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Inma Aguilera: una pasión por el cómic

Tras varios intentos, la autora ve recompensado su esfuerzo creativo con el ateneo joven de Sevilla. 'El aleteo de la mariposa' (ALGAIDA) es una pieza curiosa, que plantea una forma novedosa de narrar.

Aguilera, fotografiada recientemente con aire otoñal en Santiago de Compostela - FOTO: FERNANDO BLANCO
Aguilera, fotografiada recientemente con aire otoñal en Santiago de Compostela - FOTO: FERNANDO BLANCO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ   | 12.02.2017 
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Viene del cómic, viene de la música, de todo lo alternativo. Está llena de entusiasmo y de energía. Ganar el Ateneo de Sevilla para jóvenes le ha cambiado la vida, después de muchos intentos por publicar. "Nunca pensé que llegaría a ganar un premio literario. Me siento muy agradecida, y, por supuesto, me siento muy feliz", confiesa, aún con una sonrisa y una mirada extraordinariamente juveniles.

Su novela, que empezó a escribir hace ya una década, cuando tenía quince años, está llena de efectos inesperados, de situaciones un tanto surrealistas, con un perfume indudable que viene de las novelas cientifistas, las de Huxley o las de H.G. Wells. Le pregunto por la influencia del cómic, y particularmente del manga, una de sus pasiones. En Inma Aguilera uno tiene la sensación de que todo viene de ahí. "En Japón las mariposas son las mensajeras de los dioses de la muerte. Pero mi novela no está relacionada con el llamado 'efecto mariposa'. No, no es eso. Yo aludo a ese momento en el que la mariposa detiene su vuelo, se para y, si es, por ejemplo, plateada, o tiene unos colores muy vivos, crea un destello muy especial. Claro, yo estoy muy influenciada por el cómic. Escribo guiones de cómic, el manga ha sido una de mis inspiraciones siempre. Y bueno, estoy también muy influida por DC [una editorial de cómics estadounidense, creadora de un estilo personal relacionado con la evolución de la cultura de los superhéroes]".

Aguilera no tiene inconveniente en extenderse sobre los cómics, en hablar minutos y minutos sobre ellos. Es su territorio favorito. "Me apasiona cómo se están haciendo hoy los DC... Desde ese Batman ochentero que bailaba esa música hippie a las películas de Christopher Nolan, con un Joker de Ledger, que murió haciendo ese personaje... Me gustaría dejarme la piel creando personajes que pasaran a la historia", dice sin disimular su entusiasmo, tan imparable como contagioso. "El autor no es lo importante. Son sus personajes los que cuentan. Y también que la gente los haga suyos". Le hablo desde la mirada de alguien que se educó más con la línea clara, pero hablamos del manga, claro, y de Marvel, y de X-men, que tanto aparecen en El aleteo de la mariposa (Algaida). Y hablamos de las enormes vueltas de tuerca que pueden dar los guiones de los cómics, y que aquí se dibujan también, demostrando esas influencias, saltándose quizás las reglas habituales de las novelas. Porque la protagonista, Amalia del Valle, no deja de sorprendernos. Todo va girando, inesperadamente, como en una novela gráfica, hasta caer en una gran atmósfera de corte cientifista, en un relato de ciencia ficción, y también en escenarios propios de la novela negra. Son, de largo, sus dos géneros literarios favoritos. "Es el propósito que tenía. Me alegra que lo hayas percibido así. Amalia es como mi hija... con su mala leche. Quería llevar el argumento hacia la ciencia ficción, es lo que tenía que pasar. Amalia es un ser que se siente solo. Es muy inteligente, está aislada, no tiene respuestas. Siente que no tiene un lugar en el mundo (y dos personajes llegados de la capital van a cambiar drásticamente su vida). La hice fuerte porque sabía que la iba a someter a temas muy jodidos. Las cosas como son", dice.

La novela lleva a Amalia del Valle hacia territorios complejos, hacia una extraña corporación, hacia experiencias al límite, donde no faltan mentes que se transforman, que pueden habitar otros cuerpos... Esta protagonista difícil nos soprende, a través de una extraña edificación literaria. "Siempre que escribo una novela me propongo sorprender al lector. Lo que le ocurre a Amalia me ocurrió a mí, en cierto sentido. Las personas cambiamos sin parar. Estamos sometidas a una gran evolución. Y yo cambié. Yo era una niña que de pronto recibí un extraño chispazo, me llené de inquietudes, comprendí que el mundo es una serie de engranajes que funcionan de acuerdo a determinados intereses. Hay altruismo, sí, pero sólo en ocasiones puntuales... Amalia es muy intensa. Yo quería que se fuera encontrando con personajes que sirvieran de contrapunto. Y ahí aparece Simon Freacher, que viene de la ciudad, de otro mundo, y representa el dinero, el imperio de la tecnología. Este personaje llena la vida de Amalia de color. Ella vivía en el pueblo, con sus instrumentos musicales: tenía un equilibrio, a pesar de la soledad. Pero él le muestra un mundo yuppie, un mundo que termina por desquiciarla", concluye.