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tribuna libre

Gerontofobia

Por José Antonio Grela

17.07.2016 
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Luego de las últimas elecciones parlamentarias en España y del referéndum sobre el brexit en Reino Unido, numerosas invectivas contra los ancianos han pululado por diversas redes sociales, desacreditando su valía como ciudadanos. A quienes piensan así, quizás debamos recordarles que la sabiduría, encarnada en los filósofos, y que la política grecorromana, reservada a los senadores, tuvo, y mucho que ver con la edad.

Un ingeniero, un cirujano, un piloto, un arquitecto, un maestro... no lo son porque una Universidad acredite en un papel unos conocimientos. Lo son, en tanto trabajan en equipo, comparten con otros colegas de más experiencia y solventan aquellos casos que no contempla el manual, aprendiendo de los errores propios y ajenos. No dista mucho del sistema gremial maestro-aprendiz. De algunas de las profesiones medievales más reputadas: cantero, herrero, ebanista, mareante, médico, sanador de caballos... dependía la sociedad, la salud, la guerra, el comercio, las edificaciones civiles y religiosas. En toda transmisión de conocimiento, bien fuese a través de las lecturas o de la praxis, la sapiencia de los ancestros se mejoraba con las necesidades cambiantes y con las aportaciones que las nuevas generaciones hacían sobre las anteriores.

A mediados de los años 90 se popularizó un spot de un fabricante de automóviles, Renault, y de un modelo muy enfocado a una franja de edad, el Clio. Con él se extendieron unas siglas que formaban parte del eslogan final: JASP (Joven, Aunque Sobradamente Preparado). En el anuncio (si fuere de su interés, todavía está subido en Youtube para poder ser visionado) se aludía a una cita clásica muy pertinente aquí: «Hay ciertas cosas que, para saberlas bien, no basta haberlas aprendido» (Séneca). Si bien, la juventud no está reñida con la sabiduría, no es menos cierto que el tiempo es otra dimensión que juega en el tablero de la vida. Decía Platón en el libro VI de su Res publica que los marineros no pueden suplir al piloto de la nave. Éste conoce bien los astros y los vientos, y se deben depositar la confianza y las vidas de todos en aquel que ha cursado infinitas singladuras y ha sobrevivido a las procelosas aguas de Poseidón, pero no en un piloto novel, ni en marineros que desprecian el arte de la navegación. Aunque, verdaderamente, Platón se había servido de esta parábola para aludir a un fin político, al gobierno de la República y al Estado ideal, siendo los inexpertos marineros, los malos políticos atenienses. Previo a este diálogo mantenido entre los personajes de Glaucón y Sócrates, Céfalo cita las palabras de Sófocles para elogiar la vejez como un estado de liberación sobre deseos y pasiones: «nos vemos libres de una gran multitud de furiosos tiranos».

Cicerón, lector de Platón y de los argumentos de Céfalo, elige a Catón el Viejo para personarse en De Senectute, quien se defenderá de las cuatro acusaciones de la juventud frente a la vejez: «Pues bien, cuando lo medito en mi interior, encuentro cuatro motivos por los que la vejez puede parecer miserable. La primera, porque aparta de las actividades; la segunda, porque debilita el cuerpo; la tercera, porque priva de casi todos los placeres; la cuarta, porque no está lejos de la muerte».

Con ánimo de despertar el interés del lector por esta obra ciceroniana, sólo reflejaré la defensa que, sobre el primer motivo, realiza Catón el Viejo: «Nada prueban quienes afirman que la vejez no se desenvuelve en los negocios. Es como decir que el timonel no hace nada sujetando el timón, puesto que mientras él permanece sentado en popa, unos se encaraman en los mástiles, otros corren de aquí para allá, otros queman los desechos. Es verdad que no hace el trabajo que hacen los jóvenes, sin embargo el timonel hace cosas mejores y de más responsabilidad. Trabajo que no se realiza con la fuerza, velocidad o con la agilidad de su cuerpo, sino con el conocimiento, la competencia y autoridad. De ningún modo la vejez carece de estas cualidades, por el contrario éstas aumentan con los años».

Antes de despedirme, permítaseme aludir a aquella parte de la juventud que reniega y critica de su mayores, de su ideario, de quienes se avergüenzan como si fueran inferiores. Yo diría que tienen un problema, pero no un problema técnico, como dijeron en su día los astronautas del Apolo 13. Si quieren volver a la tierra, más pronto que tarde tendrán que hacer un máster en gerogogía y respetar algo el latín: «quod ille sperat, hic consecutus est; ille vult diu vivere, hic diu vixit». (El joven espera, el anciano ya ha llegado; aquél desea vivir durante largo tiempo, éste ya lo ha vivido).

 

(*) Profesor de Enseñanza Secundaria