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Editoras

Encontrar libros que son joyas

Irene Antón (ERRATA NATURAE) y Paca Flores (PERIFÉRICA) se alían para publicar, entre otros, hallazgos como 'TÚ NO ERES COMO OTRAS MADRES'

Irene Antón  y Paca Flores - FOTO: ecg
Irene Antón y Paca Flores - FOTO: ecg

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ   | 02.04.2017 
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Destilan energía, seguramente por su juventud, pero, sobre todo, lo que hay alrededor de ellas es un halo de magia. Me reúno con Irene Antón (Errata Naturae, a la izquierda en la fotografía) y Paca Flores (Periférica), es este lugar/refugio que es la trastienda de la librería Cronopios de Compostela, para hablar de su pasión por descubrir joyas literarias, de su emoción al encontrar lo que otros no han hallado, o lo que han descartado, o lo que, misteriosamente, aún no ha sido traducido al castellano. No son editoras noveles, llevan ya una década haciendo pesquisas en esos lugares donde quizás las grandes editoriales no miran, o miran poco. Conocen los pozos mágicos de los escritores olvidados, y, de repente, ¡voilá!, aparecen con un libro extraordinario entre las manos.

Tampoco es que sean precisamente pequeñas editoras. Pequeñas no es la palabra. Sus catálogos son amplios, elegantes, selectos. Lo que ves en ellas lo he visto en otros editores alternativos (quizás esta es más la palabra) que no separan el negocio de la pasión, o que, con gran valentía, ponen la pasión por encima del negocio. Saben que no todo es amor por la literatura, pero, sin ese amor, quizás no merezca la pena hacer las cosas. Sus palabras denotan esa energía joven, ese aire positivo que las envuelve, pero sobre todo denotan gran conocimiento. Son investigadoras del paisaje literario. Entran en sus huecos profundos, en las minas desconocidas, en las habitaciones olvidadas. Y encuentran maravillas.

-Resulta bastante sorprendente ver la cantidad de obras de calidad que hay en vuestros catálogos. Errata Naturae nació en 2008 y Periférica un poco antes, en 2006, años que, en cierto modo, se identifican con el comienzo de la crisis económica. Lo que no impidió que comenzaseis esta gran aventura.

-(Paca Flores) Lo bueno de un proyecto pequeño, un tanto artesanal, es que te mueves en los intersticios que te dejan los grandes entramados editoriales. Nacimos en una época de crisis, hemos luchado en la precariedad, porque todos sabemos que las cosas son muy diferentes de lo que eran en los años ochenta. Pero nuestra realidad es la de la última década, no otra.

(Irene Antón). También te liberas de muchos gastos que son superfluos. Nunca hemos gozado de grandes medios, sabes que al final todo depende de ti mismo. Sobrevives porque estas acostumbrado a que tu economía sea de subsistencia.

-Viendo toda esta década que lleváis en el mercado, y con esos catálogos tan selectos que habéis reunido, uno llega a la conclusión de que para vosotras el libro es mucho más que un objeto de negocio. ¿Cómo se combina la sofisticación, la elección de títulos aparentemente poco comerciales, aunque luego algunos lo sean, la pasión literaria, en fin, con el lado inevitablemente económico de una empresa?

-(I.A.) Era una apuesta vital. Queríamos vivir de nuestros proyectos. Pero desde el principio sabíamos que no íbamos a pensar los libros para el mercado. Supimos que no pertenecíamos a ese mundo. Investigamos, tenemos líneas de trabajo, algunos venimos del mundo académico, donde unos pocos leen a otros pocos, y ahora lo que queríamos era compartir lo que descubrimos con lectores que sabemos que van a disfrutarlo.

-Digamos que habéis decidido publicar lo que os gustaría leer. Algo que las grandes editoriales quizás no pueden decir siempre.

-(P.F.) Tenemos muy claro que esto es un proyecto intelectual, absolutamente vocacional. No hay ni un solo libro en nuestro catálogo que no nos guste muchísimo. No tendría sentido. Ponemos tanto de nuestras vidas en esto que no podría entenderse de otra manera. Los márgenes económicos no son muy grandes así que necesitas ese plus de pasión por lo que haces para sentirte bien.

-Muchos de los títulos que publicáis son extranjeros, y son auténticos hallazgos que no pasaron despercibidos en sus mercados originales. Uno se pregunta cómo es que no han sido traducidos hasta ahora.

-(P.F.) Es una pregunta que nos hacen siempre. Se escapan cosas, por las dinámicas editoriales que existen. Hay que estar atentos. Hay que investigar. Y luego hay cosas flagrantes, que no se han publicado y no tiene ninguna explicación, como este primer libro con el que empezamos nuestra andadura editorial conjunta, Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff, nada menos que del 92, que ha sido elegido Libro del año por los libreros de Madrid, pero que había vendido millones de ejemplares, en alemán, en francés...

(I.A.) Es cuestión de manejarse en tu mapa conceptual. Unos autores te llevan a otros, unas preferencias a otras. Y también tiene que ver con los idiomas en los que leas literatura extranjera. Hay muchos libros del checo y del polaco que se traducen sólo al alemán, que no es un idioma tan conocido como el inglés. Y por eso a veces se abren camino con dificultad.


El regreso a la naturaleza

-¿Nos hemos instalado en la tradición literaria inglesa, y quizás un poco la francesa, y hemos abandonado todas las demás?

-(P.F.) Hay algo de cierto en eso. Hay otras literaturas que llegan peor. La italiana, por ejemplo. Es una literatura increíble, pero no está especialmente valorada en España.

(I.A.) El canon anglosajón marca la pauta global, porque los mercados de Estados Unidos e Inglaterra tiran mucho. Vas a Frankfurt y sabes que allí predomina lo inglés.

-Periférica empieza en Cáceres y también está muy volcada hacia los autores latinoamericanos.

-(P.F.) La de Latinoamérica es una de nuestras líneas. Nos han reportado muchas alegrías. Como por ejemplo Yuri Herrera, un escritor mexicano que funciona muy bien, un autor joven, que se ha traducido a quince idiomas (algo de lo que nos ocupamos también nosotros). Después de los ochenta, Latinoamérica dejó de tener alquel predicamento, algunos de estos libros pueden ser complicados comercialmente, pero merecen mucho la pena. No obstante, nosotros nos movemos con clásicos de principios de siglo, ingleses por ejemplo, autores que está ahora en esa fase creativa de los cuarenta años... Un poco de todo.

-¿En qué consiste el proyecto de la Casa sin fin?

-(P.F.) Es una galería de arte de mi socio, Julián Rodríguez, con dos sedes, en Cáceres y en Madrid. Tiene una serie de artistas con los que hace exposiciones, y algunos de ellos dan lugar también a proyectos editoriales, como es el caso de Joan Fontcuberta, Jorge Ribalta, Pedro G. Romero..., pero que no son exactamente catálogos.

-En Errata Naturae encuentro una gran pasión por la ecología, por la naturaleza. Thoreau es uno de esos autores tan conectados con la tierra que brillan en vuestro catálogo. Creo que hay un auge evidente de este tipo de publicaciones (libros sobre bosques, sobre agua, sobre madera, sobre el campo), como recordaba Rosa Montero el otro día, en uno de sus artículos. Ahí está Una temporada en Tinker Creek, de Annie Dillard, o Un año en los bosques, de Hubbell.

-(I.A.) Es una línea que lleva más mi socio, Rubén Hernández. Walden nos acercó a todo esto, cuando publicamos una nueva traducción. La acogida fue maravillosa. Lo que en anglosajón llaman nature writing tiene que ver sobre todo con la huida hacia el mundo natural: irse al bosque, buscar ciertos valores que hemos perdido. Nos interesa mucho. La pausa que marca la naturaleza es algo fructífero.

-Antes hablábais de investigar, de hacer pesquisas para encontrar libros que son joyas. ¿Cómo se hacen esas pesquisas? Porque he visto hasta cosas de Dickens, al lado de cosas alternativas o raras.

-(P.F.) ¡Claro que de vez en cuando aparece algo nuevo de Dickens! Pero es mucho más alucinante el caso Jules Vallés, un autor de finales del XIX, de la Comuna, que tiene unos libros apabullantemente modernos. Sólo se había publicado algo en los 70. Y nosotros abrimos nuestro catálogo con El testamento de un bromista. Y ahí está Thomas Wolfe, que es un autor a la altura de Faulkner. Un clásico.

-¿Como editoras, hay que seguir la intuición?

-(I.A./P.F.) Hay que seguir lo que te gusta, lo que te hace disfrutar. Tu mapa conceptual que, como decía Adorno, tiene sus constelaciones. El lector sabe lo que se va a encontrar con nosotros: hay que estar a la altura del lector. A veces trabajas en los márgenes, te apartas de lo canónico, de lo esperable (como indican los nombres de nuestras editoriales). Pero lo que disfrutas es el descubrimiento de un libro: eso te produce una gran felicidad.