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Huérfanos de Gómez Noya y su sueño dorado

Sin nuestra principal baza, tendrán que ser otros los gallegos que busquen un oro que no hemos dejado de colgarnos desde que David Cal abrió la veda

IVÁN FERNÁNDEZ  | 31.07.2016 
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Londres, 7 de agosto de 2012. Gómez Noya, Jonathan y Alistair Bronwlee vuelan por las calles de la capital inglesa. Desde las aceras, los aficionados jalean cada zancada de los aspirantes a campeón olímpico. El público enfervoriza con los hermanos Bronwlee. Corren en casa. Las banderas españolas se agitan al paso del ferrolano. Son los últimos kilómetros de la prueba de triatlón, esa en la que Javi, con todo un país detrás, aguarda por fin ocupar el trono olímpico. La lucha cuerpo a cuerpo no defraudaba. Solo unos segundos decidirían la diferencia entre la gloria y la plata. Alistair apretó. Solo Noya podía aguantarle. La recta de meta se avecinaba. El británico tuvo unos gramos más de fuerza y cruzó la línea final once segundos antes que Javi. Ambos se tiraron al suelo, exhaustos por el esfuerzo, y se dieron la mano. Era la felicitación tras una de las mejores carreras de la historia pero, también, un emplazamiento a retarse nuevamente cuatro años más tarde, en Río de Janeiro. Noya por fin tenía una medalla olímpica, pero el gran objetivo era el metal de oro.

Prepararse para adornar un palmarés excelso con una medalla dorada en unos Juegos fue el gran reto del ferrolano durante todo el ciclo olímpico, hasta que una caída en la recta final de la preparación le privó de acudir a Brasil. Allí, el tria-tlón estará huérfano de una de sus figuras. Allí, serán otros componentes de la delegación gallega los encargados de pelear por esa medalla de oro.

Gómez Noya consiguió una plata en Londres 2012, la misma presea que habían conseguido Luis Otero y Moncho Gil, primeros gallegos en unos Juegos, en la cita de 1920 (la siguiente medalla no llegaría hasta 1976, con el piragüista Ramos Misioné, posteriormente doble medallista). En Amberes, con la selección de fútbol, se colgaron la plata. Desde entonces, hubo varias ediciones en la que Galicia no contó con representante olímpico alguno, si bien nuestra comunidad pasó a participar de forma ininterrumpida desde Roma 1960. La representación más numerosa no llegó hasta Barcelona 1992, con 19 integrantes. La presente edición será la quinta más numerosa de nuestra historia, con 14 deportistas (ocho hombres y seis mujeres). Precisamente las chicas tuvieron su mayor representación en Londres, hace cuatro años (ocho mujeres frente a cuatro hombres), siguiendo el camino iniciado por Marta Bobo en la cita del año 1984.

La ourensana, que compitió en gimnasia rítmica como primera gallega en unos Juegos, se quedó sin medalla en Los Ángeles, a consecuencia del aire acondicionado. La organización lo encendió cuando competían ella y las principales favoritas al triunfo, dificultando así sus rutinas.

En esa misma edición se viviría uno de los mayores hitos del deporte tanto español como gallego, con Fernando Romay consiguiendo la medalla de plata con una selección de baloncesto que se convirtió en referente de varias generaciones, tras caer en la final ante un combinado de Estados Unidos en el que Michael Jordan era la gran estrella.

Desde esa plata hasta el primer oro gallego aún habría que aguardar veinte años, con el desembarco de David Cal en Atenas. Allí, el 27 de agosto del año 2004, este cangués con gusto por los pírsines surcó el agua sin complejos en el C-1 1.000 metros. Parapetado en su canoa, hizo levantarnos a todos los gallegos frente al televisor mientras, palada a palada, se iba acercando un poco más al metal dorado. A su lado, el alemán Andres Dittmer, leyenda del piragüismo de aquel entonces, no podía sino sucumbir, tras cinco años sin una sola derrota, ante la voracidad de Cal. De una leyenda, a otra. Fue el inicio de la historia del cangués, que con las sucesivas medallas que conseguiría, acabaría por convertirse en el mejor deportista español de la historia olímpica. Fue, además, el primer oro gallego en unos Juegos, dando comienzo a una tradición a la que no hemos faltado desde aquel entonces.

Cuatro años después, con el agua como protagonista pero navegando a vela, eran Fernando Echavarri y Antón Paz los que cogían el testigo, alcanzando lo alto del podio en clase Tornado. Se jugaron las medallas en la regata definitiva con Australia y Argentina, con un dominio tal que a sus rivales no les quedó sino dar por bueno el triunfo gallego. Pero en Pekín 2008, la edición más exitosa para Galicia con cuatro medallas (dos oros y dos platas), la fiesta no se quedó ahí.

Mientras David Cal seguía a lo suyo con su segundo doblete en dos ediciones (esta vez, con dos medallas plateadas), le tocó a Carlos Pérez Rial hacer justicia para el piragüismo (se convertirá en Río en el segundo deporte en el que más representantes hemos tenido, tras el atletismo). Acompañado por el catalán Saúl Craviotto en el K-2 500, repitieron una gesta semejante a la de Cal cuatro años antes. Se colocaron en cabeza desde el inicio, lideraban en el ecuador, y destrozaron a sus rivales en los últimos cien metros. Habían destronado nada más y nada menos que a la pareja alemana, formada por Ronald Rauhe y Timn Wieskotter, campeones olímpicos, mundiales y europeos. El piragüismo, con nueve medallas la modalidad que más preseas ha dado a lo largo de la historia a Galicia, volvía a hablar gallego.

 


LAS CHICAS DE ORO. La tradición dorada vino acompañada por un nuevo hito en Londres 2012. Támara Echegoyen y Sofía Toro, junto con la cántabra Ángela Pumariega, se presentaron como debutantes olímpicas en la bahía de Weymouth. Compitiendo en la clase Elliott 6 m, se plantaron en la regata definitiva, en la que tendrían que medirse a Australia al mejor de cinco mangas. En su mano tenían ya, como mínimo, conseguir la primera medalla en unos Juegos para el deporte femenino gallego. Pero no era suficiente. El único deseo consistía en conseguir el oro. Solo así la gesta sería absoluta.

Las gallegas y la cántabra ganaron la primera manga, en un campo de regatas en el que el viento parecía desatar su furia ante la ausencia de la embarcación anfitriona en la gran final. El segundo asalto fue para las australianas, que sufrieron un accidente con derrota incluida en el tercero, antes de lograr el empate en el cuarto. La última manga trajo consigo no solo el triunfo español, sino también la primera medalla y el primer oro de una mujer gallega.

Hasta la actualidad, Galicia cuenta con 15 preseas olímpicas (4/8/3), con David Cal, con cinco (1 oro y 4 platas) como deportista más laureado. En Río, donde Teresa Portela se convertirá en la gallega con más Juegos (cinco), el primer oro de Cal volverá a buscar sucesor.

l. otero / M. gil

precursores de plata

El pontevedrés Luis Otero y el vigués Moncho fueron los primeros representantes gallegos en unos Juegos Olímpicos, logrando, además, una plata que fue la primera medalla de nuestra historia.

Ambos formaron parte del debut de la selección española de fútbol, en la cita de Amberes 1920. En una época en la que no se vestían botas de colores y el balón lastimaba a los osados que se atrevían a golpearlo con la cabeza, tras caer en cuartos de final ante Bélgica, España entró en una repesca para dilucidar el subcampeón, toda vez que la finalista Checoslovaquia había abandonado en medio del último partido. En un equipo del que formaban parte jugadores como Zamora o Pichichi, se impusieron a los Países Bajos, ganando la primera medalla gallega, en el nacimiento de la 'Furia roja'.

los 14 de río, luchadores a por la gloria olímpica

Con 14 deportistas, nueve de ellos debutantes, Galicia superará en Río de Janeiro el centenar de participantes gallegos a lo largo de los Juegos, en los que hasta el momento habían competido 97 de nuestros representantes. La de Brasil no será la delegación más numerosa, pero sí un equipo con grandes posibilidades de éxito.

Fernando Echavarri retoma los Juegos tras el oro de Pekín. Tras un proyecto que no alcanza los dos años al lado de la canaria Tara Pacheco en Nacra 17, pelearán por un buen puesto entre el elenco de aspirantes que se sitúan tras los tricampeones mundiales, Billy Besson y Marie Riou, la tripulación favorita a la victoria final. Competirán del 10 al 16 de agosto, con la última fecha de reserva prevista para el día 17.

Para Támara Echegoyen, Río será su segunda participación olímpica tras su debut en Londres. Allí, junto con Sofía Toro y Ángela Pumariega se sobrepusieron a la inexperiencia para conseguir el primer oro femenino con acento gallego. En esta edición, con Berta Betanzos como compañera y estrenándose en 49erFX, una de las clases más abiertas, sin unas dominadoras claras, su pelea se centrará en alcanzar una medalla. Su victoria en el Mundial y el bronce en el Europeo permiten soñar. La competición de 49erFX se celebrará del 12 al 18 de agosto (o 19, si hay que utilizar el último día de reserva).

Cristian Toro es uno de los candidatos más fiables al oro. Haciendo pareja con el doble medallista olímpico Saúl Craviotto en K-2 200, llegan a los Juegos como una de las embarcaciones favoritas. La juventud del debutante y la experiencia del catalán resultó ser una combinación abocada al éxito. Tras el oro en la Copa del Mundo de Duisburgo, sus propios rivales señalaban que pueden ganar a quien quieran. Su turno para entrar en la gloria será el 17 (series y semifinales) y 18 (final) del próximo mes de agosto.

Óscar Carrera y Rodrigo Germade han devuelto el K-4 1.000 español a una cita olímpica veinte años después. Con el asturiano Javi Hernanz y el vasco Íñigo Peña, aspiran a colarse entre las cinco mejores embarcaciones. En la laguna Rodrigo de Freitas, con una pista dura que no es la más conveniente para ellos, tendrán que luchar con los rivales y las algas. Compiten los días 19 (series y semifinal) y 20 (final).

María Vilas, la más joven de la delegación gallega, competirá en 800 libre y 400 estilos. Con 20 años y un futuro prometedor por delante, su premio sería alcanzar una final olímpica en su primera participación. Llega a Río tras su buen papel en el Europeo de Londres. El 6 nadará las series de 400 estilos, con la final de madrugada. Las rondas del 800, el día 11, con la final en la madrugada del 12 al 13.

Miguel Alvariño es otro de los firmes candidatos al oro, tanto en individual como por equipos. Entre los primeros del ranquin mundial, el arquero somocense, debutante en unos Juegos, ya sabe lo que es ganar una prueba de la Copa del Mundo, además de su metal dorado en los Juegos Europeos de Bakú. El tiro con arco se celebra del 5 al 12.

Alessandra Aguilar afrontará en Río su tercer maratón olímpico. Fue 54.ª en Pekín y 26.ª en Londres. En Brasil le tocará sobrevivir a la humedad y a un asfalto muy negro y rugoso, al que se echará el día 14.

Jean Marie Okutu fue el último gallego en conseguir la mínima, el último día hábil a tal efecto, con un salto de 8.17 m. En su estreno olímpico, el primer objetivo reside en pelear un puesto en la final de longitud (madrugada del 12 al 13, con la final un día más tarde).

La experiencia en el estadio de atletismo correrá a cargo de Frank Casañas, que vivirá sus quintos Juegos, los terceros desde que llegó a España. A sus 37 años, el mejor discóbolo español en una cita olímpica, tras el quinto puesto de Pekín, tiene entre ceja y ceja el pase a la final. Compite los días 12 y 13.

Vanesa Rial y Paula Medín formarán parte de la selección española en el debut del rugby 7 en unos Juegos. La meta principal será la de clasificarse entre las ocho primeras para conseguir una beca ADO que permita preparar el próximo ciclo olímpico con garantías. Su turno, del día 6 al 8 de agosto.