. Solo quedan los valores. Solo sirven las vivencias. Lo demás es todo humo. Tan volátil como el aire y tan absurdo como un tiempo que no quiero que se marche sin sentirme satisfecha por haberlo utilizado en lograr colmar de amor a quien ganó mí cariño.

El tiempo es escurridizo para mí y para los míos. Yo no sé cuánto nos queda. Solo quiero aprovecharlo disfrutando lo pequeño, que en realidad es lo grande... Y que al final me recuerde que lo más maravilloso radicaba en lo logrado, en lo amado y peleado; pero nunca en lo comprado y nada en lo regalado.