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El malestar contemporáneo en Iván Prieto

Por Fátima Otero

06.11.2016 
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La manera más eficaz de combatir los males es exteriorizarlos, porque una vez sacados, extraídos del interior, tal como un ejercicio catárquico, quedamos aliviados. Los expresionistas vomitaron con fuerza sus rabias y angustias plásticamente, a la vez que su chorreo visual servía para denunciar el dolor que soportaba la sociedad. Los males cambian como varían los entornos en los que nos desenvolvemos, pero la mayoría de ellos son tan eternos y universales que siempre se repiten.

El tema del sufrimiento ha sido objeto recurrente en la reflexión filosófica y en la práctica artística.

El artista gallego Ivan Prieto (O Barco de Valdeorras, Ourense,1987) se hace eco de los males que acechan al hombre, tanto físicos como mentales: las cargas que debe soportar de toda índole, la sordera, ceguera, hipersensibilidad, opresión... ,taras que quedan plasmadas en sus intrigantes figuras. Algunas sumamente expresivas exhiben sus dolencias sin pudor, otras son bastantes más contenidas. Todas salen a la palestra, al escenario para encarnar episodios del gran teatro del mundo calderoniano.

Porque las figuras de Iván parecen arrancadas del teatro, donde cada uno representa su mejor papel en clave cómica. Unos van luciendo pesados cojines a modo de actuales sísifos condenados a perpetuidad a soportar pesadas e interminables cargas. Otros quedan totalmente ocultos en un mar de manos crispadas que claman al cielo y al entorno más próximo, en un intenso rojo que vocea injusticia y dolor.

Los más, sofocan sus gritos gracias al pudor con que envuelven su tristeza o escepticismo. Otro grupo de imágenes, con resignación cristiana, permanece inmovilizado buscando a tientas su libertad en un mundo que se la escamotea las más de las veces. Hoy, casi todos vamos uniformados y permanecemos esclavos de unos cánones de belleza impuestos por la sociedad. El artista rompe con esa esclavitud vistiendo a sus piezas de manera totalmente surrealista y atrabiliaria.

La idea del mundo como teatro y el hombre lanzado a esa gran palestra es la propuesta de Iván Prieto para la Sala de Exposiciones del ayuntamiento de A Coruña. La muestra la titula Ícarus porque el ourensano recupera el antiguo mito de Ícaro, ese que encandiló a artistas de todos los tiempos.

El ícaro de Prieto se convierte en un relato autobiográfico de sus últimos años en Berlín, ciudad en la que lleva instalado desde 2012. Y nos recuerda una vez más que no es llegar y besar el santo sino que todo debe ir a cámara lenta. Él también halló dificultades al entrar en un nuevo país y sufrió la sensación de asfixia, la falta de aire que a su vez lleva aparejada la inseguridad; son sentimientos con los que el espectador se siente identificado. Porque a todos se nos han fundido las alas en más de una ocasión, pero el mérito está en volver una y otra vez a emprender nuevos vuelos aún conociendo las limitaciones de cada uno.

Los variopintos personajes que pueblan la sala pertenecen a un creador realista en el sentido de que se enfrenta directamente con los males reales sentidos para exorcizarlos. A nivel estilístico sus figuras son expresionistas en las manchas que caen como lagrimones sobre el cuerpo escultórico. Las poses pensativas e introspectivas de muchos personajes, inmovilizados por los elementos que limitan sus movimientos, recuerdan la obra de Gehard Demetz.

Los ecos surrealistas se perciben en los miembros corporales desproporcionados, ausentes o adosados a elementos tan extraños al sujeto que devienen en hojas o atributos animalísticos. Son seres un tanto grotescos y extravagantes pero se hacen tiernos. Torsos y caras lívidas o demacradas, encerradas en su silencio hierático, tras el que se esconden. Otras figuras se desinhíben con tocados en forma de flor o cojín, exhibiendo discapacidades físicas o imperfecciones mentales, resaltados más por el potente colorido y fuerza expresiva de unas piezas elaboradas en su mayoría en cerámica.

Todos en su papel de cuerpos enfermos que celebran su fealdad o los batacazos de la vida. Vemos a freakys y a punks, un look tomado de la contemporaneidad berlinesa. En todo caso, figuras con mucho gancho. Prieto rinde homenaje y retiene la fragilidad, el exceso y la carencia, por ejemplo de aire. Ahí están muchos seres expulsando bocanadas o henchidos de ese elemento tan vital.

El arte aspira a superar nuestras limitaciones en una permanente invitación al vuelo de la utopía. Sigan volando, porque el aire lo suministra la obra de Iván Prieto. Pasen y véanla, la Plaza de María Pita se abre de par en par para hacer volar la imaginación.

(*) La autora es

crítica de arte