El Correo Gallego

Tendencias » El Correo 2

Javier Puebla: "Pepito Salamanca quería que Madrid fuera París"

Tras varios años, el escritor regresa con una biografía ficcionada del marqués de Salamanca, 'El hombre que inventó Madrid' publicada por Algaida

Javier Puebla
Javier Puebla

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ   | 19.06.2016 
A- A+

Llega Javier Puebla a la cafetería del Hotel Virxe da Cerca, en Compostela, con su cercanía habitual, con su lenguaje imparable, con su torrente de palabras. Es tan impredecible en el lenguaje como en la acción: este hombre no para, no se detiene jamás. Algunas cosas personales le tuvieron, sin embargo, menos activo de lo que quisiera en los últimos años, pero ya está ahí, con mil proyectos, inasequible al desaliento. Incluso haciendo libros bajo el seudónimo, es un decir, de Tigre Manjatan. Se desdobla Javier Puebla, es el hombre que siempre esconde dentro a otro, y a otro, infinitamente más sorprendente que el anterior. Suele gastar sombrero, o solía. Tiene un aire literario del que no puede ni quiere desprenderse, una mezcla curiosa entre el lamento por el paso de los días y la pulsión irrefrenable del que tiene una idea luminosa a cada segundo. Ahora, en un giro hacia la biografía ficcionada, o como se llame, nos trae la historia apasionante y hasta ahora nada bien conocida de José de Salamanca, El hombre que inventó Madrid, publicada por Algaida.

-Él es el fundador del Madrid moderno, efectivamente. Cuando el llega a la capital, desde Alicante, a principios del XIX, Madrid lleva dos siglos sin moverse. Pero él diseñará eso que ahora conocemos como el Barrio de Salamanca (alguno hay que aún cree que se llama así por la ciudad castellano-leonesa), y traerá el ferrocarril que ya se expandía en otros lugares, con la creación del tren de Aranjuez.

-Has dicho estos días que El hombre que inventó Madrid es una novela diferente a ese tipo de libros al que nos tienes acostumbrados. Sueles decir que tienes libros más gin y libros más gin-tónic. Y este pertenece a la última clase.

-Sí, esta novela es más gin-tonic. Hay mezcla, no es puro yo. No puede serlo, porque mi yo está limitado por los hechos verdaderos de la vida del Marqués de Salamanca, más allá de que haya una parte de ficción, claro.

-Pero no es una novela histórica sin más. Es una novela sobre los seres humanos y la fuerza que puede residir en ellos.

-Suelo decir que no me documenté demasiado. No es cierto, claro, leí mucho sobre él. Pero luego intenté convertirme en José de Salamanca. Tienes que parecerte a él para que la cosa funcione. Más que vivir la vida de otro, recorrí mi vida. Y ahí es donde la ginebra se mezcla con la tónica.

--Asombrosamente, no es un personaje muy conocido.

-Yo lloré cuando murió mi padre, o sea, el padre de José de Salamanca. Fui al Escorial, me convertí en él. Tenemos su peripecia increíble, su visión para los negocios. Vemos cómo aprende en invertir en la Bolsa, y se hace rico en ello. Pero sin el lado humano, Salamanca no sería nada. No nos interesaría. Además él siempre quiso ser personaje de ficción. Le tiraba los tejos a Alejandro Dumas, del que era muy amigo, para que lo metiera en alguna de sus novela. Yo creo en los fantasmas, al menos un poco, y voy por Madrid y cuando me doy cuenta estoy al lado de su estatua... haciendo la promoción de la novela se me ocurren infinitas posibilidades de negocio... Vamos, que vuelvo a ser un poco él. El Marqués de Salamanca era desconocido porque nadie la había tratado como había que tratarlo.

-Es un personaje fascinante.

-Hacía cosas increíbles, se atrevía con todo. En Monóvar, donde era alcalde, hay una epidemia de peste y lo dan por muerto. Ahí intentan robarle, ahí aparece el personaje de Manuel Galán. Intentan robarle precisamente porque creen que está muerto. Ahí empieza todo.

-Estuvo en los palacios y en las cabañas, y acabó prácticamente arruinado. Vaya vida.

-Yo llevo una vida parecida. Yo he sido diplomático, he tenido grupos de rock, he sido director de cine, he estado al borde de pasar hambre. Yo me identifico mucho con Pepito Salamanca, puedes creerme. Yo tengo sus recuerdos como si fueran recuerdos míos. Y por eso creo que esta novela es muy creíble. Pura empatía, amigo. No soy muy listo, pero soy intuitivo. Sé lo que pasa a la gente por dentro.

-Era un hombre vertiginoso.

-La única manera de llegar al éxito total es ser capaz de llegar al fracaso total. Ahora, su ruina, como la de todos los ricos, es siempre una ruina relativa.

-Viniendo desde una alcaldía, ayudado al parecer por Cea Bermúdez, que era amigo de su padre, llega en Madrid a lo más alto. Encuentro yo paralelismos entre aquellos tiempos y estos tiempos.

-No lo dudes. Era un momento de gran inestabilidad política. También un momento de crisis, como ahora. Y ya sabes que los momentos de crisis son los mejores para hacer cosas, porque todo es más maleable y manejable. Todos somos más fáciles de comprar en tiempos difíciles.

-Parece que todo se está haciendo y deshaciendo. Incluyendo el tejido del poder, con la Reina regente, con Narváez, con la reina niña que viene...

-Sí, Narváez, que es su archienemigo. A mí Narváez me dio un subidón. Narváez es Moriarty y Salamanca es Holmes. Se aprovecharon uno del otro mutuamente. Narváez Le pidió una calle y le da la calle Serrano actual, pero luego la historia lo cambió todo.

-Salamanca empieza a comprar terrenos, empezando por su casa de Recoletos, y a partir de ahí edificará su gran proyecto de expansión.

-Tiene la visión de que se puede hacer un Madrid como París. Tiene que cargarse primero la Plaza de Toros (él hizo también la de las Ventas que hay ahora), lo cual no era fácil. Madrid no llegaba más allá de Cibeles, estaba lo de los Austrias y un Chamberí paletón. Nadie iba a Madrid, la ciudad necesitaba cambiar.

-Pero el traje de París le quedaba grande a Madrid.

-La gran labor de Salamanca es adaptar el tamaño de Madrid al gran urbanismo de París. Reconocemos el Madrid moderno en todo lo que él hizo. Compró tierras, construyó la expansión de la capital, fue el impulsor del tren de la Fresa, como se llama ahora, y se arruinó. En realidad, fue como la reina Victoria en Inglaterra. Salamanca le dio una gran coherencia al siglo.