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Dos de octubre: preparados, listos, ¡ya!

MARÍA OFIR ABOY GARCÍA (*)   | 25.09.2016 
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Hoy se celebran en Galicia las elecciones al Parlamento Gallego y decidiremos quien nos gobernará los próximos cuatro años. Conocemos con certeza que la participación ciudadana en los asuntos públicos se hace visible en el momento de depositar nuestro voto. Todos pensando en elegir lo más conveniente, y, tal como señala el artículo 6º de la Constitución, formar la voluntad popular de nuestra sociedad. Cada votante introducirá en un sobre su parecer y decidirá el destino político de nuestra comunidad autónoma en los años venideros.

Pero, además de esta cita tan importante, existe otra el día 2 de octubre que quizá sea mucho menos conocida, salvo en el mundo funcionarial, pero sería bueno que se publicitara tanto o más que la anterior. Me refiero a la entrada en vigor de dos de las leyes más importantes que se han aprobado desde la Constitución Española.

La ley 39/2015 de 1 de octubre del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Publicas, que regula las relaciones de éstas con los ciudadanos, y la Ley 40/2015, también del 1 de octubre del Régimen Jurídico del Sector Público, que regula el nuevo panorama jurídico de las instituciones públicas.

Estas dos normas revolucionan las estáticas, deficientes, complejas e incluso algunas ineficientes disposiciones normativas que estuvieron, algunas vigentes desde hace más de 20 años, y apuestan por la eficacia, la eficiencia, el ahorro y la centralización del ciudadano, partícipes, por fin, de la administración que nos merecemos.

Esta apuesta requerirá una gran adaptación por parte de todos para cumplir con sus mandatos. Esperemos que exista, pues, actitud y aptitud para ello. Entre las novedades incorporadas en estas leyes se encuentran, además de otras:

La existencia, salvo excepciones, de un único procedimiento administrativo común, electrónico, más ágil, con un expediente exprés, accesible en cualquier momento, interoperativo, que ahorrará costes y que aumentará derechos y garantizará la transparencia.

Un cómputo de plazos por horas, un pago electrónico para las sociedades y en el que las relaciones con el público-cliente será mediante las nuevas tecnologías, sin papel. Ya no habrá necesidad de presentar documentos originales que obren en cualquier otra administración, disponiendo de asistencia, si fuera necesario, para dirigir solicitudes, presentar quejas e incluso participar en la elaboración de las regulaciones que nos afecten.

Mayor transparencia y control, pero también mejor cooperación y coordinación entre las distintas administraciones públicas. Y sobre todo, rendición, eficacia y supervisión continua del sector público institucional. Se acabarán los chiringuitos. ¿No es esto noticia?

Estas y otras muchas novedades nos esperan a la vuelta de la esquina. ¿Y cuánto tardaremos en darnos cuenta de la revolución digital que asoma? Algunos, tristemente, más de lo necesario. Otros, como la firmante de este artículo, estaremos más felices que una perdiz fuera de la zona de caza.

La Administración se convertirá la próxima semana en impulsora de un cambio. El buen gobierno se instala definitivamente en nuestras vidas y el administrado será el protagonista de ese cambio. A partir de ya, podremos evaluar si realmente estamos haciendo de lo público lo nuestro.

Está bien que cada cuatro años decidamos quien nos representa, pero qué bueno que todos los días, sin excepciones, podamos representarnos directamente, ejercer nuestros derechos y participar activamente en lo que es de todos. Bienvenida Gobernanza. Te recibimos con alegría.

(*) La autora es Licenciada en Derecho