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J. Rhodes: El hombre que amaba a Sokolov

Atención: ¡¡¡paren máquinas...!!! El próximo 10 demarzo aterrizará aquí uno de los artistas más mediáticos del momento. Ni más ni menos que el controvertido y carismático james rhodes...

Rhodes, durante un ensayo en el Palau de la Musica de
Valencia. Arriba, Grigori Sokolov, el mejor pianista vivo - FOTO: EUGENIO VIÑAS/GRAMOPHONE
Rhodes, durante un ensayo en el Palau de la Musica de Valencia. Arriba, Grigori Sokolov, el mejor pianista vivo - FOTO: EUGENIO VIÑAS/GRAMOPHONE

XURXO FERNÁNDEZ   | 12.02.2017 
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En muy poco tiempo, su fama inundó como un verdadero tsunami los medios de comunicación y las redes sociales. Un joven atractivo, un artista apreciable, con dosis de virtuosismo nada desdeñables. Y al fondo, ¡ay!, un drama desgarrador, terrible, lamentablemente muy conocido, o bien: de aquellos que no dejan de aparecer, día tras día, en esos mismos medios...

Su caso suena a otro que, no hace muchos años, protagonizó otro virtuoso del piano, David Helfgott. Su caso fue llevado al cine (Shine) con gran éxito de crítica y público. Pero no era, ni de lejos, tan profundamente dramático como éste que nos ocupa hoy. Eso sí; en los dos casos, el final ha resultado muy feliz...


EL EXTRAÑO CASO DE RHODES La historia completa, y con todo lujo de detalles, nos la cuenta él mismo en un libro llamado Instrumental (Blackie Books). Y lo redondeará en una miríada de entrevistas a lo largo y ancho del Planeta Tierra. Pero la cosa va de un rosario de violaciones bestiales desde los seis años de edad. Algo que parece pertenecer única y exclusivamente al submundo más oscuro y tenebroso de Ciudad Juárez o al entorno cotidiano de los monstruos de Boko Haram...

Pero su entorno era, al menos en principio, la mar de civilizado: St. John's Wood, un tranquilo barrio del norte de Londres. Allí transcurre una vida que no se parece, sino que es, de verdad, el Infierno.

En el curso del tiempo, irán multiplicándose varias cosas: los tratamientos psiquiátricos, las diversas adicciones a alcohol y drogas, los intentos -fallidos, claro- de suicidio...

En medio, un arma definitiva: la música. Concretamente, su facilidad para el piano. Tiene un ídolo al que admira ciegamente: el piansta ruso Grigori Sokolov. Su voluntad para acercarse a él fructifica dando con el profesor adecuado, el veronés Edoardo Strabbioli. Pero ya les contaré más. ¡Ah! Y que sepan que el 10 de marzo estará en Santiago...