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Charabia

La irresistible tentación de ser feliz

MARÍA OFIR ABOY GARCÍA  | 09.10.2016 
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"La vida es lo que ocurre mientras estamos ocupados en hacer otros planes". Esta mítica frase que John Lennon le dedicó a su hijo Sean en la canción, Beautiful boy, me hace pensar. Es cierto que la vida, para muchos, no solo pasa sin que se den cuenta sino que por el camino han vivido todo lo contrario de lo que habían planificado.

Nos enfrentamos a diario a cuestiones que creemos que no tienen importancia, o quizá si. Nunca lo sabemos en ese preciso instante, pero ¿y si lo que estás viviendo hoy como algo cotidiano se convierte en lo que marcará tu vida para siempre? No lo descubrirás hasta que haya transcurrido el paso del tiempo, que puede ocurrir o muy deprisa, como el fogonazo de un rayo, o eternizarse como un día sin pan.

Mientras tanto, como en la famosa canción, la vida pasa.

Un día te encuentras pensando en cómo solucionar tus angustias, tus temores, tus ansias de salir de la situación en la que te encuentras, y sin saber muy bien cómo has podido llegar hasta ese extremo. Ante ti se vislumbran dos opciones, intentar buscar una solución, buena o mala, o bien dejarlo estar. De entrada piensas que buscar una salida satisfactoria sería lo adecuado, pero la cosa no es tan fácil. Casi siempre se convierte en una huida hacia adelante.

Es fácil pensar, pero mucho más complicado decidir y acertar. Y tu vida se convierte así en una lucha interna que no quieres dirimir sola. A estas alturas, con todo lo que hay qué hacer, apartas de un portazo la situación que se va perpetuando. La otra opción posible es imaginarte cual Escarlata O'Hara en Lo que el viento se llevó, y hasta te ves a ti misma en la inolvidable escena de la película y en la más célebre frase: "Mañana será otro día"

El día siguiente llega, y de repente han pasado meses, años y sigues olvidándote de ti, de tomar decisiones que te convienen o luchar contra viento y marea para que desaparezcan tus preocupaciones. Necesitas tener valentía y no la encuentras, alas para volar pero no te ves como un ave fénix. Nos cuesta vivir luchando incesantemente, mejor dejarse ir, resulta más fácil.

Olvidamos nuestro bienestar por el de los demás y nos sacrificamos por el resto del mundo demasiadas veces. Nuestros sentimientos los aparcamos, los dejamos para más tarde. Nos hemos convertido en víctimas de nosotros mismos y lo peor, nadie lo cuestiona. Hablo con un ángel postrada en la cama de un hospital, que en estos momentos está recuperándose de sus heridas. Tiene mucho miedo, se ha pasado toda su existencia postergando decisiones y ahora que las ha tomado sufre las consecuencias de haberlo hecho quizá demasiado tarde. Ella, ya está liberada de su carcelero, pero sigue teniendo pánico por pura inercia. Le digo que intente no pensar, que se tranquilice, ya ha pasado todo. Ese sinvergüenza ya no podrá hacerle más daño, ha tomado la decisión adecuada. Pero no deja de tener miedo, duda que ahora, sin cadenas, pueda ser feliz. Todo lo que le ha ocurrido pesa como una losa, su camino empieza en la cama de un hospital, como para poder imaginarse sin el monstruo que le ha acompañado tantos años. Se me ocurre regalarle un libro. Se titula La tentación de ser felices. Se lo dedico. Le doy dos besos. Me alejo con la sensación de que le costará dormir durante mucho tiempo, pero me sonríe, está viva, dispondrá de años por delante para hacer planes. Otras, por desgracia, no saldrán del hospital.

 

(*) La autora es

licenciada en Derecho