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Care Santos: "soy escritora y algo cocinitas"

Destino publica el premio nadal de este año, 'Media vida', una novela en la que asistimos a las vidas de cinco mujeres que atraviesan la historia, de la dictadura a la democracia

Care Santos - FOTO: FERNANDO BLANCO
Care Santos - FOTO: FERNANDO BLANCO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ   | 19.03.2017 
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La novela ganadora del Premio Nadal de este año, Media Vida, publicada por Destino, supone un viaje por la historia del siglo XX en nuestro país, o, mejor dicho, un viaje por la intrahistoria de cinco mujeres. La peripecia vital de las gemelas Viñó (Olga y Marta), Lola, Nina y Julia, constituye la masa de esta narración, modelada con mano firme por Care Santos (Mataró, 1970), que, como suele, logra encontrar en las vidas anónimas el latido de toda una generación, el dibujo de toda una sociedad, en un tiempo que arrancaba de las tinieblas y del dolor para abrirse a la luz y a la esperanza. Ese es el viaje que Care Santos nos propone, las vidas de cinco mujeres que se conocieron en la infancia y que en los años ochenta, 31 años después, vuelven a reunirse para pasar revista a los afectos y a las pérdidas, a las culpas y a las traiciones.

-Muchos críticos han dicho que has crecido literariamente en esta novela. Yo creo que tú ya tienes una trayectoria sólida detrás, pero sí has intentado que en esta novela estuvieran tus grandes temas, tus gustos literarios.

-Sí, eso desde luego. Pero también he cambiado un poco de registro. Quería probar otro ritmo, otra forma de escribir. Antes jugaba más con las idas y venidas del tiempo, mis novelas tenían una etiqueta más histórica. Ahora me he moderado mucho.

-Lo has probado casi todo. Hiciste hasta ciencia ficción. Creo que tal vez todo esto te viene de haber leído tanto, de haber ejercido de crítica y de comentarista literaria.

-Tuve años de probaturas. Todo el mundo en su trabajo tiene que medir sus fuerzas. Tienes que saber qué es lo que haces mejor. Y sobre todo, hay que divertirse. Ahora, lo de la ciencia ficción no lo haré más, lo prometo. En esto de haber crecido que comentabas... verás: me parece que impone el premio. La gente no te ve a ti, ve el premio. Pero como decía Pynchon, esto es un largo aprendizaje. Y creo que los de mi edad estamos ahora en los mejores años.

-Leí que la idea de la cena que aparece en esta novela, las mujeres que se reúnen para revisar sus vidas treinta años después, nació en otra cena, una que tuviste en tu propia casa, con mucha gente que os conocíais también de la EGB. En Media vida asistimos a esta auténtica montaña rusa de la historia, en clave femenina: de 1950 a 1981. Una época en la que España vivió un cambio radical.

-Las etapas de transición son muy interesantes. El año en que estas mujeres se reúnen es el año en el que se aprueba la Ley del Divorcio. Fue muy polémica: hoy lees en una hemeroteca todo aquello y te asalta una sonrisa. Pero en aquel momento fue un bombazo. En aquel momento todo empezaba a cambiar. La educación machista y conservadora del fanquismo cambió tan rápido que las mujeres tuvieron que adaptarse a toda prisa. La educación siempre fue mucho peor para las mujeres. Creo que es algo que no le ha sucedido a ninguna otra generación. Esa adaptación, todavía continúa hoy. En la novela se ve que los valores que habían aprendido de niñas, en aquel colegio de monjas en los años 50, no tenían nada que ver con los del nuevo tiempo que se abría ante ellas. Tuvieron que volver a aprender muchas cosas.

UNA NOVELA FEMENINA

-Algunos han dicho que Media Vida es una novela feminista. Yo creo que es, sobre todo, una novela femenina. Lo que tú haces es poner a estas mujeres frente a los momentos históricos tan diversos que atraviesan sus biografías.

-Yo no pretendía escribir una novela feminista. Pero sí una novela de mujeres. Es algo que no podías hacer con los hombres, porque las mujeres sufrieron la imposición de ciertos roles determinados, que desde luego no pudieron evitar. Me interesaban ellas. La educación les impuso un regreso al siglo XIX, y eso no sucedía, ya digo, con los hombres. Las apartaron de todos los papeles interesantes de la sociedad. Pero esta novela, aunque femenina, no es sólo para mujeres, lo mismo que Moby Dick no es una novela sólo para balleneros. Admito, sí, que los hombres están desdibujados a propósito en la trama. Y eso que llegué a pensar en introducir una cena de los cinco hombres... -En esta novela hay un cruce de crueldades. Está la crueldad del presente, pero, sobre todo, la de la edad infantil, o adolescente, en 1950. Una edad cruel en un entorno solapadamente cruel, como tú dices. Y está esa niña, Julia, que no es una niña rica, y que vive aparentemente en igualdad de condiciones con sus compañeras, pero que en realidad ha de limpiar y trabajar cada día para ganarse su estancia en el internado.

-Julia viene a ser como una buena obra en el internado... Y también Vicentín... Pero, ¿sabes? Un escritor, en ocasiones, tiene que dulcificar la realidad. Porque muchas veces, como pasaba en esa época, la realidad es excesiva.

-Este Vicentín del que hablas... Es un personaje grotesco, casi un personaje de Valle-Inclán.

-¡Sí! Mira, no me había dado cuenta... Es que yo soy muy valleinclanesca. Aparté su influencia a manotazos, eso sí, porque no podía ser él, simplemente.

-Los lectores comprobarán hasta que punto es importante Vicentín. Y eso que se pasa la novela entre sus propias tinieblas.

-Casi se diría que es el protagonista, técnicamente. Porque sin él no existiría la trama.

-Las vidas de estas mujeres van avanzando ante nosotros, pasan y nosotros las vemos, contemplamos cómo luchan con su propia existencia. Y todo va confluyendo en la novela hacia ese punto álgido, esa cena, treinta y un años después, en el restaurante de Marta. Las vidas aún no se entrelazan... Van, cada una por su lado, acercándose al punto de encuentro. Está todo muy bien contado. Y la última será Julia, que fue una niña pobre y curiosamente es la que más ha triunfado (hasta llegar a diputada), y que parece que no quiere llegar nunca. Y allí asistimos a un clímax... la cena termina trasladándose a un hospital. En fin, no podemos contar mucho más. Pero lo que más me gusta de todo esto, Care, es el sentido dramático. La cena es una piezaa teatral. De hecho, debería convertirse en una pieza teatral.

-¡Qué bien que digas esto! Me encanta. Bueno, es que yo soy muy teatral. Y tengo una espinita clavada con eso, que espero quitarme... Tengo devoción por el teatro, he leído mucho. Los novelistas deberían leer teatro, porque enseña a construir diálogos. En otras novelas mías he jugado a estos ambientes dramáticos.

-Pues aquí hay una obra teatral seguro, no sé si soy el primero que lo dice. Pero así es como lo veo.

-¡Si hasta sería baratita! Y fácilmente adaptable.

-Yo plantearía la obra de teatro desde la cena, no desde el principio. Lo de los años cincuenta debe aparecer, pero indirectamente.

-Estoy de acuerdo.

EL PASO DEL TIEMPO

-Hablábamos antes de la crueldad. Y del paso del tiempo. Son grandes temas de esta novela. Todo aparece ahí, en esa cena final, pero el dolor de la infancia, la tiranía de Olga, cuando le temblaba la papada, es algo que parece atravesar el tiempo, que viaja al presente, como todos los dolores. De pronto, ahí están. Regresan.

-Esta es una novela sobre cómo el tiempo nos cambia. Y sobre cómo debemos luchar para que no nos cambie demasiado. En realidad, es una novela sobre cómo gestionar el pasado.

-Siempre se busca al autor entre sus personajes. Algo bastante absurdo, me parece. Pero bueno, tú reconoces que Marta se parece a ti. Y está el tema de la gastronomía, que sé que te encanta.

-Bueno, a Marta le presto muchas de las cosas que conozco de este oficio. Marta participa de mis dos pasiones: yo soy cocinitas (no cocinera) y escritora. Olga no tiene tanto que ver conmigo, pero he conocido a muchas así. No se entera de nada, por más que se empeña en saberlo todo.

-Y ahí está ese homenaje a tu editor italiano, como editor de las recetas de Marta.

-Hombre, sí. Mi editor italiano es adorable. Su mujer es muy conocida como autora de recetas en Italia. Y bueno, al final hay un homenaje a todo esto en mi libro. Pero es que a mí me encanta la historia de la gastronomía. Más que las recetas. Aunque también las recetas... Son irresistibles.

-El libro está lleno de humor. De Beatles. Y de quiromancia.

-Creo que las predicciones nos interesan mucho. Ahora está de moda la predicción meteorológica. Lo que pasa es que queremos saberlo todo de nuestro futuro. Y claro, no podemos.