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Manuel Rico: enigma en un hotel con encanto

El escritor, ganador este año del premio Logroño con 'El extraño viajero' (Algaida), habla aquí de los temas que le inspiraron . Y la ganadora del premio Logroño para jóvenes, Tania Padilla, explica su historia, un viaje hilarante al fondo de la política

Tania Padilla y Manuel Rico, fotografados en los jardines del Hotel Virxe da Cerca, de Santiago de Compostela.
 - FOTO: F.Blanco
Tania Padilla y Manuel Rico, fotografados en los jardines del Hotel Virxe da Cerca, de Santiago de Compostela. - FOTO: F.Blanco

TEXTO JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ FOTO FERNANDO BLANCO   | 09.10.2016 
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Ganadores hace ya algunas semanas del premio Logroño de novela, Manuel Rico (M.R.) y Tania Padilla (T.P.) no sólo representan dos generaciones muy diferentes de escritores, sino dos maneras distintas tas de concebir la literatura. Manuel Rico, poeta, narrador, crítico, presenta en El extraño viajero una mirada quizás no muy habitual a los campos de trabajo del franquismo. Pero envuelta en la trama de una enigmática narración. Tania Padilla, por su parte, aborda en Un secuestro raro una hilarante visión del mundo de la política, construida de forma coral.

M.R. No tenía a Ítalo Calvino en la cabeza cuando pensé en 'una noche de invierno un viajero...". Pensaba más bien en los hoteles rurales del vértice norte de la provincia de Madrid, de cerca de Somosierra, la Tejera Negra y el Rincón. Ya sabes, es mi gran territorio. Con esta novela, de hecho, cierro el ciclo de la montaña. Pues bien, yo quería esa imagen: un viajero que llega después de caminar mucho, en un estado un poco preocupante, a un hotel de la sierra, que está casi vacío. Sólo la gerente, Lucía Olmedo, se encuentra en el edificio. Con el paso de los días todo desemboca en una relación carnal e incluso nace una historia de amor. Hay un instante en el que el viajero desaparece, porque se va a hacer unas gestiones, pero ya no vuelve. Creo que no se puede revelar mucho más. Quizá sí... quizás podemos decir que el viajero deja algo que permite a Lucía hacer una serie de indagaciones que conduce a un espacio, el de los campos de trabajo de los años 40 y 50, un tanto imprevisible para el que empieza a leer la novela. Se trata de un campo de trabajo que había estado próximo al lugar en el que se encuentran. Ese juego con el tiempo y con la Historia sí es propio de Calvino.

T.P. La mía, Un secuestro raro, es una novela muy cordobesa, el lugar del que soy yo. Se cuenta el robo de la custodia del Corpus, que es la otra custodia de Arfe. La roban en un helicóptero y hay un secuestro de un partido monárquico conservador. Todos los personajes están un poco locos y son un poco bobos, a lo mejor como todos nosotros. Hay una evolución en los personajes a lo largo de la novela. Todos quieren dar a entender que se van al centro, una progresía moderada. La mía es una novela muy valleinclanesca, muy esperpéntica. El primer borrador lo escribí como teatro.

M.R. El tema de los campos de trabajo no es muy conocido. En Europa, en los campos de concentración, los aliados abrieron al llegar y dejaron sacar fotografías. Aquí, en esos campos, hubo pocos intelectuales. La mayoría se habían ido al exilio. Es un espacio muy poco conocido. A mí me la contaron dos viejos en la montaña: aquella vida cotidiana de los presos. En la novela se cuenta la posibilidad de que alguien encuentre un carrete de fotos hechas allí dentro, porque hay muy pocos testimonios gráficos. La novela aborda también algo que tiene que ver con Hemingway, con Orwell..., que es la experiencia del escritor y periodista inglés Humphrey Slater. Era comunista en la guerra, volvió a Inglaterra, se hizo conservador, y regresó a España. Luego desapareció. Sobre él cuento esta hipotética historia que bien pudo ocurrir.