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Catedrático de Historia del Arte de la Complutense

Francisco Calvo Serraller: "La identidad europea se forma entre dos ciudades: Roma y Santiago"

{ Madrid, 1948 } Uno de los grandes pilares del Museo del Prado, reconoce que sigue cautivado por la grandeza y el peso de la historia de Compostela. Defensor a ultranza del arte en estado puro y sin fronteras cronológicas, el gran profesor agradece y defiende las gratificaciones que le ha dado, sobre todo lo demás, su faceta de docente.

Francisco Calvo Serraller - FOTO: RAMÓN ESCUREDO
Francisco Calvo Serraller - FOTO: RAMÓN ESCUREDO

FERNANDO FRANJO   | 12.03.2017 
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¿Cuál es el contenido de su conferencia La épica de la derrota promovida por la Fundación Barrié y la Asociación de Amigos del Museo del Prado?

La mayoría de los espectadores entiende la belleza de una obra bajo el punto de vista formal. Yo he querido romper una lanza sobre lo simbólico, sobre el contenido de los cuadros. Hay tres obras emblemáticas pertenecientes al Museo del Prado: La rendición de Breda, de Velázquez; Los fusilamientos del 2 de mayo, de Goya y El Guernica, de Picasso, que se interconectan pero cada una va añadiendo una reflexión más profunda. La primera es una reflexión de la victoria como amistad con el vencido, la segunda, el abrazo con el vencedor, y en la tercera, los vencedores de la guerra son las víctimas: las mujeres, los niños y la naturaleza. Eso me parece una lección absolutamente escalofriante.

Tras el abandono de Miguel Zugaza como director del Prado, el propio museo ha creado una comisión para elegir al nuevo responsable, que ahora ha recaído en la persona de Miguel Falomir. Este proceso de elección ha despertado cierta polémica.

En los estatutos que rigen el Museo del Prado, cualquier elemento en su historia tiene que ver con el patronato. Y el 50 % de sus miembros son de la Administracion. En un tema específico como es la sustitución de un director, la creación de una comisión no es algo extraño, porque es el propio patronato el que la crea y luego presenta su propuesta para ser aprobada. Usted ha sido muy crítico en alguno de sus artículos de prensa con la actualidad del Museo Thyssen y las declaraciones de la baronesa sobre la posibilidad de vender otro cuadro "porque se siente un poco abandonada"

Yo creo que he dado las claves que considero fundamentales. Pienso que el gran error consistió en que, en un momento determinado, se habló de la ampliación del museo sin negociar ninguna contraprestación por parte de la baronesa. Entiendo que ahí sí hay una gran responsabilidad por parte de la Administración. ¿Qué clave, quizás más circunstancial, es la que yo no apuntaba y que desde un punto de vista más íntimo me conmueve? Pues que, en cierta manera a quién está traicionando la baronesa es a su marido, ni al Estado español ni a los ciudadanos. Thysssen quiso tener un mausoleo a la memoria de su padre y a la suya propia en una ciudad de abolengo de Europa y elige Madrid. Ahora, cuando la baronesa vende una pintura por millones de euros no está haciendo un gran daño al museo Thyssen o al Ministerio de Cultura sino a su marido, aunque sí pienso que hubo una negligencia desde el Estado español.

Permítame que galleguicemos la conversación. Hablando de museos y de su gestión ¿Cuál es su percepción de nuestra Cidade da Cultura? ¿Cree que es un desafío que permanece?

Yo de toda esa historia conozco mucho menos que los locales. Pero sí hay algo claro. A mí lo que me parece cada vez que vengo a Santiago es que es la ciudad más bella de Europa. Me ha pasado veinte veces y es como encontrar a tu novia otras tantas (risas). Y ese es precisamente el gran problema que tiene Santiago: su enjundia artística e identitaria. Quizá las dos grandes ciudades europeas, si profundizamos, son Roma y Santiago. La identidad europea se forma entre ellas dos. Y cuando una urbe tan importante quiere recoger su legado nos enfrentamos a un problema de mil demonios. Yo sí soy consciente de las cosas que se han hecho e incluso me parecen bien los intentos de modernizar y esos guiños para decir que no vamos a convertirnos en una especie de momia del pasado, pero es complicado porque la responsabilidad y el peso de la historia son muy fuertes.

Usted ha dicho que en el arte, la separacion de pasado y presente es artificiosa...

Yo la frase que repito como un mantra es la de que a aquel que solo le gusta el arte del pasado y no admira el contemporáneo no le gusta el arte en absoluto. Creo que si lo que se hace ahora no tuviese nada que ver con aquello no se llamaría arte.

Pero quizás sí es cierto que a veces esa interlocución entre artista y espectador es difícil...

Porque nadie se hace la pregunta importante: ¿Qué es el arte? Algo que tu haces y que nadie te encarga. El gesto artístico, al menos en principio, es que tu haces algo que nadie te reclama, o lo que es lo mismo: la gratuidad del gesto, que está desde Altamira hasta la actualidad. Obviamente cuando tú te has convertido en un gran artesano, pasamos a otro estadio. Además, y en relación con esto, el arte cambia pero no progresa: el hecho de que te guste al arte contemporáneo no significa que no admires el Partenón o el arte egipcio, por ejemplo.

Por el contrario, desde el punto de vista docente ¿En qué ha variado la percepción del alumno con los nuevos planes de estudio de Historia del arte ?

Básicamente yo creo que esa división es uno de los grandes fracasos de la democracia y también creo que a veces fracasas con toda la buena voluntad. ¿Qué es lo que yo percibo? Por supuesto que yo, y lo he dicho en muchas ocasiones, lo único que reconozco es mi carácter de docente. Es lo que más compensaciones me ha dado. Y desde esa atalaya sí he visto un progresivo desamparo. El gran drama político de la educación en España es que se equivocaron en el sentido de que lo que es esencial para un país es la enseñanza media y no la universitaria, que ahora tiene más recursos pero poco aprovechados y que está en desventaja. La hemos sobredimensionado como una oficina de empleo y eso es un disparate.

 

ffranjo@elcorreogallego.es