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Jacinto Rey, la vida en medio del horror

'Dile a Marie que la quiero' (suma de letras) refleja el impacto de la segunda guerra mundial en las vidas de una familia que se ve obligada a huir, mientras la pequeña marie se convierte en el símbolo de alquien que debe ser salvado para redimirse

El escritor Jacinto Rey, fotografado antes de la entrevista, en la calle Preguntoiro de Santiago de Compostela.
El escritor Jacinto Rey, fotografado antes de la entrevista, en la calle Preguntoiro de Santiago de Compostela.

TEXTO J. MIGUEL GIRÁLDEZ FOTO JAVIER ROSENDE   | 23.10.2016 
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La Segunda Guerra Mundial es el gran escenario de esta novela de Jacinto Rey, Dile a Marie que la quiero, publicada por Suma de Letras. Pero desde el lado íntimo, desde el lado doméstico. Lo que sucede es que las cosas, desde la cercanía de la familia, desde el territorio de los afectos, son aún más terribles en una guerra. El horror se desnuda con más crueldad en los pequeños detalles. "He querido que fuera una historia de la Segunda Guerra Mundial", dice Jacinto Rey, "pero no una recreación nueva del conflicto, sino, más bien, una intrahistoria".

"Esta es una novela no sobre la Historia, sino una novela de personajes que penden apenas de un hilo", dice. Es, en efecto, una novela que habla de los seres humanos y de su enorme capacidad para afrontar las adversidades. "La pequeña Marie, que es una niña judía de cinco años, perseguida por la Gestapo, en la Francia ocupada, es un símbolo en este libro: porque salvarla es una forma de salvarse todos, de redimirse", explica Jacinto Rey. La novela esta poblada de la atmósfera enfermiza de la época. Y de escenas de resistencia, de huida, de escapada. Mathilde es otro de los grandes personajes. Una mujer aristocrática que se arriesga casándose con un actor judío. Ese hecho precipitará todos los acontecimientos. Ella y su marido luchan por mantenerse en pie en medio de un mundo terrible que se derrumba. El libro se convierte en un memorial de pérdidas. Pero esta historia es mucho más que la búsqueda desesperada de una hija. Viajamos a escenarios diversos, y los personajes viajan también, sobre la realidad y sobre su memoria. "La novela", cuenta Rey, "comienza en 1944, cuando los aliados están a punto de desembarcar en Normandía". Y como si no quisiera olvidarse, Rey añade: "Se pueden encontrar muchos paralelismos con las formas de fascismo, discriminación y autoritarismo de hoy. La pequeña Marie tiene algo de los refugiados que ya tenemos entre nosotros, sin ir más lejos".

EN Dile a Marie que la quiero se habla desde dentro de los personajes. Jacinto Rey no pretende hacer grandes piruetas literarias. Le digo que son páginas de agua, muy claras. Son páginas increíblemente limpias. "Leonardo decía que la simplicidad es la sofisticación suprema", me recuerda. Por eso quizás aquí tenemos capítulos cortos, muy pulimentados. "Yo he intentado reducir las cosas a lo esencial".

Le pregunto por qué, después de haber vivido en el extranjero, de dedicarse a la empresa, a las multinacionales, se vuelca en escribir. Y dice que las historias le han acompañado desde siempre: "La verdad es que me siento cómodo con la realidad. Me gusta estar anclado en ella. Y por eso tengo un punto de apoyo para hacer ficción". Le digo que se parece a los rusos, aunque lo cierto es que hay algunas cosas que acercan esta novela a Expiación de Ian McEwan. Y él replica que le gusta la literatura folletinesca francesa, porque le gusta todo lo francés, incluyendo la influencia en las colonias. Y Maupassant. Y el cine de autor francés "que ha abierto muchos caminos narrativos", afirma. Pero asegura que también Thomas Mann está entre sus favoritos. "He vivido diez años en Alemania", añade. "En mi montaña hay ya muchos estratos que me han dejado todos los lugares en los que he estado". Nadie es ya de un solo lugar.