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Mestre Mateo: cosiendo ideas

En compostela hay cantera artística. con sede en la rúa virxe da cerca, de la mestre mateo salen cada año generaciones de nuevos joyeros, escultores, creadores de producto y de arquitectura efímera y fotógrafos. Hoy nos acercamos a las entrañas el centro para saber cómo se forman los diseñadores

Alumnos de la Escola de Arte e Superior de Deseño (EASD) Mestre Mateo, con sede en la rúa Virxe da Cerca, en una de sus clases  - FOTO: SERGIO VILLAR
Alumnos de la Escola de Arte e Superior de Deseño (EASD) Mestre Mateo, con sede en la rúa Virxe da Cerca, en una de sus clases - FOTO: SERGIO VILLAR

ELVA OTERO  | 21.05.2017 
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El maniquí lleva un modelo transgresor: falda larga y top hechos con radiografías, carrete fotográfico, hule transparente y polipiel. Se llama Hollywood’s items. Al lado hay otro con un traje no menos vanguardista. Confeccionado con lona, malla oculta, mosquitera, pajitas y correa, lleva el nombre de Skeletons in the closet. La lista sigue con unos cuantos diseños más que protagonizan una exposición en la tercera planta de la Escola de Arte e Superior de Deseño (EASD) Mestre Mateo. Los firman alumnos de tercer curso de Deseño de Moda para su asignatura de Proxectos. Esta vez les ha tocado crear con material de reciclaje. Derrochan imaginación. “Para dedicarte a esto, tienes que amar realmente lo que haces y ser muy curioso. Todo es para ayer y hay que tener capacidad de reacción”, explica Carmen Pastoriza, profesora del centro y tutora de prácticas de empresa. “Cuando estás en una cafetería o en la calle, debes observar lo que sucede a tu alrededor y valorar qué puedes aportar para cambiar las cosas. Ahí puede estar la clave de lo que necesita tu futuro cliente”, añade.

A través de las ventanas del histórico edificio de San Agustín se contempla una de las mejores vistas de la praza do Irmán Gómez. El pasillo es un continuo ir y venir de jóvenes estudiantes llenos de ganas y de ilusión. El cambio de clases les obliga a apurar el paso. En el centro de Virxe da Cerca 32 se forja la cantera de las futuras generaciones de fotógrafos, joyeros, expertos en arquitectura efímera y técnicas escultóricas, diseñadores de producto y también creadores de moda. Esta última ya suma ocho promociones. Es la única escuela pública en Galicia que otorga esta titulación, reconocida con el nivel de grado. La mayoría de los alumnos accede a través de una prueba específica. En la primera parte tienen que responder un cuestionario de cultura general. La segunda consta de dos ejercicios prácticos de dibujo. En cuatro cursos académicos adquieren competencias para rastrear tendencias (coolhunter), vestir actores y presentadores de televisión, diseñar complementos y ropa, confeccionar trajes a medida, investigar nuevos conceptos, estilismo y un largo etcétera.

“La moda es un producto. Es lo mismo diseñar un vestido que una cafetera. Tienes que buscar la forma de encajarlo en el mercado y que tenga un precio asequible. Hay que convencer de verdad de que lo que has creado es realmente viable”, recalca Pastoriza. Incluidas en el segundo semestre del cuarto y último curso, se abordan las prácticas en empresa (no remuneradas). Con una duración que oscila entre las 250 y las 300 horas, constituyen un pilar fundamental de la titulación. Detrás de cada convenio con firmas del sector textil se esconde un duro trabajo de gestión por parte de la escuela, confiesa la docente. “No nos buscan. Tenemos que ir desde aquí a buscarlas. Muchos desconocen que existe esta oferta formativa”, abunda. “Las prácticas son muy importantes porque para el alumno suponen un tremendo golpe de realidad”, prosigue. Aun a pesar de los esfuerzos, la lista de empresas colaboradoras con la EASD no es corta. Inditex, Adolfo Domínguez, D-Due, Textil Lonia (Purificación García + CH Carolina Herrera), Nanos Moda o Pili Carrera son solo algunas de las compañías que adoptan temporalmente en su plantilla a estudiantes de la Mestre Mateo.

Muchos logran quedarse. Según datos del centro, más del 50 % se incorpora al mundo laboral en los seis meses siguientes de acabar la carrera. “Me hace mucha ilusión cuando salen. En Galicia es muy importante el sector textil y esta profesión se respeta”, celebra Pastoriza.

ELIZABETH FANDIÑO: “LA MODA NECESITA PONERSE LAS PILAS”


Es de Vigo. Tiene 20 años y llegó a la Mestre Mateo empujada por una de esas escenas de infancia que, sin quererlo, marcan el destino. Creció entre agujas, hilo y telas de diferentes texturas. A su abuela le apasionaba la costura y consiguió inculcarle su afición. “Que conste que no sé coser, ni dibujar”, bromea Elizabeth Fandiño. “Para dedicarse a esto no es necesario tener una cualidad específica. Al fin y al cabo, la moda es libertad, es algo muy artístico”, prosigue. Su acceso también fue a través del Bachillerato Artístico. “En realidad los estereotipos del mundo de la moda no me atraen nada. Lo que me gusta es su vertiente como forma de expresión, ese aire cosmopolita y su popularidad”, explica.

Del programa, la asignatura que más simpatías le despierta es la de Proxectos. “Te permite seguir todo el proceso de una prenda: desde que tienes la idea, hasta que la desarrollas. Te obliga a hacerte un montón de preguntas. A mí me preocupa siempre que los demás entiendan lo que quiero hacer”, confiesa. “Al final lo que importa es que estás expresando algo. Y solo con eso, te sientes muy realizado”, continúa la joven.

En un horizonte muy lejano, Elizabeth fantasea que poner en marcha su propia firma sostenible. “La moda necesita ponerse las pilas. El daño que ha hecho la industria algodonera es irreversible. Es muy importante impulsar la moda ecológica y el consumo responsable”, defiende. Casi no se compra ropa. Intenta reciclar lo que hay en su desván y regaña a su madre por ser una fashion victim. No en vano, su proyecto de empresa no baraja fabricar fuera de España. Aboga por líneas depuradas, colores básicos y colecciones unisex. Si tuviera que elegir un espejo en el que mirarse, no lo duda. “Balenciaga fue un fenómeno. Por algo es conocido como el arquitecto de la moda”, comenta. Le atrae también lo que se hace en Japón. “Es muy interesante su forma de vestir. Me encantan esas líneas puras”.

Iria Matos: “lo creativo quema. Le DAS vueltas a la cabeza todo el día”

A Iria Matos la pasión por la moda le viene de familia. Años atrás su prima obtuvo la titulación en la Mestre Mateo. “Siempre que necesitaba una modelo me cogía a mí”, recuerda. Enseguida le picó el gusanillo. Una de sus aficiones era –y sigue siendo– matar los ratos muertos con el bloc y el carboncillo. Una cosa llevó a la otra y, llegado el momento de elegir un camino, no tuvo demasiadas dudas. “Me gustaba mucho el diseño y me sentía conectada a este mundo”, continúa. La hoja de ruta estaba clara. Por si la prueba de acceso no salía bien, completó el Bachillerato de Artes Plásticas y superó la Selectividad. Natural de Bertamiráns, tiene 20 años y ya está en el tercer curso.

Con medias de rejilla y vestida de negro impoluto, Iria sueña con sacar adelante su propia firma. “La idea es contar con la experiencia suficiente para establecer contactos con proveedores y profesionales vinculados al diseño y, en el futuro, montar mi propia empresa”, detalla. La que se ha puesto es una meta complicada, sembrada de obstáculos, pero su cabeza no deja de darle vueltas a un plan que ya está perfectamente definido. Dirigida a los jóvenes, su línea será urbana, con colores vivos y precios asequibles. “Aunque quizás no sería muy rentable para mi público objetivo, yo misma podría fabricar las prendas”, relata. Con conciencia ecológica y en contra del made in China, quiere que sus creaciones lleven etiqueta española o, en su defecto, británica. No es de extrañar que sus referentes –Maria ke Fisherman o Mané Mané Estudio– no tengan puntos de venta en millas de oro de grandes capitales.

Pero cuando es la esencia de un trabajo, la creatividad puede acabar resultando una carga. “Es algo que me preocupa bastante. Requiere un esfuerzo mental importante porque le estás dando vueltas a la cabeza todo el día y eso acaba quemando”, admite. Con el diseño a cuestas dentro y fuera de la escuela, a Iria le cuesta mucho diferenciar lo personal de lo profesional. “Organizar el tiempo es lo más complicado de esta carrera”, confiesa.