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Montero Glez. Ian Fleming, en Gibraltar

el escritor madrileño, ganador del ateneo de sevilla este año por 'el carmín y la sangre' (ediciones algaida), habla en esta historia de la vida como espía del autor de james bond, con dosis de esperpento e ironía. Y de su bailaora favorita, juana la petenera

Montero Glez., ganador del Ateneo de Sevilla de este año, fotografíado recientemente en Santiago de Compostela - FOTO: FERNANDO BLANCO
Montero Glez., ganador del Ateneo de Sevilla de este año, fotografíado recientemente en Santiago de Compostela - FOTO: FERNANDO BLANCO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ   | 18.12.2016 
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Es un tipo peculiar. Lo recuerdo bien de Talco y bronce. De Pistola y cuchillo. Esos títulos. Esa afición suya a la parataxis, a la expresión bimembre. A y B. X e Y. Montero Glez. Así: Glez. Da en las fotos como un autor beat, como un viajero tranquilo. Xurxo Fernández dice que da muy bien de buhonero. Glez. Cómo estás Glez., le digo. Enjuto junto a mí, gafas negras: la luz de la lámpara cae como un asesinato de polillas, como una lluvia densa de luciérnagas. Glez. Seré breve: Glez. Le digo: qué chulo, Glez., o sea, esto de El carmín y la sangre. Otra vez, A y B. El ying y el yang. Sangre y arena. "Se parecen tanto..., el carmín y la sangre", susurra. 'Pasaba desapercibido como el humo en la niebla o el carmín y la sangre en una copa de vino...' Lo leí en un microrrelato, en un concurso de El Cultural de El Mundo, al que por cierto dimos el primer premio: así que este título no es mío, lo reconozco".

Llueve, moderadamente. Ahora en Santiago llueve poco, no me hagan hablar. Antes sí que era llover. Pero volvamos al tema. "Santiago sin lluvia es como Venecia sin ti", dice Glez, poético y tal, sin inmutarse. Tu literatura no se parece a la de nadie, le digo. Eres un raro. Me mira, creo. Sus gafas negras están llenas de mucha noche. Habla de Ian Fleming, el creador del agente secreto 007: es el gran personaje de la novela ganadora del Ateneo de Sevilla. "Soy Glez., Montero Glez", me imagino que dice. Fleming estuvo en Gibraltar, de espía. Por ahí van los tiros. "Encuentro la biografía de este tipo y empiezo a brujulear. Pero cómo es que no se habló de Fleming hasta ahora. Se habla mucho de su personaje, pero no de él. Bueno, Kaminsky lo sacó de secundario, hecho todo un James Bond. Es un guiño. Pero yo, brujuleando. Así que pensé que se merecía una novela, y aquí está". La lluvia cae sobre el jardín del Virxe, todo está verde y bonito, pero Glez., prefiere el rojo. El rojo y el negro. Gibraltar como lugar estratégico. Esta novela se desarrolla en 1941. "Está basada en hechos reales. La Operación Goldeneye toma su nombre de Carson McCullers, de Reflejos en un ojo dorado: a partir de este libro se cifran los mensajes. Gibraltar, Estoril y Tánger son los lugares que controla el contraespionaje". También sale mucho en El carmín y la sangre Juana la Petenera, un amor imposible del espía. A Fleming le piden que no presuma de lo suyo, pero él lo dice sin parar: "no, yo es que soy espía". Es una forma de disimular. Me dice Glez.: "todo esto lo aprendí de Chesterton, de El hombre que fue jueves, novela paradójica que recomiendo muchísimo. La mejor forma de ocultarte es siempre saltar a la vista".

En esta novela de espías el humor es muy importante. También el humo. Humo y humor. El humo ciega sus ojos. "Eras más hombre si fumabas en aquella época (aunque había mujeres que fumaban); luego se ha visto que no era buena idea", dice Glez. "Fleming murió de un ataque al corazón. Tanto tabaco (siete cajetillas al día, siete de Virginia Morland Specials), tantas mujeres, tanto beber... Es lo que tiene". Y concluye: "la Guerra Civil fue el juego de sombras de Hitler y Stalin: en ella ensayaron lo que vendría después. Y ahí, en el sur de España está la clave: ahí no hubo posguerra hasta la muerte de Manolete."