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Marc Clotet:"A mí no me da miedo enfrentarme con alguien y poner las cosas claras"

TEXTO JOSÉ AGUILAR   | 10.07.2016 
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En poco tiempo se ha convertido en uno de los actores que apuntan a tener una carrera de fondo implicándose en lo que verdaderamente significa la interpretación. Sin estar pendiente de explotar su físico, su sensibilidad le permite buscar otros horizontes que sorprenden. La mirada profunda, repleta de interrogantes, enseñorea el viaje redentor que implica un compromiso serio. Su honestidad como profesional consigue que algunos levanten la ceja.

-¿Cuál es la diferencia entre un gran actor y una estrella?

-Yo creo que lo de "estrella" es un cartel que te pone la prensa desde fuera, porque ellos consideran que has conseguido unas metas que son merecedoras de colocarte esa medalla y un gran actor es un profesional que es capaz de emocionar en cada uno de sus trabajos y que si lo miras ves ese momento de realidad. Cuando eso pasa es mágico. Ser una estrella es como estar colgado en un árbol de navidad, te puedes caer o no, dependiendo de las circunstancias. Conseguir ser un gran actor es algo que se va construyendo y que si logras alcanzarlo te acompaña siempre. Lo de ser una estrella es algo tan pasajero y tan volátil que para mí no tiene ninguna importancia.

-De hecho, muchas estrellas no tienen grandes capacidades interpretativas...

-Sí, claro. Yo creo que, al final, cada uno escoge el camino que puede o quiere seguir.

- ¿Usted sabe lo que quiere?

-Yo quiero trabajar como actor toda mi vida... cambié mi trayectoria a los 27 años porque hasta entonces había trabajado en marketing. No me arrepiento ni mucho menos de lo que hice, me encantó, pero tenía un gusanillo ahí dentro, porque la interpretación era mi pasión y me atreví. Así que, si puede ser, todo lo que quiero hacer está relacionado con este mundo.

-Tampoco se le da mal lo de la alfombra roja...

-No, bueno, son momentos que te los tomas como una fiesta, que es lo que son. Hay que saber compartirlos con los compañeros y pienso que también es importante poder vender la industria en la que trabajas y dónde estás. Hay que enamorar al público y que la gente te quiera ver y generar esa ilusión que se desprende del séptimo arte y ya está.

-Tiene usted una imagen que no corresponde con su carné de identidad. Realmente, parece mucho más joven...

-Sí, me lo dicen mucho, la verdad. No sé si es bueno o malo. El tema de la edad es algo curioso. Prácticamente en cada castin que haces te preguntan la edad que tienes y para mí es algo que no tendría que tener ninguna importancia, porque para un personaje es la que representas. Es cierto que hay un momento en el que ya no te ves haciendo papeles de veinteañero. Hay chavales que lo pueden hacer mejor. A mí me han llegado incluso a decir que necesitaban a un actor que pareciese mayor, pero, bueno, me encanta hacer papeles de joven y que me den muchas oportunidades para interpretarlos desde el conocimiento. No tengo ninguna prisa por madurar en la pantalla.

-Hábleme de los directores, ¿quién ha sabido entenderle mejor?

-Creo que Benito Zambrano. Es una persona que tiene una gran sensibilidad a la hora de trabajar en los proyectos. De hecho, dedica cinco o seis años a preparar una película. Él parte de su interior y, cuando te dice que algo está bien, no te queda duda porque es alguien en quien confías. Sabe perfectamente cuando estás en el personaje o si se la estás intentando colar. Así que como actor, cuando tienes un director de orquesta al que te puedes entregar con los brazos abiertos, sin ningún tipo de duda, es lo más maravilloso que te puede pasar. Es ahí cuando pueden salir las cosas más bonitas.

-¿Ha habido algún momento realmente difícil con alguno?

-Muy pocos. Es que tengo que ser sincero. Nunca he tenido un episodio de pasarlo realmente mal. Esa sensación de no sentirte cómodo. Soy consciente de que todos somos personas, que cada uno tiene su día y generar un proyecto significa estar repleto de tensiones porque hay mucha responsabilidad por parte de cada uno. Hay momentos en los que es cierto que se puede llegar a decir algo de manera inadecuada, pero tienes que ser dúctil y saber entender que las razones siempre están relacionadas con el momento que estás viviendo y no tomártelo a pecho y que eso te afecte y te hunda. Lo que importa es saber utilizar todo lo que esté pasando para tu personaje. No sirve de nada estar quejándote. Yo he tenido desacuerdos con directores y si he podido, lo he manifestado, pero siempre desde el respeto. Soy de las personas que si algo no me gusta lo digo. Eso sí, con toda la educación del mundo porque la no juventud te da una serie de ventajas. A mí no me da miedo enfrentarme con alguien y poner las cosas claras.

-Ha tenido la suerte de trabajar con actores muy importantes, ¿cómo se siente cuando se enfrenta con compañeros que tienen una trayectoria abrumadora?

-La experiencia te demuestra que los más grandes son siempre los más humildes y es la gente que más te ayuda y que provoca que te sientas tranquilo en ese momento. Nunca he tenido miedo a los retos. A mí me gusta preparar las cosas muchísimo y cuando llega ese día trato de darlo todo. Hay que intentar disfrutar con lo que estás haciendo y no tener tensiones para que las cosas salgan bonitas.

-Pero habrá algún actor que le haya impuesto más...

-Hay bastantes, la verdad, porque he tenido mucha suerte en mi carrera. Cuando supe que iba a trabajar con Carlos Álvarez Novoa me hizo mucha ilusión porque era alguien a quien admiraba y que tenía un bagaje y una mirada impresionantes. Al final, fue maravilloso porque se convirtió en alguien de la familia. También me hizo especial ilusión cuando entré en "El Comisario" y trabajé con Tito Valverde, al que yo veía en la serie cuando era un chaval, y cuando me veía grabando con él pensaba las veces que le había visto de pequeño y me parecía mentira estar allí en primera línea de fuego.

-¿Tiene usted referentes a nivel interpretativo?

-Creo que lo más importante en un actor es la verdad que tenga a la hora de dar vida a los personajes; por eso me gusta tanto Eduard Fernández. Él sabe cómo llegar a cada registro de la forma adecuada. A mí me encantaría ir madurando y llegar a tener esa capacidad interpretativa. Tampoco puedo olvidarme de Jordi Mollá que es un grandísimo actor.

-¿La disciplina es fundamental para ser un verdadero profesional?

-Es muy importante en cualquier disciplina que se afronte desde la profesionalidad. Todas requieren muchísimo esfuerzo, constancia y trabajo diario. Como actor tienes que tener claro que si quieres mejorar son horas y horas de trabajo. Tus herramientas son el cuerpo y la mente y tienes que trabajarlas al máximo para tener tablas.

-¿Sigue usted algún método?

-Cada proyecto es una historia nueva y el tiempo que tengas para prepararlo es algo que te limita muchísimo. Hay que tratar de hacer una inmersión en la época para poder situarte de la forma adecuada e intentar hablar con mucha gente que te pueda aportar muchas cosas que te den referencias. La mochila tiene que estar cargada y cuando llegue el momento tienes que estar para que puedas proyectar cosas.

-¿Cuántas zancadillas le han puesto?

-No soy consciente de que alguien me haya hecho algo que me impidiese llegar a un sitio concreto. Seguro que quien las hace es un experto y ni te enteras que pierdes ese tren. Se lo digo en serio, no lo sé. Es cierto que hay mucha competitividad, pero también hay mucho compañerismo. La rivalidad existe, pero esto es un juego y no siempre te toca el premio.

-¿Qué es lo peor de este mundo tan difícil?

-Los períodos entre trabajos y no saber lo que va a ocurrir. Yo intento vivirlo en tranquilidad, pero es complicado porque vives de esto y enlazar unos proyectos con otros no es fácil; por eso, es tan importante saber generar tus propios proyectos y tener un motor activo.