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El mal endémico de la sociedad

BEGOÑA PEÑAMARÍA (*)   | 02.07.2017 
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Nuestra vida transcurre entre momentos de alegría y satisfacción y otros en los que malgastamos el tiempo preocupándonos por problemas... Algunos de estos se escapan de nuestro control porque los ocasiona la clase política-generalmente compinchada con los grandes empresarios-; y otros porque nos los originamos los ciudadanos de a pie unos a otros... No obstante, en cualquiera de ambos tipos de embolados, el denominador común es el mismo: frustración, dolor, infidelidad, corrupción, rabia, soledad, abandono, injusticia... Una serie de tumores que enferman de forma concreta al individuo y de manera general a la sociedad en la que este vive.

Hace años en los que el deporte nacional ya no es el fútbol... Décadas de entrenamiento exhaustivo e individual han logrado que el egoísmo le gane al deporte rey todos los partidos por goleada... Esta vergonzante lacra se ha hecho dueña de la sociedad en la que vivimos. Los egoístas se autoengañan haciendo creer a propios y a extraños que no son de esa calaña, porque en el fondo no son más que cobardes que tratan de protegerse no a sí mismos, sino de sí mismos..., de sus inseguridades y de sus errores difícilmente reconocibles. En el fondo, el individuo egoísta es un ser débil de apariencia contraria, que teme quedarse desnudo al prescindir de la coraza que ha esculpido durante años de "defensa" propia.

Y después de esta reflexión, habrá quien vuelva a autoengañarse pensando: "Bueno... ¿Y qué pasa? Yo soy así... Me preocupo por mí y si no lo hago yo, no va a hacerlo nadie"... Una práctica muy "loable", sino fuera porque al multiplicar ese sentimiento por más de la mitad de los habitantes de este planeta, nos encontramos ante un mundo apestoso, de pensamiento individualista, en el que impera la ley del sálvese quien pueda y en que la bondad se esfuma por el desagüe del váter una y otra vez...

Vivimos en un mundo marrón con algún claro propiciado por la bondad de aquellos que piensan antes en los demás que en sí mismos, que ayudan sin buscar contraprestaciones a cambio, que no han pisado jamás un despacho y que se morirían de la vergüenza antes de verse obligados a pasar un fajo de billetes por debajo de la mesa a la fuente de sus "favores"y en busca de muchos más... Una clase de gente que -como la mayoría de nuestros abuelos-, no está en venta, cree en lo que cree, pero es capaz de escuchar, aprender, compartir, empatizar y ceder... No temen destruir su coraza porque no la tienen. En realidad no les hace falta porque en ellos habita un alma que irradia luz y bondad allá donde va. El egoísmo es la basura del ciudadano de a pie, es la parte más mezquina del ser humano... Mata el amor, pone en alerta a las amistades, envejece el alma, confunde el raciocinio, corrompe las entrañas y al ciudadano común y corriente lo acaba dejando solo, cansado, viejo y acompañado en exclusiva por sus dudas y remordimientos de conciencia... En cuanto al dirigente corrupto que rió divertido mientras jugaba a ser mafioso del tres al cuarto cuando todo eran fiestas y prevendas, el egoímo que le llevó a querer más y a hacer acopio de los favores que un pringado con ínfulas le otorgó un día, sin duda le traerá una buena parte de su vida entre rejas, o engullido por el desprestigio, señalado por el dedo de la sociedad y estigmatizado por la desconfianza..., así que desaparecerán de un plumazo los días de vino y rosa, y estos dejarán paso a otros de cabeza gacha hasta el fin de sus días...

No es el poder en manos de indocumentados el que destroza la sociedad que conocemos... Ni tampoco lo es la acción que lleva a un ciudadano de a pie a hacer una hoguera con las cabezas de los que un día "quiso" y luego le estorbaron... Es el EGOÍSMO, señoras y señores, la lacra de nuestro tiempo, la infelicidad hecha adjetivo y la tumba de la felicidad de quien erigió esa bandera como estandarte... A nivel personal o institucional, eso me trae sin cuidado... El denominados común es exactamente el mismo.

(*) La autora

es escritora