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tolo por ti

Enamorado

JOSÉ MARÍA MÁIZ TOGORES (*)   | 18.09.2016 
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Eso creo.

Los seres humanos, en su conjunto, cuando manifestamos que estamos enamorados pasamos por tres vivencias o estados: en primer lugar, el intrusive thinking, es decir, la obsesión por la amada o el amado. Posteriormente caemos en un desasosegante estado de incertidumbre, el uncertainty spirit, que incluye tanto dolorosas dudas acerca de la intensidad y continuidad de la otra o del otro hacia uno mismo o misma, así como lastimeros pensamientos sobre su fidelidad. Y, por último, un sentimiento de helplessness, de indefensión, de falta de control ante emoción tan avasalladora, que ciega el entendimiento, nubla la razón e imposibilita un adecuado comportamiento. ¿En cuál me encuentro yo? ¿En cuál habito con sincera honorabilidad?

Guardemos el misterio por ahora.

Corramos, como dice un alumno mío, un estúpido velo.

El amor siempre te aborda descuidado mentalmente y con un sinfín de agujas de frío acero en las manos, el amor es un maleficio deseoso de ojos y besos, el amor es una pasión que llega microscópica pero irrenunciable. El amor no te permite controlar los pasos que das, la mayoría de ellos llenos de desazón, confiadas expectativas y nebulosas verdades. El amor es una edulcorada pestilencia que te deja absorto en un retrato de mujer que sólo el azar te desbloquea.

Por eso, ¿cómo puedo guardar en mi pecho esta retahíla de enrojecidas ausencias y deseadas presencias?, ¿cómo acariciar en sueños un cuerpo con un sencillo vistazo y después tenerle que explicar a mi razón que todo ha sido una ilusoria quimera?, ¿cómo convertir, sin sufrimiento, en un proyecto plausible la inalcanzable unión de dos almas que habitan mundos antagónicos?, ¿cómo vencer en una partida donde uno ya sale antes de comenzar en ruinas y destrozado?, ¿cómo saberse liberar del amor cuando éste te tiene perpetuado en un ser vergonzoso, asustadizo y atormentado?, ¿cómo considerarse un alma privilegiada cuando entorpece nuestro entendimiento hasta límites insospechados?, ¿cómo catalogarlo de placer desenvuelto cuando es un ciego niño que te atrapa desnudo y a la intemperie? ¿cómo...?

Son tantas las cuestiones que bullen en mi mente y que hormiguean mi espíritu que no soy capaz de retenerlas. Jinetean y trotan por mi mundo interior con cierta actitud obscena, para después emprender un galope iracundo y desbocarse en un teclado anónimo y silente: mis textos literarios.

Por todo lo expuesto, ayer decidí comenzar a quererte un poquito así. Ayer descubrí que estoy enamorado. ¿Desde cuándo? Nadie les pide razones a mis hechos. Por lo tanto, tú menos.

Pero, tranquila, mujer, que no crezca en ti la turbación. Piensa que sólo es un sentimiento, un sentimiento pequeño y recoleto que ayer comenzó a crecer callado y reservado en mi pecho y que jamás te revelaré.

¿Y si todo esto fuera una descabalgada ficción de un hombre empeñado en vivir un estado del que dimitió hace ya unos años? ¿El egoísmo moral de la reliquia de un hombre enamorado? Puede ser. No te lo niego.

Sólo tú lo sabes.

(*) El autor es profesor