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Leer en verano : palabras para julio, luz de agosto

Decenas de entrevistas a escritores en el programa literario de Radio Obradoiro 'El Sábado Libro' sirven al autor de este artÍculo para elaborar un informe informal sobre las lecturas que pueden acompañarnos en la playa. aunque nada debe ser descartado: el verano admite clásicos y novísimos, literatura de oleaje y de calma chicha

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ   | 03.07.2016 
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El verano es el momento perfecto para recapitular el año literario. Por fin hay tiempo por delante para atreverse con novelones de más de quinientas páginas. Pero si lo que usted prefiere es la novela corta, el relato, incluso la poesía, tampoco pasa nada. La playa lo admite todo. El mar lleva en su vientre toda la literatura y de vez en cuando lanza libros sobre la arena, a discreción. Como diría Manuel Rivas, como dice en O último día de Terranova, una de las grandes novelas del año, todo puede suceder más allá de la línea del horizonte.

Estos primeros meses de 2016 han dado una buena cosecha literaria. En El sábado libro, el programa literario de Radio Obradoiro (102.1) que se emite desde hace más de diez años (cada sábado a las once de la mañana), han pasado algunos de esos autores imprescindibles. Y otros, irán pasando en los próximos meses. Este año, por ejemplo, ha sido propicio para los autores argentinos. Le dije a Eduardo Sacheri, ganador del premio Alfaguara de Novela, al que entrevisté prácticamente recién bajado del avión, si había otro boom argentino, si Latinoamérica volvía con fuerza (en realidad, nunca ha dejado de tenerla), y si el desembarco de autores argentinos en Europa, a la manera de los grandes, estaba cantado. Hace sólo unos meses me había encontrado con la gran Schweblin, que vive en Berlín. Néspolo había firmado un gran titulo para Los libros del lince. Y mi amigo Martin Lombardo, aunque demasiado ocupado en Francia con sus cosas académicas, sigue siendo toda una promesa que encontrará su sitio. Pero de pronto hemos tenido La noche de la Usina, un libro más que recomendable para este verano: este vértigo de personas sencillas que, en pleno corralito, se sienten burladas. Mercedes Corbillón, colaboradora imprescindible de El sábado libro, acudió a la entrevista de Sacheri, que Javier Pintor nos había preparado con el mimo habitual. Fue un momento mágico, porque Corbillón fue miembro del jurado que premió a este tímido, estupendo Sacheri, que sin duda recomendamos para llevar a la playa.

Unas semanas antes conocí por primera vez a Patricio Pron. Podría decirse que su literatura, lingüística y estructuralmente compleja (No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, Random), puede ser inadecuada para una tarde de playa. ¿No sirve la literatura política, o con ingredientes políticos y filosóficos, para la línea del horizonte? Les aseguro que sí. ¿No llevaron El impostor a la playa? ¿No lo hacen con las novelas que Seix Barral publica de la imprescindible Clara Usón? ¿No leyeron Valor o La hija del Este? Háganlo. ¿No leyeron El sistema, el premio Biblioteca Breve de este año, imprescindible distopía futurista, inquietante relato orwelliano, creado en ese lenguaje secreto de Menéndez Salmón, uno de los grandes? Háganlo.

Volviendo a los argentinos, aún recuerdo encuentros realmente memorables. Claudia Piñeiro, a la que conocí junto al Atlántico, es una de esas escritoras para todas las estaciones. Muy cercana a Galicia por los ancestros, como el propio Sacheri, la suya es una de las prosas que no pueden perderse. Y, desde luego, tampoco se pierdan la de Federico Axat, ingeniero capaz de crear las ficciones negras más inesperadas. Ediciones Destino lleva tiempo dando a la imprenta grandes ficciones negras. Aparte de Víctor del Árbol, el Nadal de este año con una historia oscura ambientada en la Costa da Morte, merece mucho la pena (y se alegrarán de llevarla a la playa, sin sobresaltos), la obra de Axat, La última salida, una novela que narra el extraño vértigo, realmente increible, en el que se ve envuelto un hombre cuando, en el preciso instante en el que va a suicidarse, descubre que alguien está llamando insistentemente a su puerta.

La novela negra, ya que estamos, es uno de esos géneros que parecen perfectos para una jornada playera, pero también para una noche de invierno frente a la chimenea. Ya pasaron meses desde aquel día glorioso con John Banville, quien este año, con su nombre, y no con el de Benjamin Black, nos ha ofrecido algo tan valiente y brillante como La guitarra azul (Alfaguara). Pero la novela negra no ha dejado de visitarnos una y otra vez. Creo que, a pesar de todo ese frío nórdico que desprende desde hace años, o precisamente por eso, es la lectura perfecta para nadar este verano, sin perder pie. Toni Hill, grande en el género, presentó Los ángeles de hielo (Grijalbo) en la librería Cronopios de Compostela. En compañía del inefable Xurxo Fernández, Toni Hill nos dio una de sus divertidas lecciones de negrismo literario. Su novela, es una lectura perfecta para los días que se avecinan, literatura de gran calidad con ese terror gótico, instalado en la Barcelona de principios del siglo XX, filtrado a través de los relatos de un psiquiatra, Sebastián Freixas, que relata lo que le contó otro psiquiatra, Frederic Mayol. Aquí Toni Hill no puede abandonar las influencias de su primera profesión y se dedica a desnudar de forma perturbadora todas las esquinas del alma humana. No deja de tener también su aire inquietante, con homenaje a Italo Calvino, el premio Logroño de novela de este año, Un extraño viajero (Algaida), la novela del poeta Manuel Rico que se adentra en la sorpresa continua, en la impostura, en el miedo doméstico. (Y muéranse de risa, también, con la finalista, la ponceliana y valleinclanesca Tania Padilla, también psiquiatra: Un secuestro raro, publicada igualmente en Algaida, viene a ser una relectura neurasténica del ruedo ibérico).

En ocasiones, la novela negra marida magníficamente con la novela histórica. Un título ideal para estas tardes de verano que se avecinan es lo último de Eva García Sáenz de Urturi, El silencio de la ciudad blanca, publicado por Planeta. Mi conversación con Urturi para El sábado libro ha sido la última de la temporada, aunque aún añadiremos en breve a la gallega Olga Romay (Los hijos del senador, en Ediciones B). El libro de Sáenz de Urturi nos lleva a una Vitoria amedrentada por asesinatos rituales que parecen seguir la cronología histórica de la ciudad. Es un homenaje a muchos géneros y logra atrapar definitivamente al lector. Es muy adictiva. Y a pesar de las truculentas historias a las que asistimos, y a los engaños a los que nos somete los imprevisibles giros de la trama, no hay duda alguna de la autora ha pretendido homenajear a su ciudad natal. Unai López de Ayala, el investigador principal, es ya un personaje que ha venido para quedarse. Como Chamorro y Bevilacqua. Como Salgado. Como Petra Delicado. Como tantos otros. La novela, sin duda, nos parece una apuesta segura para el verano.

Ya sea con elementos de novela negra o no, las ficciones históricas siguen siendo un género favorito en este país. Últimamente hemos asistido a la aparición de algunas que juzgamos muy sólidas, pero es imposible recoger en estas páginas la ingente cantidad de obras que ven la luz dentro de este género. Un clásico en estos menesteres, después de los éxitos de Assur y Ronin, que siguen en el candelero, es el escritor y piloto de líneas aéreas lucense Francisco Narla. La aparición hace unas semanas, también en Planeta, de Donde aúllan las colinas supuso, como contamos aquí, un giro importante en el estilo y en la concepción literaria de este riguroso escritor. Narla, disfrutador de la lectura, la escritura (y la cocina, la pesca y los bonsáis) logra en esta novela, mucho más breve que las anteriores, un texto de gran calado ecologista, de gran fuerza telúrica, muy próximo, sin duda, a su propia forma de ver y sentir la naturaleza y la lucha por la vida (y que tiene ese perfume inconfundible de Hacer un fuego o de Colmillo Blanco de Jack London). Su mejor texto hasta el momento.

La historia de Roma sigue siendo uno de los grandes temas de nuestra novela histórica. Y ahí uno no puede olvidarse nunca de nuestro mayor representante, el profesor Santiago Posteguillo. Su éxito ha sido fulgurante. Y ya es duradero. Desde la trilogía de Escipión, que lo colocó en el pódium del rigor en la investigación romana y la recreación perfecta de aquel tiempo, hasta la actual, la trilogía de Trajano, en la que Posteguillo (Planeta), logra una altura considerable. Lo último (aunque publicado en enero), La legión perdida, discurre en torno a la expasión hacia oriente del imperio, en concreto en torno al famoso error de Craso. Creo que es muy recomendable para estos días de vacaciones que se avecinan.

La lista de los libros que merecen un viaje a la playa es prácticamente interminable. Y, como no hay espacio para más, permítanme simplemente enumerarlos. Otros muchos se quedan en el tintero. La ciudad de la mentira, de Iñaki Martínez (Destino), la gran novela de Tánger. Hotel Mediterráneo, un homenaje a todos aquellos que prefieren vivir apartados del mundo, del estupendo Alejandro Pedregosa (Planeta). Memorable, magníficamente escrita, es El azar y viceversa, de Felipe Benítez Reyes, también publicada en Destino. Una novela extraordinaria sobre la construcción del individuo, sobre cómo servir a muchos amos, un viaje narrado con maestría a los últimos años del franquismo, a la Transición y al presente. Una de las grandes novelas del año. No quiero dejar de citar aquí una novela de Algaida decididamente apropiada para estos días bajo el sol: Nadie muere en Zanzibar, de Fernando García Calderón, a partir de los diarios del sevillano Juan Ángel Santacruz de Colle. Y esa genialidad deslumbrante de Margaret Mazzantini que no pueden dejar pasar: Esplendor, en Seix Barral. De todas hablaremos en los próximos días, como de lo último de Sánchez-Garnica, de Carla Montero, de Carlos Montero, de Alfredo Conde, de José Luis Corral, de Laura Restrepo, de Eugenia Rico, de Jacinto Rey... Y si quieren clásicos, imprescindibles son las nuevas ediciones que conmemoran los 50 años de Alianza Editorial. Auténticas joyas. O, en la misma editorial, lo nuevo de Amin Maalouf: Un sillón que mira al Sena. Otro gran imprescindible.

Mercedes Corbillón, colaboradora de El sábado libro, y jurado este año de premios como el Alfaguara y el Xerais, ofrece sus propias recomendaciones, con las que, desde luego, estamos muy de acuerdo: "Primero, recomendaría Vernon Subutex, de Virginie Despentes, Literatura Random House. Me ha fascinado esta novela y espero ansiosa su nueva entrega. Vernon era propietario de una tienda de discos, sabe todo de música, es amigo de grandes estrellas y ahora está al borde del desahucio. Cuando pierde su hogar pulula de casa en casa, de los que fueron sus amigos en otros tiempos, y en ese periplo la autora nos presenta sin piedad ninguna un mosaico de seres que han perdido el esplendor, la juventud, a veces la cordura, y hace una autopsia de toda una sociedad decadente y en crisis. ¡Un novelón! Luego, La Noche de la Usina, en Alfaguara, una novela con aire cinematográfico para disfrutar de la historia y sus personajes en un momento de relax como es el verano. Y, por supuesto, Mientras haya Bares, la colección de columnas de Juan Tallón en Círculo de Tiza. Pues eso, me parece perfecto para llevar a la playa y leer a ratitos alguna de sus hilarantes entregas, todas ellas literarias a la par que placenteras y llenas de gusto por el hedonismo, casi como tomarse un gintónic mirando el mar". Pedro Ramos, otro de los gurús literarios y lector impenitente, lo resume en cuatro líneas: "Yo, a la playa, me llevaría la reedición de Esta noche moriré, de Fernando Marías, Un perro, de Alejandro Palomas. Porque la vida no es tan seria como la pintan. Las risas garantizadas nos las dará Farándula, de Marta Sanz, una disección precisa y concisa de la sociedad (del espectáculo) actual. Y, por supuesto, Donde los escorpiones, de Lorenzo Silva. El nuevo caso del subteniente Bevilacqua. Ideal para la playa", dice.

EN GALEGO

EXCELENTE COLLEITA

Non hai xustificación para non levar un libro en lingua galega de vacacións. Moitos dos que lemos na primeira parte do ano pagan moito a pena. Algúns son, de feito, excelentes. E en todas as ordes: poesía, novela, ensaio. O ensaio, creo, está de parabéns. 'De camiños, viaxeiros e camiñantes', o Premio Ramón Piñeiro que publica Galaxia é unha pequena xoia. Moi recomendable. Un libro especial, sen dúbida, que nos leva a aquela peregrinación literaria, de Ourense a San Andrés de Teixido, de Vicente Risco, Pedrayo e Ben-Cho-Shey, en xullo de 1927. Non coñecemos demasiado ben a historia da nosa cultura, os feitos da nosa cultura. É só un exemplo de algo que poden ler á beira da praia, e que lles pode proporcionar unha gran satisfacción. Ou, se o prefiren, aí vai outro exemplo ensayístico: 'Marcas', de Xavier Navaza, en Xerais. Se prefiren a novela, unha das grandes do ano é, e segue sendo, 'Amor é unha palabra como outra calquera', de Francisco Castro. A gran empatía deste autor cos seus lectores, de todas as idades, é algo case mítico. E esta novela camiña con fluidez sobre a sorpresa, sobre os recunchos inesperados do cotián. Recomendable en Galaxia. Como, na mesma editorial, 'Viaxe á última revolución', de Agrafoxo, ou 'A fuga a Exipto' de Bernardino Graña, ou os 'Camiños na auga', de Núñez Singala, unha fermosa narración de viaxe, entre outros. 'Os Kowa', de Queipo, supón unha viaxe cara á aventura, moi ben escrito, que poboará de exotismo as tardes do verán. E, na mesma liña de Mercedes Corbillón, tampouco cabe deixar de lado o excelente 'Todo canto fomos', de Xosé Monteagudo, cen anos de historia do século pasado. Un dos grandes libros do ano, que segue presente na memoria, é 'O último día de Terranova' (Xerais). E en Xerais, igualmente, está o novo de María Solar, 'As horas roubadas', "unha historia de iniciación, de amores adolescentes e difíciles, de amores machistas", sinala Corbillón, "que non son amores senón prisións, de amores libres civilizados e finitos e tamen deses amores que se suceden roubando as horas e que non rematan nunca".