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Decidimos lo que somos

Por María Ofir Aboy García

03.07.2016 
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En un segundo una decisión te puede cambiar la vida. Generalmente, si hacemos lo que nos gusta, si nos atrevemos a salir del confort en el que nos asentamos, conseguiremos ser felices aun creyendo que hemos fracasado. La reflexión es: "Has hecho lo que querías, te has esforzado en conseguirlo y aunque falles, te sentirás orgulloso de ti mismo. Ya habrá otra oportunidad". Y la encontrarás porque la buscas. Estoy convencida de que el éxito en cualquier parcela está en la aptitud decidida de hacer aquello que nos apasiona y en luchar para conseguirlo aunque truene.

SIN EMBARGO, si no apostamos por decisiones que nos llenan, que nos liberan de nuestras cárceles personales, la vida nos parecerá aburrida, tediosa, estéril e incluso el levantarse por la mañana puede ser un suplicio. Afrontar día a día algo que, sencillamente, no queremos, tiene su precio.

Creo con firmeza que tener una pasión y dedicarse a ella como oficio es el escenario perfecto que algunos por sus circunstancias personales no podrán lograr aunque lo intenten, (que importa; ellos lo han intentado), pero quizá muchos no lo consigamos por miedo a arriesgarnos. Yo la primera, claro.

Siempre habrá personas que te quieren y te dirán aquello de "busca seguridad", "piénsatelo bien", "no te gusta, pero ¿cómo te vas a arriesgar?". Pero si les contestas: "No soy feliz, a mí me encantaría hacer otra cosa, tengo en la cabeza un proyecto, creo que debo pasar página", seguro que ya no te dejarán terminar de exponer tus anhelos. Lo primero que te preguntarán es: ''¿Y eso para qué te va a servir?, ¿tú lo has meditado en profundidad?, o ¿con lo que te propones hacer, ganarás más?

HOY ESTAMOS rodeados de corsés que nos impiden cumplir nuestros sueños. No analizamos que es lo que verdaderamente nos hace sentir bien, nos gusta, nos emociona, en definitiva, nos hace felices. Y por eso no arriesgamos. Somos como robots a las órdenes de lo que dirá la sociedad, el vecino o el amigo del bar de abajo. Si te revuelves ante lo que ves que te empequeñece, te conviertes automáticamente en un bicho raro con la cabeza llena de pajaritos. Al final, es inevitable, decides que es un peso con el que no contabas y vuelves cada día a tu rutina con la esperanza de que el destino te traiga lo que quieres. Te dices a ti mismo, una y otra vez, a ver si tengo suerte algún día.

YO CREO que debemos apostar por la vida. Estamos aquí dos días. ¿Qué demonios estamos pensando aquellos que por fortuna podemos decidir, para no hacer lo que nos gusta? Por qué guiarnos únicamente por el que dirán, por el dinero, por el estereotipo de buscar la seguridad antes que la felicidad de uno.

Yo apuesto por decidir cómo somos. Como dijo Walt Whitman en su maravilloso poema, No te detengas: "Somos seres llenos de pasión, la vida es desierto y oasis, nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia".

Pues eso.

(*) La autora es

licenciada en Derecho