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Lectores bajo el sol Jaguar

Como las bicicletas, algunos libros son tal vez para el verano. aunque hablen del invierno

Aunque no siempre positiva, la playa ha sido un lugar fundamental para la ficción. El lugar al que llegar, la promesa de la libertad. El lugar de Homero, de Joyce, de Pavese
Aunque no siempre positiva, la playa ha sido un lugar fundamental para la ficción. El lugar al que llegar, la promesa de la libertad. El lugar de Homero, de Joyce, de Pavese

03.07.2016 
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HAGO la maleta y vuelco libros en ella. Aún leo en la playa libros de papel, tostados por el sol. El sol de El extranjero, por ejemplo. Hace unos meses, el maestro Juan Cruz me dijo que hay libros llenos de sol. Que todo lo que escribió Camus está lleno de sol. Ese sol de infernillo, o de infierno, del sur de Europa. O ese sol jaguar, exótico, que invita a dormitar y comer papaya. El sol habita en algunos libros, y no siempre para bien. Y la playa. La playa tampoco ha sido siempre ha sido un sitio plácido en la literatura. Pero sigue siendo la metáfora perfecta de la libertad. Allá vamos con clásicos que nunca mueren, allá vamos a sentir la presencia de Homero, o de Joyce. Allí late aún Pavese. Cada playa tiene un fragmento azul de Chesil Beach, lugar de sexo y amores difíciles. En cada playa bailamos sirtaki como Zorba, el griego, ahora entre gentes que han perdido su patria. Todos hemos estado en Sandycove. Todos hemos sentido la inquietante quietud de Katherine Mansfield en la bahía. En un día de playa cabe el mundo.