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Vete de mi parte

El Fogón de Trifón

EL BLOG DE PEPE DOMINGO CASTAÑO   | 01.04.2018 
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ERA UN DÍA DE TOROS EN MADRID, UNO DE ESOS DÍAS DE MAYO RADIANTE que enciende los alrededores de la plaza de las Ventas y convierte la ciudad en capital del jolgorio y de la fiesta. Acabábamos de asistir a una de esas corridas plúmbeas, en las que ni los toros ni los toreros son capaces de alterar la larga mediocridad de una feria de San Isidro venida a menos. Mi amigo Carlos Gutiérrez, uno de esos locos que aún creen que Madrid bien vale una feria, nos citó, después de la desilusión venteña, en uno de esos lugares cercanos a la plaza donde comer sigue siendo un placer.

CUANDO LLEGAS AL FOGÓN DE TRIFÓN, LO PRIMERO QUE TE SORPRENDE ES LA ESTRECHEZ DEL LOCAL, los clientes apretujados en torno a una barra muy coqueta y unas pocas mesas casi pegadas unas a otras y llenas siempre de gente ávida de pasarlo bien comiendo lo que le gusta. Trifón Jorge es el alma de este templo de la simpatía y la buena mesa. Su personalidad arrasa en cuanto te saluda con su perenne sonrisa de hombre feliz. Sólo Por eso, ya vale la pena soportar una corrida de toros, sabiendo que después te espera el bullicio festivo de esta taberna ilustrada que ya tiene patente de leyenda en el corazón taurino de Madrid.

LO PRIMERO QUE TIENES QUE PEDIR ES UN BUEN VINO. Y EN ESO, TRIFÓN JORGE ES GARANTÍA DE ACIERTO. Unas botellas de As Sortes elevan el godello a las alturas de la felicidad total. Luego, un jamón espectacular, creo que de los Pedroches, contribuye a que los comensales entren en la antesala del paraíso. Las croquetas de rabo de toro son un homenaje a la sencillez de la cocina de siempre. Un profundo sabor, una fritura perfecta hacen de este plato un orgullo de la gastronomía madrileña del toro. Aquella primera vez tenían berberechos en la carta y, como buen gallego, sucumbí a la tentación y disfruté de esos moluscos humildes que con salsa mágica de Trifón me supieron a gloria bendita.

DEJAMOS PARA EL FINAL LAS ALBÓNDIGAS, MANJAR DE DIOSES CUANDO SE PREPARAN como hay que prepararlas y cuando saben a lo que tienen que saber, a carne y a verdad. No nos dio tiempo para más, pero, echando un vistazo a las caras del resto de los comensales, llegamos a la conclusión de que aquí se come de maravilla. Y eso, amigos, hay que pagarlo. Cuando quieras disfrutar de una comida o una cena con sabor y encanto, vete al Fogón de Trifón con ganas de ser feliz. Y hasta puedes ir de mi parte, porque la simpatía de Trifón Jorge y de su hijo Trifi ya está en mi lista de tentaciones inevitables.

EL FIGÓN DE TRIFÓN

Calle Ayala 144

MADRID

914 023 794