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Desastre

La Xunta declaró recientemente Bien de Interés Cultural el Museo Carlos Maside, pero es tarde ya para recuperar algunos lienzos referenciales de la pintura gallega deteriorados irremisiblemente por la humedad y la carcoma. Algo inaudito si atendemos al significado cultural e histórico que esas obras tienen para Galicia.

Las humedades  y el abandono general del recinto es una constante. El cartel anunciador presenta un edificio luminoso y limpio en contradicción de lo que la realidad  ofrece. - FOTO: M. COLLAZO
Las humedades y el abandono general del recinto es una constante. El cartel anunciador presenta un edificio luminoso y limpio en contradicción de lo que la realidad ofrece. - FOTO: M. COLLAZO

ALFONSO FREIRE  | 18.03.2018 
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EL MUSEO CARLOS MASIDE

Alberga uno de los fondos más importantes de la pintura gallega contemporánea, con obras de autores como Castelao, Laxeiro, Urbano Lugrís o Luís Seoane, El Museo Carlos Maside, que carece de unos cuidados óptimos, está situado en el complejo industrial de Cerámicas do Castro, en Sada. El inmueble fue concebido por los dibujantes, escritores y galleguistas Luís Seoane y Isaac Díaz Pardo en 1970 como espacio para “reivindicar o papel dos autores das vangardas galegas desaparecidos ou fusilados”.

Aunque se están realizando algunas gestiones tardías por parte de la Xunta de Galicia, lo cierto es que a día de hoy, y más allá de las guerras intestinas entre los interesados, gran parte de la obra de Seoane, Maside, Castelao, Laxeiro, Souto o Maruja Mallo se pudre irremediablemente en el interior del desastroso y destartalado Museo de Arte Contemporáneo, Carlos Maside, espacio integrado en el que un día fue un prestigio referente para la cultura y artesanía de Galicia: Cerámicas o Castro y la Real Fábrica de Sargadelos.

Una rápida visita a sus instalaciones permite asombrarse ante el deterioro ya irremediable de algunas de las obras más emblemáticas de la cultura de Galicia de los últimos 50 años. Incluso de su singular edificio, diseñado por quien en su día fue amigo personal de Díaz Pardo, el renombrado arquitecto gallego, Andrés F. Albalat.

Referentes artísticos de nuestra historia se exponen en un espacio consumido por la humedad, el musgo y las chinches sin que hasta la fecha se hubiera hecho más que asistir como invitado de piedra a esa encarnizada lucha entre los herederos de la obra recopilada por
el galleguista Isaac Díaz Pardo y el nuevos empresario y accionista histórico, Segismundo García.

En este Museo de Arte Contemporáneo están representados muchos de los principales creadores contemporáneos gallegos. Desde Maruja Mallo, Francisco Lloréns, Xesús Corredoira, Arturo Souto o Francisco Asorey hasta Maside, Colmeiro, Laxeiro o Seoane. Desde Granell o Lugrís hasta Castelao, del que entre otras obras se custodia la co­lección de máscaras que creó para la puesta en escena de Os vellos non deben de namorarse.
Aunque parecen claras las intenciones de este empresario de Ribadeo en aras de levantar la afamada marca de nuevo, lo cierto es que el deterioro clama al cielo y es incomprensible como desde la Consellería de Cultura no se hubiera hecho nada hasta ahora. Por un lado, se relanzan las ventas pero nada parece indicar que se protejan los bienes culturales. La declaración de las obras incluidas en el Museo como bien de interés cultural, bic, hace bien pocas semanas no exime a la Xunta de sus responsabilidades en una actuación al menos pusilánime para intentar resolver los problemas de la institucion.

Alguien tendrá que explicar a los gallegos por qué algunos de los cuadros más significativos de nuestra historia más referencial como pueblo se pudre en las paredes del Museo Carlos Maside  a la vista de todos, entre ellos cientos de escolares que asisten asombrados a las explicaciones de su director impávido ante la evidencia, negando humedades y deterioro de cuadros.

Escolares que después de recibir explicaciones sobre la historia de esta Real Fábrica de Sargadelos, creada en el siglo XIX por Antonio Raimundo Ibañez, Marqués de Sargadelos, asisten en grupo a contemplar la fábrica y el contenido del Museo.

Isaac Diaz Pardo ese gran valedor de la obra de Seoane, Laxeiro, Colmeiro, Quesada, Castelao, Maside, Souto, Maruja Mallo y de los artistas más renombrados de Galicia, que hicieron que nuestra tierra tuviera un hueco en el mundo del Arte, compilador de la obra artística de los años más brillantes de la cultura galega, ve, al final de sus días, como todos sus esfuerzos se desvanecen en esa guerra entre el Laboratorio de Formas, (idea surgida del viaje a Argentina en 1955 por Diaz Pardo y su encuentro con Albalat y Fernando Arranz) y Segismundo García, y como la Xunta asiste al espectáculo como  invitado de piedra.

Las ventas en Sargadelos se disparan, crece incluso la contratación de trabajadores, parece que la nave va como diría Fellini; pero se deja de lado el valiosísimo patrimonio artístico y el respeto a toda Galicia.

El Museo Galego de Arte Contemporánea Carlos Maside fue creado por Seoane, José Luis Vázquez y Díaz Pardo en 1970, quienes fundaron el Laboratorio de Formas de Cerámicas do Castro, en el Castro de Samoedo (Osedo, Sada), dentro de las instalaciones de Cerámicas do Castro, en un característico edificio compuesto de módulos hexagonales alrededor de un módulo central. Diseñado por Andrés Fernández Albalat fue y es un referente de la arquitectura gallega.

La destacada pinacoteca está participada en un 50% por Cerámicas do Castro, con Segismundo García al frente, y en otro 50% por el Laboratorio de Formas, a su vez integrado por la Fundación Luís Seoane, que depende del Ayuntamiento de A Coruña (44%); los herederos de Díaz Pardo (44%); y el arquitecto Andrés Fernández Albalat (12%). Xosé Díaz, hijo de Isaac, es vicepresidente de la Luis Seoane y administrador único del Laboratorio de Formas de Galicia.