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El Google del siglo XIX está en San Martiño Pinario

La imprenta del Seminario Mayor funcionó entre finales del siglo XIX y 1990.  Además de algunos trabajos, muchas de sus piezas se pueden contemplar actualmente en el museo de San Martiño Pinario - FOTO: Arsina
La imprenta del Seminario Mayor funcionó entre finales del siglo XIX y 1990. Además de algunos trabajos, muchas de sus piezas se pueden contemplar actualmente en el museo de San Martiño Pinario - FOTO: Arsina

ELVA OTERO  | 14.05.2017 
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Al papel le queda poco para convertirse en un artículo vintage. Le pasará como al vinilo. Con el paso del tiempo, será un formato de lujo para coleccionistas nostálgicos. Pero no siempre fue así. Cuando internet no existía y los dispositivos móviles sonaban a ciencia ficción, las imprentas eran un poderoso instrumento para comunicar. Los que tuvieron una en sus manos sacaron adelante boyantes negocios que hoy han ido a menos o que simplemente han desaparecido. En el museo de San Martiño Pinario hay una de aquellas máquinas antiguas. Empezó a funcionar a finales del siglo XIX y se mantuvo en uso hasta 1990. “La Iglesia tenía entonces un gran volumen de publicaciones y decide contar con su propia imprenta”, argumenta José Antonio Otero Paradela, responsable del centro. Justo enfrente de la Catedral, el espacio acaba de dar un giro a su programación para ganar peso en los circuitos turísticos.

Junto con la Universidad, el Arzobispado era una de las instituciones más relevantes en la Compostela de la época. Meta de peregrinación xacobea, en Santiago estaba el epicentro de una archidiócesis que suma más de mil parroquias repartidas entre las provincias de A Coruña y Pontevedra. Con origen el siglo X, el monasterio de San Martiño Pinario se erige para simbolizar la magnitud de la curia por aquel entonces. Segundo edificio religioso más grande de España después de El Escorial, le sirvió a los sacerdotes para ir adaptando los usos según sus necesidades y allí se trasladó el taller de impresión que había en el palacio arzobispal en 1881. “Daba servicio al Seminario Conciliar Central”, explica Otero. Ubicada en la praza da Inmaculada, el mismo sitio que ahora ocupa la librería, de ahí salían cientos de publicaciones periódicas de tirada media, trabajos oficiales, teológicos, litúrgicos y devocionales.

  “Fue una fuente de ingresos muy importante y generó mucho trabajo”, añade el responsable del museo. Para satisfacer la enorme demanda y modernizar el sistema, el Seminario adquiere máquinas de procedencia alemana. Era un desembolso cuantioso, pero la rentabilidad estaba asegurada. Además de los trabajos para la Iglesia, llegaban encargos de otras instituciones, sociedades y círculos profesionales que generaban sus propias publicaciones. Tratados científicos, discursos académicos, ensayos, novelas y textos religiosos compartían las instalaciones de un antiguo taller que, en la Compostela de la época, gozaba de “gran fama”, recalcan Ofelia Requejo Gómez y Antonio J. González en el libro La imprenta del Seminario Mayor y el grabado. Especialmente apreciados eran los trabajos de ilustración y de encuadernación artesanal, en particular el cosido, los cortes y los dorados a mano.

CENTRO TIPOGRÁFICO DE REFERENCIA. El del Seminario fue uno de los primeros centros tipográficos de Compostela y su sello aparece en obras de peso como Santiago, Jerusalén y Roma. Diario de una peregrinación (1880-1882), editada en tres volúmenes y con importantes grabados. Vendría después El Foro. Sus orígenes, su historia, sus condiciones (1882), el Diccionario Gallego-Castellano (1894) y el Diccionario de artistas que florecieron en Galicia durante los siglos XVI y XVII (1930). Los dibujantes y grabadores eran auténticos artistas, aunque muchos permanecieron en el anonimato. Según Requejo y González, de los nombres que trascendieron sobresalen los de Rico y J. Aniz, C. Pío y Galán, y Enrique Mayer Castro y su hijo Enrique Mayer Méndez. Apasionados del arte medieval, las obras de estos dos últimos se convirtieron “en la tarjeta de visita de las bellezas de Galicia” para muchos viajeros itinerantes. Muchas de las piezas que se utilizaban para realizar aquel trabajo artesanal hoy arrasado por la tecnología se pueden contemplar en el museo de San Martiño Pinario. Comparten estancia con algunos ejemplos de lo que podía hacerse con las viejas planchas de impresión.

Arsina
Con los utensilios de la antigua botica, los monjes conseguían brebajes que servían al peregrino para curar las heridas que les dejaba el Camino. Hoy constituyen uno de los atractivos del museo de San Martiño Pinario.
FOTO: Arsina

OTRA VIDA PARA LOS UNGÜENTOS DE LA ANTIGUA BOTICA
Probetas y frascos de cristal de diferentes tamaños, algunos con etiquetas en las que todavía se intuye la composición de antiguos ungüentos y sólidos tarros de porcelana estampados que a duras penas resisten el paso del tiempo. Es la vieja botica de San Martiño Pinario, otro de los secretos que atesora el museo del conjunto religioso. En alguno de los recipientes figura una inscripción que atribuye la autoría de los brebajes al Seminario Conciliar, una poderosa institución que en el siglo XIX abandona su ubicación original –el actual instituto Rosalía de Castro– para instalarse en el edificio de la praza da Inmaculada.

El laboratorio empezó a funcionar mucho antes. “Lo llevaban los monjes. Tuvo incluso un punto de atención al público para compostelanos y peregrinos, ya que muy cerca se encontraba el Hospital Real de Santiago (hoy Hostal de los Reyes Católicos)”, explica a elcorreogallego.es el responsable del centro, José Antonio Otero Paradela. Hay que remontarse al siglo X para conocer los orígenes del monasterio. En manos de la comunidad benedictina, se convertirá en un actor de peso en el noroeste peninsular durante la Edad  Media y su dominio territorial abarca las cuatro provincias e incluso toca León. Pero con la desamortización de Mendizábal, a partir de 1835, los frailes tuvieron que irse y el monumental inmueble empezó a ir a menos. Además de reconvertirse en sede del Seminario Mayor, hoy alberga otras instituciones como el Archivo Histórico Diocesano, una hospedería y el museo.

CIRCUITOS TURÍSTICOS. Para evitar que el saber de los monjes caiga en saco roto, San Martiño Pinario quiere contrastar con un laboratorio las fórmulas de los antiguos ungüentos. “La idea es fabricarlos de nuevo bajo una patente propia para después comercializarlos”, avanza Otero. El producto encajaría en una futura tienda en la que también se venderían los grabados de la imprenta –otro de los atractivos del museo–, postales, corbatas y otros artículos de merchandising. “Pero no hay recursos”, lamenta el responsable. Los plazos dependen de que el Arzobispado reúna el presupuesto suficiente para llevar a cabo más proyectos. Mientras tanto, vuelcan sus esfuerzos en diseñar una programación con gancho para conseguir que el espacio se integre en los circuitos turísticos.



eotero@elcorreogallego.es