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El misterio de la creación: Frankenstein cumple 200 años

CARLOS GARCÍA DAFONTE   | 14.01.2018 
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En este mes se cumplen 200 años de la primera impresión de una de las obras cumbre de la literatura inglesa. Se trata de Frankenstein o el moderno P­rometeo, un clásico que surgió en la cabeza de Mary Shelley con solo 18 años.

Lo hizo para desafiar al poeta Lord Byron y construir una historia de terror. Su creación sobrepasó todas las expectativas y los límites del tiempo. Y a pesar de las críticas recibidas en los años en los que fue publicada la obra, doscientos años después no hay quien desconozca al del mítico monstruo. Parte importante del éxito y perpetuación de su figura la tienen las innumerables revisiones cinematográficas, teatrales e incluso televisivas que a lo largo de los años se han llevado a cabo.

La primera adaptación para la gran pantalla se realizó en 1910. Fue un cortometraje. Desde entonces, se han alumbrado cerca de 150 versiones diferentes que la BBC se ha encargado de catalogar según su influencia y consultando a expertos en la materia sobre ello. Estas son, a juicio de la cadena británica, las versiones más influyentes de Frankenstein, la gran obra de Mary Shelley.
FRANKENSTEIN (1910). En los albores del séptimo arte, un cortometraje de 16 minutos producido por la Thomas Edison Film Company tomó la figura de Frankenstein como protagonista. Casi 20 años antes de que saliese a la luz la primera película con sonido, el corto muestra a Victor Frankenstein en un ambiente doméstico, concretamente preparando su boda.
EL DR. FRANKENSTEIN (1931). Un joven y prometedor científico en el campo de la electrobiología, el doctor Frankenstein, abandona la universidad para refugiarse en un caserón del bosque de Goldstant. En este recóndito lugar instala un laboratorio donde piensa dar vida a su gran sueño: crear un hombre a su imagen y semejanza. Gracias a sus conocimientos, Henry ha conseguido modelar un cuerpo, al que ahora pretende implantar el cerebro. Sin embargo, en su experimento utiliza por error el cerebro de un peligroso criminal, que convierte a su creación en un monstruo de reacciones imprevisibles.

Un director británico, James Whale, y un actor también británico, Boris Karloff, llevaron al éxito la adaptación por la Universal de la novela de Mary Shelley, forjando un clásico del género y del cine. A pesar de unas inciertas previews navideñas, que aconsejaron incluir unas palabras iniciales de advertencia y un epílogo feliz, El doctor Frankenstein obtuvo un éxito masivo que consagró a Karloff como nueva luminaria del género y abrió las puertas a la llamada edad de oro del cine de terror (1931-1941), convirtiéndose con el tiempo en la más famosa y perdurable película de monstruos, prototipo de lo que Carlos Clarens denominóa "escalofrío en la nuca": nada de truculencias, ni salpicaduras de sangre; la cámara jamás se recrea en las escenas de violencia, en lugar de mostrarla la insinúa.

En lo sucesivo, la criatura de Mary Shelley será definitivamente el monstruo desmadejado de Karloff -mitad humano, mitad máquina, a medio camino entre la vida y la muerte-, cuya primera aparición causa un impacto imposible de olvidar que ochenta años de adelantos técnicos todavía no han logrado igualar. El plano donde la pequeña María y el monstruo juegan en la orilla de un lago se ha convertido en una de esas imágenes que representan por sí solas a todo el cine. Como Charlot, Marylin Monroe con la falda al vuelo o John Wayne con sus botas, su cinturón y su revólver. Inolvidables los gritos de "¡Está vivo, está vivo!".


LA NOVIA DE FRANKENSTEIN (1935). En apenas cinco años se consolidó el personaje como un verdadero icono del séptimo arte. Buena parte de culpa la tiene esta cinta de James Whale en la que el siniestro Dr. Praetorius (Ernest Thesiger) propone al Doctor Frankenstein (Colin Clavel) la creación de una compañera para el monstruo. Indiscutible obra maestra del cine fantástico, que consigue una inquietante mezcla del horror y lo poético. Los hallazgos imaginativos son extraordinarios: desde la propia compañera del monstruo hasta el Dr. Pretorius y sus diminutos humanoides. Pero su valor y su coherencia van mucho más allá de la adscripción a un género, erigiéndose en una sinfonía de lirismo macabro.

 


FRANKENSTEIN Y EL HOMBRE LOBO. La segunda manifestación cinematográfica del Hombre Lobo de Lon Chaney Jr. ya conoció un maridaje con otro mito terrorífico, entonces en el comienzo de su decadencia y encarnado por el actor que precisamente había rechazado el papel en su momento por exceso de divismo, Bela Lugosi. Con todo, la película pudo haber sido mucho peor, y es que una reunión entre Roy William Neil (dirección) y Curt Siodmak (guión) siempre es estimulante. Completando el reparto, fieles adictos a las producciones fantásticas de la Universal de entonces, como María Ouspenkaya, Lionel Atwill y Dwight Frye.


LA MALDICIÓN DE FRANKENSTEIN (1957). La productora británica Hammer Films se hizo con la franquicia de terror Frankenstein en 1957. Entonces puso a Christopher Lee en la piel del monstruo y crearon la "primera película de terror realmente sangrienta, que muestra sangre y vísceras en color.
LA FAMILIA MONSTER (1964). Entre 1964 y 1966, hasta 70 capítulos de La familia Monster -The Munsters, en su versión original- atraparon frente al televisor a millones de espectadores en todo el mundo. Fue un producto especialmente influyente en la figura de este mito cinematográfico, ya que dotó al monstruo de una ligereza y comicidad que no se habían visto hasta entonces.


CARNE PARA FRANKENSTEIN (1973). Abusivamente lanzada como producción de Andy Warhol y equivocadamente atribuida a su otrora inseparable Paul Morrisey, una de las peores producciones jamás perpetradas a partir de la legendaria creación de M. W. Shelley. Con mutilaciones mil, erotismo, parodia, todo ello en 3-D para más inri.
EL JOVENCITO FRANKENSTEIN (1974). Frederick Frankenstein (Gene Wilder), un neurocirujano norteamericano, trata de escapar del estigma legado por su abuelo, quien creó años atrás una horrible criatura. Cuando recibe en herencia el castillo de Frankenstein, situado en Transilvania, se muestra tan interesado en los experimentos de su abuelo que llega a crear su propio monstruo (Peter Boyle) con la ayuda de su fiel ayudante Igor (un inolvidable Marty Feldman).

Posiblemente el mejor film de Mel Brooks, en el que efectuó una aguda parodia del mito de Frankenstein. Al contrario que en la mayoría de su obra, supo encontrar el punto justo de distancia entre el objeto y su distorsión. En casi todas listas de mejores películas de la historia.
FRANKENSTEIN DE MARY SHELLEY (1994). En 1794, el barco del capitán Walton navega hacia el Polo Norte. Entre los hielos rescata a Victor Frankenstein, un médico de Ginebra. Una vez a salvo Frankenstein relata al capitán la espeluznante historia de su vida. Revisión de uno de los mitos fantásticos por excelencia, en la que Branagh efectuó una recreación más cercana a los arquetipos culturales y estéticos del romanticismo que de la mitología terrorífica tradicional. Desafortunada superproducción, emprendida a tenor de la óptima acogida comercial que disfrutó la todavía peor Drácula de Bram Stoker, por iniciativa del artífice de ésta, Francis Ford Coppola. El siempre ególatra Kenneth Branagh asume las riendas del proyecto (director, protagonista, guionista, co-productor) y no obtiene otro fruto que una átona y aburrida mezcolanza de grandilocuencia de qualite, mal entendida fidelidad a la novela original y oportunistas , e inoportunas, reminiscencias del filón Psycho Killer, a lo largo de un desarrollo careente de armoníaa conceptual y narrativa.


FRANKENSTEIN (2011). Benedict Cumberbatch como Victor Frankenstein y Jonny Lee Miller como el monstruo. La adaptación teatral del Royal National Theatre, escrita por Nick Dear, dirigida por Danny Boyle y protagonizada por estos dos actores, fue un regreso a los orígenes del personaje en la obra de Mary Shelley.