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tribuna libre

lA LECCIÓN DE LA SÁTIRA

ÁNGEL NÚÑEZ SOBRINO (*)   | 18.09.2016 
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El magnífico libro del Prof. Cardoso Bernardes, catedrático de Universidad de Coimbra, Sátira e Lirismo. Teatro de Gil Vicente, 1996, establece de una manera definitiva la sustancia y la forma de la sátira: ella aparece como "desaprovação do estado do mundo"; es "consequência de uma atitude de vigilância e de ataque"; la crítica del sátirico envuelve siempre tres componentes: "reprovacão , revolta e ludismo". La función de la sátira es la de "demostrar que o mundo funciona mal"; a lo que añado yo mismo una señalización del defecto humano. Se trata de "reprender o real, não tanto mostrando-o como ele é, mas como pode vir a ser". Esta emisión con pleno acierto trae consigo la mayor aplicación: su comprobación en la naturaleza humana.


UN EXPERIMENTO SOCIAL. ¿Qué pasaría si una clase social -con sus normas, sus costumbres, sus prejuicios, sus gustos- se introdujera por completo en otra clase social?. Seguramente un trastorno psicológico, un apresuramiento hacia formas de conducta nuevas, un frenazo, una sorpresa, una adaptación o una desaprobación, un rechazo como manera de huida, un aprendizaje enojoso y complicado, y sobre todo un claro verificar que valores determinados de una clase social concreta, en su revisión o re-examen, no resultan del todo válidos: no se tenía así una conducta acertada.

¿Qué aprendería una clase social de la otra?. ¿En qué grado se beneficiaría una clase social o se perjudicaría en este cambio?. ¿Sucedería un caos, un fracaso o un aprovechamiento positivo?. Sin duda sucedería algo grotesco, burlesco, cómico y en todo caso además chocante. Fallarían las "buenas maneras" burguesamente hablando. En todo caso habría un choque sin duda alguna, y nada quedaría después en el olvido. Valores extraños, ajenos, serían cuestionados como buenos en sí mismos. Y vendría como manera de juicio y risa la sátira, naturalmente. Una vez más se mostraría que la criatura humana falla en su obrar ético y social, pero no falla en su hacer, en la ejecución de un oficio o profesión cualquiera y sus productos: zapatos, por ejemplo. El mundo circundante y su curso quedaría trastocado. El hábito sucumbiría como una manera quebrada y sobrada en la existencia. El hábito, que conduce con facilidad la vida biológica y cotidiana, quedaría destituido en su construcción diaria y guiadora, y citamos el definitivo libro de Félix Ravaisson De l'habitude. Casi todo en la conducta humana tendría que ser recompuesto de nuevo, y la lucha por la existencia sería una prueba dura. Cada clase social tendría mucho que aprender de la otra. El 'estado de perfección' quedaría destruido desde la vanidad o la ignorancia. El satírico debe ser coherente para que de esta manera no lo ataquen, porque existen verdades que estorban e interesa que queden ocultas; y surge aquí la ética como un estado psicológico de tranquilidad. Verdad, compromiso y denuncia ha sido el propósito general de Gil Vicente en sus obras de teatro.

Y aunque en la actualidad, sociológicamente, todas las clases sociales están mezcladas, y cada una absorve algo de la otra, en realidad, sí existen diferencias y se manifiestan en la conducta de los ciudadanos. La obra de Gil Vicente no sólo es una crónica, también es la radiografía perfecta de una época, con la mentalidad, los trajes, los gestos y los intereses, y quedan registrados para siempre en las páginas del Arte, siendo una gloria perenne de la Literatura portuguesa y universal.

Gozo y prodigio constituyen la experiencia de la representación teatral porque asistir a una obra de teatro es ya haberse alejado la persona de un mundo banal y fácil. La deliciosa o cómica desenvoltura con que se desenvuelven (y actúan) los personajes vicentinos nos muestra muy bien los resortes de la conducta humana desde la risa como modo y consecuencia de la sátira; y viene así y se comprende el deleite escénico; el naturalismo, o sea, encontrar en lo natural una cualidad; la práctica de la parodia, o la inventiva como realidad repentina: los "fuegos" de inventiva como improvisación aparente y los juegos de mordacidad como manera directa de denuncia; la locura a propósito en fingimiento como una autolicencia para deshacerse de la dureza de la existencia, o de injusticias de situaciones sociales y económicas. E igualmente, el desorden organizado como un modo plástico y móvil de rebelión, atrevimiento y Carnaval fuera de temporada.

Y no olvidemos que lo grotesco es una manera magnífica de representación escenográfica y un motivo espléndido de gárgola. Y dentro de lo lírico vicentino no se olvide que sentir es, muchas veces ante lo que se contempla en el escenario, indignarse, sencillamente: un reaccionar con rechazo, porque el público y el pueblo participa espléndidamente de la atmósfera creada por Gil Vicente, y lo que produce este dramaturgo portugués es que el espectador viva el momento pleno con todo tipo de registros desde la intensidad del sentimiento y de la aceptación.


UN LIBRO PRODIGIOSO. Existe un libro que es un hito en la literatura vicentina: son las Récitas Conmemorativas del IV Centenário de Gil Vicente: 1537-1937. Hubo tres sesiones memorables: de gala, escolar y popular, y se celebraron en el Palacio de Cristal de Porto; en la Quinta de Santa Cruz de Coimbra; en el Castillo de San Jorge en Lisboa; en Évora y en el Castillo de Guimarães. La profusión de fotografías nos ilustran del asombro y el fervor con que el pueblo portugués escuchaba las obras y sus representaciones, con seguimiento y autenticidad. Bendito el teatro vicentino que enseña, emociona y entretiene. Orgullo y permanencia lusitana que vigila, como nave activa, la Universidad de Coimbra, admirable, en título de siglos, y la superior Portugal, con nada del feísmo culpable de Galicia, en atlántica espera al visitante.

(*) El autor es escritor