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David de Juan: manual para vivir varias vidas

El escritor salmantino, tras el éxito de 'El baile de las lagartijas', publica 'La mejor de las vidas' (Harper Collins), una historia en clave personal, en la que las ciudades laten con fuerza, trenzada con un lenguaje que anuncia su madurez literaria

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ   | 02.10.2016 
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Habla con cierta timidez, pero ya es un escritor sólido. El baile de las lagartijas, su novela anterior, ofrecía un lenguaje poético, pero La mejor de las vidas (Harper Collins Ibérica) apunta a una madurez intimista, sin abandonar el lirismo, con ese perfume de autor que pasó algunos días de su formación escribiendo en la Fundación Gala.

-Esta es una novela de vidas y de lugares. De ciudades. De experiencias. Una novela de crecimiento, de formación. Y ahí, en la portada, ahí están los remeros del Támesis...

-La carrera entre Oxford y Cambridge es la competición deportiva más antigua del mundo. La realidad de la carrera en 2003 ya me dio mucho material literario... Es justo el momento en el que se rompe la novela. Ahí es donde los personajes deciden ir cada uno por su camino...

-Me encanta visitar Cambridge... Caminé sobre el río Cam helado un invierno muy frío... Por eso me han encantado tus descripciones de Cambridge nevado.

-¡Cómo envidio que vieras el río totalmente helado! Yo no he tenido ocasión, a pesar del tiempo que he pasado allí. Cambridge es el primer escenario narrativo de la novela, una tercera parte sucede en esta ciudad. Y las demás dependen un poco de ella. Es una ciudad pausada, tradicional y orgullosa, y la novela en principo es también así. Roma, con el Trastévere, es más romántica, como descubre Nicolás, el protagonista. Allí hay un gran estallido de vitalidad. Ámsterdan es un lugar perfecto para las sorpresas, y , finalmente, París, pues ya sabes... París es todo lo que uno quiere que sea... Todos los nudos terminan por atarse en París.

-La elegancia de los escenarios de las viejas ciudades es incomparable. Lo cuentas muy bien... Pero, al final, es una novela sobre ti mismo, sobre tu generación. Es una novela sobre la juventud.

-Bueno, suelo decir que soy un escritor con poca imaginación. De verdad. Necesito que me suceda algo para ponerme a escribir. Y aquí hay muchas cosas que forman parte de mis experiencias vitales. Como el casero de Nicolás, que es un fiel retrato de mi propio casero de Cambridge: era una persona que tenía arresto domiciliario, viví con él una experiencia dramática... Y, sin embargo, siempre lo vi alegre. Pero en modo alguno esto es una autobiografía. Lo mezclo todo, como un puzzle. Hay siempre esas mentiras. Aquí la gran mentira es el personaje femenino...

-Vaya por dios. Yo tenía esperanzas...

-Y yo, y yo. Ya me hubiera gustado (risas).

-Eres un escritor con un gran dominio del lenguaje y de las imágenes. Te influyó mucho el realismo mágico. Pero creo que, aunque la estética está ahí, todo eso está bastante superado.

-Me gusta una cierta literatura. Se me nota. Y sí, me ha costado desprenderme de la etiqueta de realismo mágico. En esta novela creo que esa relación, como dices, queda atrás. Pero mi estética es la que es: no me vería escribiendo otro tipo de literatura.

-Creo que consigues una rara mezcla entre un gran lirismo, muy profundo, y un argumento narrativo bastante sencillo.

-Bueno, es lo que pretendo. Al final, la novela es el largo relato de Nicolás. La novela es un retrato generacional, pero sobre todo es una novela sobre las ausencias. Y sobre el aprendizaje. Nicolás siempre termina preguntándose más y más cosas.