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Cosecha 2016 (II) Fernando Aramburu y Jorge Zepeda

La novela de conflicto explora situaciones sociales y políticas con una mezcla entre ficción y realidad histórica. Patria (Tusquets) elegida una de las novelas del año

J. MIGUEL GIRÁLDEZ   | 31.12.2016 
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La novela que aborda conflictos contemporáneos, con un marco histórico realista pero con protagonistas de ficción, está copando la atención de los lectores. Hay numerosos ejemplos, pero en el año que termina hemos elegido dos de ellas como representantes de los conflictos cercanos y lejanos, ambas consideradas como dos de las mejores novelas de 2016: Patria (Tusquets) y Los usurpadores (Destino). De estas dos novelas cabe destacar el íntimo enlace de la ficción con el realismo, la comunión entre la trama y los conflictos reales. Por tanto, aunque los personajes forman parte del imaginario de los escritores, sus vidas discurren en paisajes y contextos golpeados por situaciones traumáticas: de alguna forma son obras que intentan comprender, explicar, ahondar en las causas y los efectos de los conflictos sin olvidar, sin embargo, los ingredientes que una novela necesita para triunfar.

 


fernando aramburu

 

Fernando Aramburu, con una larga trayectoria literaria a sus espaldas, narra en Patria, celebrada por muchos críticos como una de la novelas fundamentales de 2016, el final del conflicto de ETA en el País Vasco y la historia de dos familias vecinas, amigas, cuyas vidas evolucionan a lo largo de cuarenta años de manera diferente a causa del contexto político. "Yo no escribí Patria con pretensiones sociales, pensando en que iba a repercutir de una u otra manera en la sociedad: sería iluso si lo creyera", explica. Le digo, entonces, que algunos la han comparado con Guerra y Paz. "Bueno... eso es algo que queda fuera de mi control. Me siento indefenso tanto ante los elogios como las críticas", asegura Fernando Aramburu. "Fueron tres años de soledad literaria, fue difícil. Tenía demasiados problemas con la estructura de la novela como para preocuparme de otras cosas", insiste.

Patria es, en efecto, una novela de largo aliento, como suele decirse. Compleja, ambiciosa en sus planteamientos, que analiza la sociedad del País Vasco desde dentro, desde el concepto de la familia, de la vecindad, de la amistad, y también desde el impacto que, en las distancias cortas, más que en los grandes escenarios políticos, causó el largo conflicto. Le digo que todo empieza, o eso creo, en los relatos de Los peces de la amargura, y que esa semilla ha devenido en una novela total, que intenta fotografias una sociedad y las heridas que en ella ha ido dejando, inexorablemente, un tiempo muy duro. "Yo las llamo 'novelas de gentes vascas'. Hablan de personas como yo, que nacimos y vivimos en el País Vasco. Yo, entonces, vivía allí [luego, se mudó a Alemania]. Estos libros (habría que incluir Años lentos) provienen de una experiencia personal previa, aunque enriquecida, sin duda, por las cosas que otros me han contado. Tengo una implicación directa con este asunto: me gusta hablar de la época en la que he vivido. Y en esta época, pues hemos tenido terrorismo. Pero no es lo único que me interesa. En Patria hay otras muchas cosas: viajes, enfermedades, amores, alegrías, penas. Hay sobre todo nueve personajes a los que también golpea la violencia, claro, y que deja en ellos una honda huella, y en sus relaciones personales", relata Aramburu. "Pero no es el mundo político lo único que me interesa", insiste. Aramburu viene de un mundo vanguardista. Fue un joven poeta surrealista. Practicó incluso el humor, y en los ochenta se fue a vivir a Alemania "que también ha dejado huella en mí". "Yo era un contador de sílabas, que se asustaba con una cacofonía... ", dice. "La narración supuso un cambio. He tenido que trabajar mucho la prosa. La crítica dice que Patria es una novela sencilla, y eso, para mí, es un elogio. Pero hay un inmenso trabajo lingüístico detrás, un trabajo de decantación. No quiero decir que la sencillez implica siempre calidad... yo no quiero dar lecciones. Fui profesor de castellano, y la lengua sigue siendo mi juguete favorito. Pero, con el tiempo, uno tiende a buscar los esencial. Los palos de la vida te ayudan a comprender..." A veces, Aramburu se refiere a su retiro alemán. A esa cueva literaria de Hannover de la que le resulta difícil salir: "me fui a Alemania por la guapa, me fui por amor. Y por amor permanezco allí. Yo escribo las 24 horas del día, aunque no sea físicamente. Tengo el cerebro siempre orientado a la producción literaria. Y sí: escribo con las ventanas cerradas y las persianas bajadas. Es como más disfruto de lo que hago. En lugar de ir a bares, yo me retiro para decir cosas a los demás. Esto me ha dado serenidad..."

"No sé cómo hubiera sido la cosa si me hubiera quedado en el País Vasco...", cuenta Aramburu. "Sé que hubiera sido distinto. Nunca me he desentendido. La lejanía física la he intentado suplir con la cercanía emocional. Me dolía lo que pasaba, y por eso de vez en cuando le he dedicado [al conflicto] atención literaria. Me he sentido reclamado por la realidad triste del terrorismo". Y luego, sobre este éxito de Patria, sobre el reconocimiento masivo a esta gran novela, Aramburu insiste en que se necesita más ficción literaria, también en conflictos así. "Contar como se vivió todo aquello, sólo lo puede hacer un novelista. Qué supone perder a un padre o un hermano, o ser vecino, o madre, de un chico, de alguien que mata... Estas son preguntas que la ficción puede abordar, y que hace que el lector se sienta interpelado de una manera humana. La novela añade también el elemento estético, claro. Pero, sobre todo, he querido hacer una novela viajera, no localista, con voluntad de totalidad, una novela que, inevitablemente proporciona un dibujo complejo de la sociedad", concluye.

 


JORGE ZEPEDA PATTERSON

 

México, con toda su potencia, con toda su fuerza turbadora, está en la raíz de toda la obra periodística y literaria de Jorge Zepeda Patterson. Ahora, volcado en la literatura que explica y analiza los conflictos, México se agranda en Los usurpadores (Destino): hay mucho que contar. Un conflicto hondo que habla de idiosincrasias, de viejas ideas que persisten, de la fragilidad de la vida y la velocidad de la muerte, y también, con cierto aire premonitorio, de los cambios en las relaciones políticas entre México y los Estados Unidos. Hablo con Zepeda, que presenta la novela en Madrid, y que ha sido también muy celebrada como ficción de traumas y conflictos contemporáneos. "Es una novela sobre los Azules", cuenta Patterson, "algo así como cuatro detectives de diferentes orígenes, una cofradía de amigos desde la infancia a la que recurro en algunas de mis novelas. Prima la lealtad entre ellos, aunque hay tensiones, porque dos de ellos están enamorados de la única mujer del grupo...". La novela, un thriller político, arranca con una tragedia muy potente. Un atentado en la ceremonia de inauguración de la Feria del Libro de Guadalajara que va a provocar la muerte a ciento cincuenta celebridades que asistían al evento. Es un atentado sólo comparable, quizás, al 11-S, y sacude por completo los cimientos de México. El país queda sumido de pronto en los efectos de un gran terremoto político. "Con ese ritmo arranca Los usurpadores", continúa Zepeda. "Los Azules, alguno de los cuales está presente durante el atentado, se verán obligados a investigar las ramificaciones del atentado, a encontrar el responsable, con grave riesgo de muerte. Es un intento de radiografiar el poder, las entrañas del poder, la oscuridad tras las bambalinas. No sólo en México. Mis novelas, afortunadamente, están siendo traducidas a idiomas como el chino o el turco, porque este análisis del poder es válido para muchos países. La ficción te permite cosas que no te permiten las herramientas periodísticas. Esto es un fresco de los poderosos: la novela es como un Juego de Tronos contemporáneo, con tres aspirantes al poder que están dispuestos a hacer cualquier cosa para destruir a su enemigo. Ese es el hilo conductor de esta tremenda historia de lucha por el poder, en la que el tenis aparece como gran metáfora de la soledad de un mandatario, ideal para desvelar los pliegues del alma".